Luis Launay Pensamiento Nacional

Ud. es el visitante Nº 4660606

LA SOCIEDAD DE LOS IDIOTAS UTILES Francisco José PestanhaPor/ Francisco José PestanhaGran parte de los dirigentes políticos latinoamericanos, habiendo eliminado del discurso la existencia de estas relaciones, contribuyen cotidianamente a la consolidación de una hegemonía que pretende expandirse universalmente, muchas veces en detrimento de los intereses de las propias comunidades a las cuales pretenden representar.

Las relaciones de dominio, y por tanto de poder, se encuentran presentes en todos los ámbitos del universo conocido. Las sociedades humanas participan necesariamente de estas relaciones, las que además, se presentan como uno de sus elementos constitutivos. A pesar de los notables esfuerzos de los exponentes locales del mecenazgo intelectual por ocultarlo, los centros de poder internacional siguen permanentemente diseñando y ejecutando estrategias de dominación para sostener sus posiciones de privilegio. Gran parte de los dirigentes políticos latinoamericanos, habiendo eliminado del discurso la existencia de estas relaciones, contribuyen cotidianamente a la consolidación de una hegemonía que pretende expandirse universalmente, muchas veces en detrimento de los intereses de las propias comunidades a las cuales pretenden representar.

La cuestión de las relaciones de poder fue tratada en un trabajo que publiqué en este mismo mensuario en el mes de octubre del año pasado. A través del mismo, pretendí demostrar el profundo deterioro por el que atraviesan las relaciones de poder en la Argentina contemporánea.

Allí sostuve entre otras cuestiones, que "Las relaciones de interacción entre los individuos de la especie humana que se manifiestan en el interior de una sociedad determinada, se constituyen en relaciones sociales. Enmarcada en ese proceso, la política como arte de gobernar y conducir los destinos de una sociedad, y en tanto actividad, pone en juego la cuestión del poder. De las distintas acepciones de este término, recurriremos arbitrariamente a aquella que nos remite a cierta capacidad o potencia para inducir una acción. En ese sentido -y en tanto relación social- el poder se manifiesta mediante un entramado de acciones que inducen a otras acciones y, que se concatenan entre sí .

En esa breve reseña sobre la "microfísica del poder político en la Argentina", me circunscribí estrictamente a analizar cómo dichas relaciones actuaban en el interior de nuestra sociedad. Desde esa misma perspectiva teórica, pretendo hoy recurrir a un ejemplo paradigmático y actual, para examinar qué ocurre en el marco de las relaciones de poder internacionales.

Una de las noticias más significativas de estos últimos tiempos y que ha verdaderamente conmocionado a la " tilinguería mediática local", nos remite a la citación por ante a los estrados Judiciales del ex - presidente Carlos Saúl Menem en una causa por presunta venta ilegal de armas al exterior. Ciertos analistas, y siguiendo una muy particular línea de análisis, ya se aventuran a pronosticar su potencial procesamiento y posterior detención.

En respuesta a este requerimiento judicial, la mayoría de la dirigencia Justicialista en una patética demostración corporativa, se manifestó desde el Congreso de la Nación a través de un documento mediante el cual -entre otras cuestiones- se pretendió denunciar ante la opinión pública una supuesta "persecución política" de la que estarían siendo "víctimas inocentes" el ex mandatario y actual presidente de dicha organización partidaria, y otros ex - funcionarios.

Sin perjuicio que esta actitud en sí misma, constituyó -a mi criterio- una verdadera afrenta a la memoria de los miles de militantes que entregaron su vida y su libertad a la noble causa de la construcción de una Argentina justa, soberana y pujante, lo cierto es que un hecho político a través del cual se pretendió generar una demostración de fortaleza, terminó constituyéndose en uno de los espectáculos más representativos de la debilidad del campo político de los últimos años.

Así, la imagen del Peronismo "replegado y encerrado" en una de las instituciones mas cuestionadas y decadentes de la última década, contrasta necesariamente con la de un movimiento que nació en las calles, como expresión de lucha y rebeldía contra el orden social impuesto.

