En primera instancia, quiero expresar públicamente mi reconocimiento y el agradecimiento a los Familiares de Caídos en las Islas Malvinas, a la Asociación Bancaria y al Instituto Malvinas por la organización de este evento y por haberme invitado a él.
Estas reflexiones se van a concentrar en la relación que puede trazarse entre la gesta de Malvinas y la identidad nacional, hecho que me obliga en primera instancia, y en razón al tiempo que tengo asignado, a hacer brevísima referencia a la cuestión identitaria.
En un trabajo que publiqué hace unos años, y que denominé "Introducción a un ensayo sobre la identidad nacional", resalté la importancia que a mi criterio revisten para una sociedad multígena como la nuestra, todos aquellos componentes de alto valor identitario que nutren y componen nuestra identidad nacional, y denuncié además, algunos de los mecanismos y argumentos a los que suele apelar la intelligentzia vernácula para menoscabarlos o simplemente desconocerlos. Manifesté además que dicha identidad resulta componente estructural de nuestra nacionalidad y objeto central del pensamiento nacional.
La existencia y la relevancia de las cuestiones identitarias a nivel colectivo suelen ser cuestionadas desde amplios y destacados sectores de nuestras academias. Una de las principales razones de dicho cuestionamiento se vinculan a las tesis materialistas que encuentran el origen de las comunidades humanas en la simple expresión de una actitud volitiva del hombre que se manifiesta a partir de un contrato (idea de contrato social) y otras, que circunscriben la idea de nación o de identidad nacional a un ámbito superestructural opresivo. Ambas niegan la existencia o la virtualidad de los componentes identitarios.
Sobre estas dos visiones u otras alternativas vinculadas a las mismas, se asienta el mensaje que a través de los aparatos ideológicos de la educación se transmiten a las nuevas generaciones y que no hacen más que menoscabar ciertos aspectos (como la formación en valores), que deberían ser componentes indispensables para construir un destino de grandeza.
Para aquellos que reivindicamos el componente nacional, y concebimos a la nación como una entidad orgánica que se constituye a partir de procesos sociales que se manifiestan en el sustrato de cada comunidad y que se desarrollan a lo largo de su propio desarrollo evolutivo, la cuestión es radicalmente divergente. Nosotros sostenemos que la nación cobra existencia, se compone y se estructura, a partir de ciertos elementos y procesos de índole identitario como el pasado común, los valores, la lengua, las costumbres, los códigos de conducta compartidos, la memoria de lo ocurrido y vivido, elementos que se extienden mas allá de la simple manifestación de la voluntad, ya que presuponen la idea de una especie humana que se desarrolla necesariamente en forma colectiva. Concebimos así a la nación como un proceso social que en tanto proceso histórico, nunca determina una identidad "... integralmente definida ni definitiva..." (J.C.FILLOUX), es decir que admite la existencia de mutaciones en el devenir del tiempo, pero que a la vez se consolida en sus aspectos distintivos. Esta noción nación presupone, como enseña Fermín Chávez, una verdadera dimensión ontológica del término nación.
Desde la mentalidad tilinga o cipaya, suele recurrirse a diversos dispositivos para minimizar o menoscabar la potencia de los componentes citados precedentemente, los que como enseñaba Scalabrini Ortiz, resultan vitales en la composición de las sociedades de base multígena como la nuestra. Me refiero a la puesta en función de lo que Jaurtetche denominaría mecanismos autodenigratorios, verdaderos instrumentos aptos para menoscabar la potencia de la identidad colectiva (entre ellos las zonceras criollas).
De estos mecanismos puedo mencionar tres, aunque existen otros de alta significación y eficacia.
I.- La convicción expresa u oculta de ciertas disfuncionalidades que provendrían de nuestra herencia cultural o genética. Me refiero a la herencia prehispánica e ibérica que nutren, entre otras variables, a nuestra comunidad nacional.
II.- La recurrencia a la "comparación maliciosa", a partir de la cual se pretende que el individuo incorpore un mecanismo de "cotejo permanente" de elementos de inverosímil compulsión como los recursos naturales o históricos.
III.- El ocultamiento de la verdad histórica y del componente heroico.
Sobre los dos primeros, por una cuestión de tiempo, no puedo explayarme, pero pueden encontrárselos en prácticas y discursos cotidianos que tienden a ponderar las virtualidades de lo exógeno sobre lo endógeno, y que presuponen la vieja idea mitrista, de la necesidad de un repoblamiento con "razas y culturas aptas" para el desarrollo capitalista.
La epopeya de Malvinas, infortunadamente, ha caído bajo los efectos del tercer mecanismo, ya que bajo el manto de las reales circunstancias políticas en la que se operó la gesta (una dictadura militar), se ocultó y se menoscabó, tanto por derecha como por Izquierda, un aspecto sumamente relevante del conflicto: el componente heroico.
