Las mañanas de Buenos Aires tienen el especial encanto de una ciudad que se despierta con la ilusión de aquellos que sueñan despiertos.
Esos instantes fantásticos que todos los días nos regala la Reina del Plata suelen ser perturbados cotidianamente por un murmullo sutil y a aveces pestilente que puede transformarlos, sino se adopta una especial estrategia de percepción, en una verdadera pesadilla. Me refiero a los susurros que fluyen de las lucrativas voces de los "profetas del bodrio".
La radio es una herramienta de comunicación con la cual suelo vincularme diariamente y que me permite, por sus peculiares características, acompañar otros menesteres matinales. Un café, cierta tostada ennegrecida por mi poca habilidad culinaria y quizás un cigarrillo, si los pulmones lo permiten, suelen entremezclarse en mis sentidos con las noticias diarias, algo de música, entrevistas y opiniones que recorren los más recónditos espacios de mi hogar irrumpiendo, inclusive, hasta en las instancias de mi más estricta intimidad.
Por esas inexplicables cuestiones de la costumbre, el dial de mi deteriorado radio - despertador se encuentra fijado en el 590 de la amplitud modulada correspondiente a la muy reconocida "radio Continental ". El segmento que dicho medio ofrece al aire por la mañana tiene como protagonistas a diversos comunicadores cuyas rutinas suelen ser alteradas por los vertiginosos e incomprensibles acontecimientos de nuestro actual devenir histórico.
En los últimos tiempos, más precisamente entre mediados del año pasado y el presente, se operaron en el ciclo matinal de la radioemisora ciertas mutaciones con respecto a los protagonistas y los formatos de sus programas.
Dichas alteraciones consistentes en la sustitución de periodistas, locutores y comentaristas nunca han sido explicadas a los oyentes quienes, a pesar de la sensación de integración que genera la emisora, solemos ser convidados de piedra en todos aquellos acontecimientos vinculados a las diferentes estrategias que adopta dicho medio.
Daniel López, Diego Valenzuela, Orlando Barone, Rolando Hanglin, Mario Mactas y Clara Mariño componen el actual equipo de "comunicadores" a quienes se les ha asignado la responsabilidad de velar por la veracidad de la información, que constituye o debería constituirse en el objetivo de cualquier medio de comunicación que se precie de serlo y, además, a quienes se les ha conferido la facultad para emitir comentarios de opinión sobre las diversas peripecias a las que nos tienen acostumbrados nuestros líderes y demás personajes destacados del "quehacer nacional".
Debo resaltar en principio que todo medio de comunicación posee una o más estrategias de comunicación cuyo objetivo apunta a incrementar el universo de sus destinatarios. Una de ellas presupone la adopción de determinados "perfiles" de profesionales con fin de procurar encarnar lo más acabadamente la diversidad de dicho universo.
El Sr. López, oriundo de Naon Provincia de Buenos Aires por ejemplo, personifica al típico hombre de "carrera periodística". Sus comentarios u opiniones, e inclusive el modo en formularlsus interrogatorios, se caracterizan por una nítida asepsia ideológica mechada con algún criterio de tendencia conservadora. Su contrapunto el Sr. Barone intenta, a partir de la formulación de consignas de cierto tinte progresista, aportar una visión diferenciada al conductor a partir de cavilaciones marcadas de una nítida propensión hacia la erudición.
Dicha sección se ve alterada habitualmente por una breve entrevista a cargo de la Sra. Mariño, reconocida en el ambiente como la discípula predilecta de Bernardo Neustadt y heredera del octogenario conductor en pensamiento, palabra, obra y omisión.
Valenzuela, por su parte, pretende posicionarse como el moderador de una perspicaz mesa de debate, donde se alternan distintos invitados entre profesionales de la ciencia económica, representantes de la intelligentzia local, encuestadores y algún que otro funcionario o dirigente político o social. El economista adopta allí un rol periodístico recurriendo a la ambigua estrategia del disfraz a partir de su presunta imparcialidad científica.
A partir de las 10 mañana asume la posta el Sr. Hanglin y su compañero inseparable Mr. Mactas. El otrora divulgador de la New Age vernácula adopta actualmente una línea ideológica neo-liberal en lo económico con ciertas tendencias progresistas en lo que hace a la amplitud sexual y el segundo, mediante una sinuosa gimnasia intelectual, suele montarse sobre la opinión de algún oyente "independiente y prudente" para desarrollar su propia línea editorial en la que se entremezclan opiniones funcionales al establishment con algunas aristas libertarias.
