Luis Launay Pensamiento Nacional

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PESIMISTAS, ANÓMICOS, Y ALGO MÁS Francisco José PestanhaPor/ Francisco José Pestanha

El pesimismo es una inclinación que tiende a observar y a juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable; La anomia, un modo de conducta que implica desprecio o ausencia de sujeción a las normas; La pobreza, una condición material que refiere a la tendencia hacia la escasez.

Con la ayuda de estas tres definiciones, pretendo examinar brevemente algunos aspectos de la actual coyuntura por la que atraviesa la sociedad argentina.

Vulgarmente se suele recurrir a la noción de "sensación térmica" para intentar describir un determinado "estado de ánimo social". ¿Existe realmente tal estado de ánimo? ¿Resulta factible que una comunidad se conduzca a través de una suerte de espíritu colectivo?. Y, de ser así, ¿cómo se establecerá esa conectividad capaz de generar un estado social determinado a través de la articulación del estado de cada uno de sus componentes?

Lejos está de mi pretensión dar respuestas integrales a estos interrogantes. Simplemente intento mostrar la relación que existe entre una de las conductas sociales más típicas de nuestra sociedad, las condiciones materiales donde esta se desarrolla, y las consecuencias sobre las perspectivas de futuro que genera dicha relación.

La anomia como conducta social

Definimos a la anomia como desprecio o ausencia de sujeción a las normas. Transportada esta noción al ámbito de lo social, este tipo de conducta se manifiesta, por una parte, mediante el incumplimiento sistemático de las normas derivadas de determinado ordenamiento jurídico, y por la otra, a través de la carencia o el colapso continuo de los niveles de adhesión a determinado conglomerado de elementos socioculturales de orden simbólico.

En ambos sentidos, podemos afirmar que la Argentina es una sociedad que presenta una larga tradición anómica ya que, por un lado, existe multiplicidad de normas "vigentes" que son ignoradas sistemáticamente por el ciudadano medio y, por el otro, sobre todo en la presente etapa histórica, escasos niveles de adhesión - comunión, a valores y tradiciones.
La situación precedente se agrava aún más en las altas concentraciones urbanas, donde se han establecido verdaderas subculturas a través de mecanismo de ponderación a la evasión en el cumplimiento de las reglas. El neologismo "trucho", constituye un termino que suele representar este tipo de conducta.

Ahora bien, las normas jurídicas y o morales constituyen una de las herramientas que determinan la articulación social. Existe entonces un "valor social de la ley". La noción de ley unifica, establece una relación de pertenencia.

Cuando existe desprecio por dicho valor social, la comunidad se desarticula, se deshilvana. Similar función cumple la adhesión a las tradiciones (el sentido de conjunto de elementos histórico-culturales que determinan el sentido de pertenencia a una sociedad determinada). A menor adhesión, mayor atomización.

Condiciones materiales y conductas sociales.

La noción de condiciones materiales, nos remite a los niveles de satisfacción de las necesidades básicas en una sociedad determinada y, por tanto, a los de distribución del ingreso y de los recursos. Dichas condiciones varían a través de los diferentes procesos históricos.

Nuestra sociedad atraviesa una etapa de profundo deterioro en los niveles de ingresos, ya que el espejismo construido en las ultimas décadas por un puñado de "economistas" de tan dudosa independencia como transparencia, se ha diluido.

A través de medidas orientadas hacia la disminución de la inversión pública, la movilidad y flexibilidad en los regímenes laborales, y al subsidio publico para la inversión privada mediante asistencia fiscal y reducción de aportes patronales, se ha promovido una sistemática transferencia de recursos desde los sectores asalariados y productivos, hacia aquellos que detentan el capital concentrado.

La irresponsable privatización de empresas y sectores estratégicos del estado, así como la reformulación del sistema financiero, contribuyeron a potenciar dicha transferencia a través de la determinación, por una parte, de altísimas tarifas para la prestación de los servicios públicos (casi sin inversión genuina) y, por la otra, del establecimiento de un sistema bancario que practica la usura más encarnizada mediante la fijación de altísimas tasas de interés (en un país sin inflación y dolarizado, los intereses de las tarjetas de crédito suelen alcanzar al 49 por ciento anual).

Ahora bien, las condiciones materiales determinan a las conductas sociales y viceversa.
En el caso de la conducta que describíamos en el titulo anterior esta determinación se da en una relación directa. A mayor insatisfacción, menor pertenencia, mayor anomia.

La relación expuesta precedentemente nos muestra la poderosa vinculación que existe entre las condiciones materiales y las conductas sociales - y además - nos permite analizar las perspectivas a futuro, ya que el pesimismo generalizado resulta lógica consecuencia de la articulación entre otros factores de los que expusimos precedentemente.

El proceso de autoconocimiento implica una actividad netamente reflexiva. Requiere además un profundo diagnóstico sobre las propias fortalezas y debilidades.

A través de la historia el hombre recurrió a diversas técnicas que le permitieran meditar sobre sí mismo y las sociedades, a través de diferentes disciplinas, intentan desarrollar su propio proceso autocognitivo. La historia, la antropología, la sociología y ciertas ramas de la psicología, entre otras, constituyen las herramientas que contribuyen a ello.

En las etapas de crisis sin horizonte a la vista, resulta imprescindible que las comunidades desarrollen mecanismos que permitan a través del desarrollo de diversas formas de interacción, una adecuada comprensión de la situación para asumir en consecuencia conductas colectivas que permitan superarla. Una nueva simbiosis debe materializarse para recuperar el estado de autosatisfacción.

Llego la hora que los argentinos empecemos a reflexionar seriamente sobre nosotros mismos.