La gesta de Malvinas, cayó entonces prisionera de una destructora, disgregante y funesta geometría ideológica que lisa y llanamente suprimió dicho componente. Desde el liberalismo, se atribuyó a la tentativa de recuperación de las islas "el pecado mortal" de atentar contra la "madre patria de la civilización"", y desde la izquierda liberal, se la circunscribió a la exaltación de ciertos episodios, de por sí repudiables, vinculados a la necesidad de perpetración en el poder de la dictadura, a los criterios tácticos y estratégicos, a la corrupción y a la desidia. A todo ello se le agregó la cuota de sentimentalismo adolescente, tan bien representada en el film "Iluminados por el fuego".
La derrota bélica fue una realidad y la incapacidad y la traición de la conducción de las FFAA que llevó a capitular en forma deshonrosa un dato histórico que no admite discrepancias. Pero nada de ello obsta, en lo que a la gesta y a las circunstancias bélicas se refiere, a que puedan y deban, al momento de evaluar el comportamiento de nuestros compatriotas en una acción que desde el punto de vista reivindicatorio es justo, resaltarse innumerables episodios de heroísmo y de sacrificio patriótico.
En síntesis, por las circunstancias históricas, geopolíticas y geográficas que no puedo enunciar por razones de tiempo, el archipiélago es parte integrante de nuestra soberanía territorial y, en tanto, no solo deberá ser objeto de reclamo y reivindicación permanente hasta su definitiva recuperación, sino que además, deberá constituirse en componente estructural de los contenidos educativos sobre la base de dos tópicos: La reivindicación de nuestra soberanía y la exaltación del componente heroico de nuestros compatriotas. Ello sin perjuicio que, naturalmente, deban transmitirse las demás circunstancias políticas imperantes, por qué no, las defecciones y las traiciones.
Algunos representantes de lo que el amigo Duró denomina con acierto "pensamiento estúpido" (o por qué no cínico), niegan, como lo negaron en tiempos de Jauretche, la existencia de estos mecanismos autodenigratorios que contribuyeron a minusvalidar la gesta.
Ellos suelen sostener que tales mecanismos no existen, y que simplemente son el producto de ciertas tendencias conspirativo - paranoides que reinan en el pensamiento nacional.
Acto seguido, este paranoico les va a dar un ejemplo concreto de la puesta en práctica de dichos mecanismos. Los párrafos siguientes han sido extraídos en forma textual de un artículo publicado en marzo de 2004 en el periódico " la Nación " por uno de los conspicuos representantes de la intelligentzia portuaria, don Luis Alberto Romero.
Paso a la lectura:
" Sobre todo, debe recordarse que esos argumentos se refieren a territorios que durante mucho tiempo estuvieron despoblados. Hoy hay en ellos gente: hombres, mujeres y niños. Desde hace ciento setenta años ocupan esa porción de territorio que ellos llaman Falkland Islands y nosotros islas Malvinas. En buena doctrina democrática: ¿puede prescindirse de su opinión? ¿No es acaso el argumento decisivo? Ante un caso infinitamente más complicado -determinar si Alsacia y Lorena eran alemanas o francesas- Ernest Renan propuso que fueran sus habitantes quienes lo decidieran, mediante un plebiscito. Extendiendo el razonamiento, sólo cuando los habitantes de las islas decidan que prefieren integrarse al Estado argentino, las Malvinas serán argentinas. Nada peor, para eso, que haber querido conquistarlos por las armas. El crimen de los militares no fue perder la guerra sino hacerla.............
Y sigue Romero " Es posible apelar a otros temas en lugar de las Malvinas, convocar a la "causa nacional" contra el enemigo externo y arrasar de paso con las diferencias internas, las opiniones de los otros, el debate racional. Algunos ecos se escuchan en la manera de tratar la cuestión de la deuda externa, y no faltará quien se ilusione con otra plaza aclamante, olvidando que después del 2 de abril vino el 15 de junio. La vieja cultura nacionalista, propia de tiempos no democráticos, no ha sido completamente revisada. No es difícil hacer salir de la lámpara al enano nacionalista. Lo difícil es lograr que vuelva a ella ".
Las brujas no existen pero que las hay, las hay., y he aquí un ejemplo concreto de su existencia a partir de las macanas que emergen de la sesera de uno de los popes de la historia oficial.
Lamentablemente, debo concluir y no tengo tiempo de analizar los presupuestos de la parafernalia de Romero. Creo que el compañero Trejo las ha analizado con admirable precisión.
Simplemente les recomiendo que hagan el ejercicio de analizar cómo suele transmitirse desde los medios y desde las estructuras escolarizadas la gesta Malvinas, y sobre todo sobre cuáles ejes se hace hincapié en la formación de los alumnos.
Ocultar la verdad tiene como objetivo eliminar la existencia. Malvinas sucedió, y nuestra obligación patriótica debe orientarse a ratificar su existencia, su virtualidad y su permanencia en nuestras conciencias y en nuestras memorias, más allá que, las circunstancias políticas de la época hayan contribuido a empañar una gesta que, por su dignidad estructural no puede ni debe empañarse.
Muchas gracias.
* Se permite la reproducción citando la fuente.0712/2005.