A partir de este colage de personajes se pretende producir el "efecto diversidad" que intenta abarcar un potencial universo de oyentes -target según la moderna denominación-. pero disfrazada de un manto de pluralidad, la táctica de la radioemisora claramente se constituye en una nítida herramienta del discurso oficial y funcional a la hegemonía que impera en nuestro país.
Veamos en que razones sustento tal afirmación:
Se ha afirmado con cierto grado de certeza que todo fenómeno social determina un proceso específico de producción de sentido en el discurso. Así, las condiciones sobre las que se asienta cierto orden económico determinan "tipos determinados de discurso" que resultan eficaces para la reproducción de dichas condiciones.
En otras palabras, la trama de intereses que sostiene a un determinado orden (material o económico) genera o condiciona la producción de ciertos "tipos de discurso" en el que podemos encontrar huellas de dicho entramado. Existe así una verdadera dimensión significante en ideas y conceptos que se vierten a través de las instancias retóricas, en las cuales pueden encontrarse vestigios de aquellas condiciones que las producen, pudiéndose demostrar por ejemplo, en determinado discurso de prensa, cómo dichas afirmaciones suelen acoplarse a la dinámica del poder.
El Sr. Hanglin, quien intercala en su diatriba diaria "grageas de optimismo" con reflexiones de un nivel apocalíptico que estremecerían al mismísimo Stephen King, se refería recientemente al contexto económico actual y recomendaba, cual maestro ciruela a sus inocentes "blancas palomitas" (oyentes), asimilarnos al "mundo moderno" que es sinónimo de "capital", "crédito", "dólares", "libertad sexual y de indumentaria", "cibernética", "nudismo", "cultura del trabajo", "salarios dignos". etc.
A partir de las huellas encontradas en su arenga se denota el claro sentido (intención) de persuadir al eventual escucha que un acuerdo con los organismos internacionales, y la aprobación de las leyes que los mismos reclaman, resulta condición necesaria para ingresar al ese "mundo moderno" cuyos beneficios pregona.
Valenzuela, recurriendo a un mecanismo discursivo menos sutil, la semana pasada comentó una noticia a partir de la cual una serie de ahorristas acompañados de sus letrados patrocinantes pretendían demandar a un conocido banco extranjero, aquí y en su sede de origen, la devolución de los fondos confiscados. Advirtió, luego, mediante un comentario precedido con esta frase "Ojo con esto" " que así "se pone en juego el capitalismo donde el envío de remesas de utilidades al exterior es legal". Una opinión de estas características no puede tener otra intencionalidad que señalar que el ejercicio legitimo de los derechos puede afectar el funcionamiento del sistema (sobretodo si los perjudicados son las entidades bancarias).
Mactas, por su parte, apela cotidianamente mediante el manejo de un exquisito lenguaje, a la necesidad de reducir el gasto público y otras tantas zonceras de este tipo que desde el establishment se promueven como panacea para todos los males que aquejan a nuestra sociedad.
De Clara Mariño poco puede decirse. Fue, es y será una vocera consecuente y comprometida con un régimen que tan eficazmente contribuyó a consolidar su progenitor. En ese sentido no hay disimulo posible; los entrevistados elegidos, el contenido de sus afirmaciones, los modos de formulación de las preguntas y sus opiniones, expresan nítidamente el orden material y simbólico que impera en nuestro país a partir de 1976 y, por ende, los intereses de un establishment local y extranjero que se ha beneficiado en estos años de latrocinio y saqueo.
Mediante estas simples reflexiones pretendo demostrar cómo algunas de las estrategias emergentes de los medios concentrados de comunicación, contribuyen denodadamente a sostener a un régimen que, a pesar de tanto esfuerzo, tiende indefectiblemente a desmoronarse.
Debe entonces prestarse especial atención a dichas maniobras, al sentido específico del discurso periodístico y a las actitudes de los voceros del régimen a los que habrá que oponerle un esquema argumentativo que contribuya a la construcción de un "nuevo orden" donde los intereses de la Nación y de los que habitamos en ella se encuentren debidamente protegidos.
Los nuevos profetas del bodrio están allí, "vivitos y coleando", y gozando además del prestigio que únicamente les otorga el "privilegio" de ser empleados funcionales de conjunto de medios de comunicación que, a partir del monopolio de la voz, nos privan a la mayoría de argentinos de transmitir nuestro cálido canto, desde la propia voz.