Luis Launay Pensamiento Nacional

Ud. es el visitante Nº 4657224

DESDE LAS CATACUMBAS Francisco José PestanhaPor/ Francisco José Pestanha"Las canciones de la tierra volverán a nutrirnos de savia auténtica y en la voz de las vidalas reconoceremos el arrullo de la urpila, despeñadora impenitente de las tardes, cuando se abren en colores pálidos las flores del cardón y reconoceremos en cada danza, en cada ritmo, un pedacito del paisaje agreste donde ponen adornos los algarrobos, donde adelantan cuchillos de espinas los vinales, donde corren y revientan los ríos para secarse luego, donde cantan las hachas mordiendo las carnes duras del quebracho, donde pastan las majadas, donde se clavan las puntas del arado, donde galopan los caballitos criollos, donde ladran perros inverosímiles, donde se sufre, se trabaja, se ama, se baila y se canta"... "Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre Argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo". HOMERO MANZI

Mientras un país se desploma entre la miseria, la humillación y la incertidumbre, mientras el castillo erigido a partir de la diatriba mendaz de especuladores y cipayos se desmorona ante el implacable rayo del sol pampeano, una nueva esperanza alumbra incandescente en el seno del alma argentina. Es el "subsuelo de la patria" que nuevamente comienza a sublevarse reavivando ese "cimiento básico de la nación" que más de una vez se asomó a la superficie en su "tosca desnudez original".

Mientras continúan anudándose sigilosamente espurios acuerdos urdidos a partir de una miserable estrategia defensiva de catorce consignas claudicantes; arrogantes economistas preparan la justificación teórica para una nueva fase del saqueo y los medios concentrados de comunicación planifican creativos impulsos simbólicos y estéticos para sostener un statu-quo a partir del cual obtienen jugosas ganancias, miles de argentinos comienzan a despertar de la oscura noche de la decadencia y a organizarse incipientemente, aunque todavía aturdidos por el espejismo de vacuas promesas que los invitaban engañosamente a ingresar al primer mundo.

En la región del fin del mundo se reedita así el proceso donde un pueblo comienza a mirarse en el espejo de su propia historia y a desmadejar, desde las catacumbas, el innumerable entramado de telarañas sobre el que se asentó un orden material y simbólico que garantizó el pillaje y latrocinio y entretejer, entre el sutil límite del sueño y la realidad, un futuro digno y autosuficiente.

Desde esas mismas catacumbas donde Dellepiane, Del Mazo, Scalabrini Ortíz, Manzi, Discépolo, Jauretche y otros tantos hijos de esta tierra escapaban a la persecución de un contubernio oligárquico que mediante todo tipo de artimañas los privaba de la voz y del voto, nuevas generaciones de compatriotas hastiados de una dirigencia que carece de todo tipo de ideales, de convicciones y de valores que los sujeten a un compromiso con el pueblo y con la nación, pugnan por reconstituir un país que se sabe pujante.

A medida que el establishment político y económico comprueba que se ha roto definitivamente la relación que los unía en dudosa legitimidad con sus electores, comienzan a gestarse a partir de micro–acontecimientos sociales y políticos nuevas formas de acumulación de poder popular, que surgen signadas por la necesaria recomposición de los lazos afectivos con lo propio que se requiere para construir una patria digna.

Mientras tanto el régimen, consciente de su debilidad estructural, multiplicará sus hipócritas mecanismos de censura y posteriormente recurrirá a viejas prácticas de persecución y de condena al ostracismo a todo aquel que intente cuestionarlo.

Los partidos políticos funcionales evitarán a toda costa la puesta en marcha de cualquier mecanismo democrático y participativo o diseñarán maniobras para sustituir la voluntad popular y se encerrarán progresivamente en nuevas conspiraciones para conservar los minusválidos espacios de gestión pública que han obtenido, producto de espurios mecanismos de distribución prebendaria.

Además insistirán con el determinismo histórico de la globalización apelando al falso temor que genera un posible aislamiento; recomendarán continuar con la política de sumisión vergonzosa a los organismos supranacionales del poder financiero y si es necesario, recurrirán a la fuerza para intentar disciplinar o administrar el descontento.

Pero el olfato y la razón histórica indican que un proceso inexorable se ha puesto en marcha y que en cada lugar de la patria, por recóndito que sea, comienza a fluir el oculto aroma del ceibo que suele perfumar al espíritu nacional cada vez que se despierta y que sabe además, del sacrificio que se requiere para la tarea de reconstrucción.

El pueblo argentino conoce de ofrendas. Ellas presuponen la existencia de un sentido; y para que éste exista debe operarse un oreamiento institucional generalizado. Salvo honrosas excepciones, ningún representante de la corporación política y empresarial podrá conducir un proceso de tal magnitud, ya que dicha misión sólo les cabe a los hombres libres de ataduras y coherentes en pensamiento y práctica.

El ser nacional resurgirá necesariamente desde las catacumbas. Desde aquellos sectores que han sido marginados por el régimen y donde lo nuestro, lo local y lo propio se ha resguardado como un tesoro preciado.

Desde las mismísimas catacumbas los argentinos nos iremos reapropiando lentamente del país, a pesar de las maquinaciones y las intrigas que los pretores proyecten desde los péstidos palacetes de la resignación y la entrega.