Dos razones fundamentan la indubitable vigencia que mantiene el pensamiento forjista en estos días. La primera, la agudeza y lucidez de un cúmulo de aportes teóricos que han logrado trascender su propia existencia como agrupamiento político (entre 1935 y 1945). La segunda, la notoria similitud existente entre aquellos tiempos históricos y los nuestros.
Las contribuciones de la Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina (F.O.R.J.A.) a la literatura política argentina no se circunscriben a la mera descripción de los diferentes mecanismos coloniales que se consolidaron en nuestro país entre mediados de siglo XIX y la tercera década de siglo XX, sino que se extienden hacia formulaciones teóricas vinculadas - entre otras disciplinas - a la sociología, a la economía, a la historia, al derecho, a la geopolítica, a las ciencias de la educación y de la comunicación. Sólo basta con inmiscuirse en sus famosos cuadernillos, en los documentos y los diferentes textos publicados por sus integrantes, para dar cuenta de una producción intelectual que excede su propio tiempo, y que actualmente pueden brindarnos valiosas herramientas para el análisis de la realidad política local.
Así por ejemplo, sus reflexiones respecto a la dinámica y la estructura política de la época, pueden ayudarnos a evaluar y comprender la reciente coyuntura. Veamos de que forma:
F.O.R.J.A. comienza su labor en junio de 1935, período coincidente con la denominada "alvearización" del radicalismo. Dicho fenómeno consistió - a simples rasgos - en el abandono, por parte de los núcleos dirigentes de la Unión Cívica Radical, de la misión histórica que el agrupamiento había asumido desde su fundación. Alvear y sus acólitos lisa y llanamente, transformaron el movimiento que permitió una ampliación sustancial en la base de la legitimación política, en una estructura partidocrática decididamente funcional al sistema colonial consolidado luego del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930.
Dicha alvearización era visualizada por los forjistas como una desnacionalización del partido, es decir, como una suerte de "acoplamiento amigable" de la Unión Cívica a los mandatos del programa impuesto por una oligarquía local vinculada a intereses foráneos. Los forjistas, conscientes de un proceso que desnaturalizaba al partido ahora centenario y mediante un documento fechado en 1936, se plantean recuperar el radicalismo "... para el cumplimiento de su destino intransigente, reparador y revolucionario...", y además, para "...encauzar la voluntad radical de las masas en el sentido de la justicia social americana...".
Veamos entonces como describían algunos de sus integrantes a la clase política de la época, en especial, a la que conducía la U.C .R.
Arturo Jauretche, por ejemplo, en una famosa carta al Dr. Ábalos fechada el 9 de julio de 1942, sostenía entre otras consideraciones que "...El radicalismo ha perdido la bandera de la neutralidad yrigoyeniana, que le arrebata Castillo, por haber mezclado la defensa de nuestra democracia con la defensa de otras democracias que son tan enemigas nuestras como los mismos totalitarios, hasta el punto de que el general Justo, los comunistas, los socialistas, y los conservadores de Acción Argentina, dicen las mismas palabras que el radicalismo, desde que éste ha perdido su idioma propio. Se ha confundido la defensa de la soberanía del pueblo con la defensa de las instituciones en que se ampara el régimen para mantener esta "normalidad institucional" que ahora llaman democracia...".
Continuaba don Arturo sosteniendo que "... hoy no hay, por ejemplo, libertad de prensa, sino libertad de empresa y no me refiero a las limitaciones del estado de sitio. Cuanto más grande es un periódico más depende de los grupos financieros, y los mismos partidos tienen que ir de claudicación en claudicación, pues son los grupos financieros los que proporcionan recursos que obligan; el que no los acepta se coloca en inferioridad de condiciones. Aún en el seno mismo de los partidos, depende del periodismo manejado por la finanza, el prestigio personal; de manera que el nombre y la personalidad no la hace ni la conducta, ni la capacidad, sino el elogio de la tal prensa, pues aquél que pretenda tener conducta propia está condenado al silencio y a la difamación...".
Raúl Scalabrini Ortíz por su parte, narraba en aquellos días que: "La política, asentada sobre tan deleznables cimientos, se resolvía por arranques sentimentales sin confluencia alguna con los asuntos primordiales de interés general. Ningún partido presentó nunca una plataforma electoral en que las incomodidades colectivas se reflejaran y se planearan enmiendas. Un partido político sustituía a otro sin más variación que el desalojo de algunos dirigentes. Los enemigos se motejaban los unos a los otros, se ridiculizaban con apodos y hasta se herían con infames referencias a la vida privada. Las conveniencias de la nación quedaban al margen de las polémicas y de las discrepancias, como si su dirección hubiera estado directamente encomendadas a la divina providencia y no a los hombre de gobierno. La actividad preelectoral era un entrechocar discursivo y apasionado de animosidades y no un cotejo anticipado de doctrinas y orientaciones. Por eso la gran masa del pueblo asistía indiferente a esa mezquina lucha de sube y baja".
Tal como surge de sus escritos, los Forjistas tenían cabal noción de la desviación del sentido histórico del radicalismo a partir de la muerte de Yrigoyen. Se ha dicho con certeza que ellos constituyeron la última de las resistencias para evitar la desnaturalización del radicalismo. Es por ello que asumieron la tarea de desplegar la vieja bandera de don Hipólito "arriada por la actual dirección del radicalismo", y se dispusieron a cumplir el último mandato del jefe: ¡Empezar de nuevo!
Algunos autores, entre los que me incluyo, sostenemos la profunda similitud entre aquél proceso y el operado en el justicialismo durante la décadas del ´80 y ´90. De esta forma abonamos a la teoría que coloca a gran parte de la estructura partidocrática del peronismo en una situación equivalente a la acaecida en la Unión Cívica Radical en la etapa descripta. Queda para cada lector el ejercicio de establecer un paralelismo entre dicha transformación y lo acontecido con el justicialismo.
Cabe recordar por último que a la alvearización de la Unión Cívica Radical, F.O.R.J.A. le opuso una nueva doctrina basada en el retorno a un nacionalismo filiado en antiguas tradiciones federales de alto contenido popular, en la profunda convicción en un pensamiento auténticamente argentino, y en una intensa convicción antiimperialista. Cabe además evocar a modo de homenaje y a 70 años de la conformación de dicha agrupación - entre otros - a Homero Manzi, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ortíz Pereyra, Atilio García Mellid, Gabriel del Mazo, Guillermo y Carlos Maya, Francisco Capelli, Jorge del Río y Oscar Meana.
* Se permite la reproducción citando la fuente.29/08/2005