Reflexionar sobre el presente histórico mientras uno lo acompaña con su propia existencia resulta tarea harto dificultosa. Más embarazoso aún es cavilar sobre la realidad, cuando un conglomerado mediático - simbólico que se ha expandido hacia límites insospechables, selecciona cada vez con mayor parcialidad las noticias que llegan de las distintas latitudes del planeta. Y mas que delicada se hace la meditación cuando desde hace décadas se ha impuesto la oscurantista idea de un porvenir globalizado bajo el impulso del progreso indefinido, donde el tándem progreso económico - democracia liberal – "human rights", aparece como la formula mágica para satisfacer las múltiples necesidades y expectativas humanas.
Sin embargo, las finamente tamizadas noticias que día tras día dan cuenta de un Medio Oriente agredido y convulsionado, y de un viejo continente europeo eternamente prisionero de su soberbia respecto a la situación del "mundo" musulmán, deben ser observadas cada vez con mayor atención y constituyen un verdadero desafío para que los iberoamericanos examinemos el paradigma civilizacional que impera en la porción del planeta a la que suele denominarse "occidente".
A pesar de los innumerables esfuerzos intelectivos de los cínicos de siempre y de los clásicos idiotas útiles, esa dinámica histórica tan lúcidamente analizada por el olvidado Saúl Taborda, da cuenta de los permanentes conflictos por el poder que se manifiestan ancestralmente en el ámbito de lo humano, y sigue mostrando sus aristas estructurales impidiendo cada vez con mayor tenacidad conservar el manto de opacidad de una globalización que intenta ocultar una realidad irrefutable.
Mas allá de los llamamientos a la paz y a la concordia de una engañosa estructura supranacional de post-guerra que bajo el espejismo del respeto a la diversidad, oculta similares intenciones que cualquier imperio anterior, la pretensión imperial contemporánea muestra cada vez con mayor patetismo su voracidad, su furia y su incomprensión.
Múltiples variables confluyen en esta escalada actual. A los clásicos intereses económicos y a la necesidad de obtener recursos estratégicos aunque sea apelando arcaica práctica de la "intervención directa", se le suma la ahora una particular pretensión que apunta a minimizar y -por qué no- arrasar con todo conato de espiritualidad.
Quienes ya sufrimos algunas de las consecuencias del un materialismo que promueve y potencia el mercadeo, sabemos que el hedonismo y el individualismo que se pregona han comenzado a generar una insatisfacción espiritual que se extiende como reguero de pólvora, no sólo en Medio Oriente sino también en nuestra propia Iberoamérica. La entronización del "ego" como fuerza impulsora de la humanidad, cuyo objetivo es terminar con el sentido de trascendencia, circunscribiendo nuestras vidas a la simple satisfacción de la materialidad, comienza así, cada vez con mayor nitidez, encontrar reacciones de toda índole.
Quienes entendemos que nuestra existencia no se limita a esa dinámica y sostenemos que la realización humana sólo se completa en un esquema armónico donde cuerpo y espíritu, materia y valores, se conjugan en un sentido de trascendencia, sabemos que dicha insatisfacción crecerá en una Iberoamérica que cultiva milenariamente esta asociación.
En lo que respecta al mundo islámico y mas allá de las características pluri raciales de su composición, resulta claro que las continuas agresiones que provienen de "occidente" están direccionadas claramente contra su propio ser. Lo que esta en juego aquí es la continuidad del "Ser". Los Musulmanes, en ese sentido, han encarado a su manera mecanismos de resistencia para preservar un "Ser" al que sólo ellos tienen derecho a modificar o -en su caso- renunciar. Un "Ser" que debe ser respetado en su ciencia y esencia, y sobre el cual ningún paradigma civilizacional tiene prerrogativas, salvo la hipótesis de una adopción voluntaria.
"Occidente", pretendidamente representado por perspicaces anglo –norteamericanos y por vieja y ajada Europa continental que marcha como furgón de cola, parece cada vez menos dispuesto a tolerar lo diferente, lo diverso (tal vez ya ni siquiera esté dispuesto soportar la idea de un Dios inmanente, asuma la fórmula que asuma). Y el liberalismo - ideología que parece impregnar conciencias y acciones-, mientras continúa pregonando valores como el reconocimiento, la comprensión, el respeto y la libertad, sólo desconoce, rechaza, ofende y esclaviza. Afirma promover la igualdad de oportunidades, mientras las aplasta. Propugna democracia, pero la reprime.
"Occidente", en estos días, a pesar de su perorata a favor a la tolerancia y la comprensión, no parece ni siquiera percibir en su integridad las consecuencias emergentes de la publicación de caricaturas ofensivas sobre Mahoma, y menos aún adoptar ante el hecho una postura coherente y unificada. Algunos se escudan en una contradictoria y maltratada "libertad de expresión". Otros, aprovechan las circunstancias para lanzar gritos de guerra. Pocos, se esfuerzan honestamente por acercar posiciones. Otros temen. La mayoría ignora o prefiere ignorar.
Tal vez los iberoamericanos, multígenos por origen y convicción, podamos en estos tiempos ofrecer una alternativa civilizada más justa, más ecuánime, más comprensiva, tolerante, y sobre todo, menos embustera (aunque ello implique replantearnos la ubicación dentro de un "occidente" que sólo expande masivamente hipocresía).
* Se permite la reproducción citando la fuente.09/02/2006.