Pero más allá de un patetismo que, espero, sea archivado en los oscuros laberintos del olvido, lo cierto es que la circunstancia que un dirigente de las características de Menem, termine siendo "denostado y perseguido" por la misma estructura judicial que él contribuyó a consolidar, constituye un hecho en sí mismo que debe ser profundamente analizado desde lo "político".

Propongo entonces recurrir a una breve síntesis de la historia reciente para sustentar nuestra postura, solicitando disculpas a aquellos lectores que consideran reduccionista esta versión de los hechos

El período 1945 - 1975, nos inscribió en un mundo bipolar donde dos sistemas, con pretensiones hegemónicas globales y representados fundamentalmente por las naciones vencedoras de la segunda guerra mundial, se disputaron la supremacía.

A consecuencia de este nuevo orden internacional surgido del "acuerdo de los vencedores", y en el seno de diversas naciones sujetas y no partícipes de los términos de dicho acuerdo, comenzaron a surgir en todo el planeta movimientos políticos de diversa extracción, que a la vez de intentar establecer sociedades más igualitarias en el marco de autonomía en sus decisiones, cuestionaron la legitimidad misma de esta nueva división geopolítica internacional.

Mas allá que evidentemente en la misma génesis de dichos movimientos, intervinieron variables tácticas dirigidas por ambos sistemas en disputa, lo cierto es que estas expresiones de emergencia política en latinoamericana, se constituyeron en un verdadero estorbo para los intereses hegemónicos norteamericanos.

El peronismo en ese sentido, a través de la adopción de una dinámica claramente movimientista y abarcativa de la diversidad sociocultural existente en la Argentina de entonces, y mediante el fortalecimiento de una política industrial sustentada en un proceso de sustitución de las importaciones, se constituyó en una de las tentativas más representativas de esta disputa.

Ahora bien, a lo largo de la historia de la humanidad, encontramos en ella continuas e ininterrumpidas luchas por la dominación y la supremacía. En ese marco resulta fácil observar que una de las primeras herramientas a las que recurrieron las naciones dominantes para sostener sus posiciones, fue la de la represión o aplastamiento de todo tipo de insurgencias.

Así, la primera respuesta de la Casa Blanca a estas tentativas emergentes no se hizo esperar, y bajo el pretexto de preservar los "valores del mundo occidental y cristiano", se ejecutaron una serie de acciones estratégicas tendientes a sustentar política y financieramente las diversas experiencias dictatoriales lideradas principalmente por sectores importantes de las fuerzas armadas latinoamericanos, y cuyos principales cuadros "por casualidad", habían sido formados en la tristemente célebre "escuela de las Américas".

La brutalidad atroz con la que se llevó a cabo la represión, las protestas internacionales motorizadas por organizaciones humanitarias a nivel mundial, con mas los signos de un incipiente descontento popular, obligaron rápidamente al Departamento de Estado a modificar su estrategia y desprenderse, primero sutil y luego expresamente, de sus funcionales mercenarios. El mundo occidental se había transformado en un ámbito inhóspito a este tipo de maniobras.

Así, las dictaduras latinoamericanas en sus diversas versiones y sin el apoyo de sus progenitores, fueron lentamente hundiéndose en el oprobio, en la condena social, y muchos de los representantes mas conspicuos fueron sometidos a proceso judicial. El mundo occidental y cristiano fue entonces redimido, y sus salvadores, condenados.

Pero este cambio de estrategia, no se limitó exclusivamente a repudiar a las satrapías militares, si no que además, se extendió hasta fomentar activamente, sobre todo a partir de los primeros indicios de la caída del bloque comunista, la "solución democrática". A través de una serie de políticas activas hacia la región, "se incorporó a estas rebeldes y atrasadas naciones" a los valores hegemónicos de occidente a través de la consolidación definitiva de los principios "representativos y republicanos ". Salvadas las propias culpas por tanta sangre derramada, y en pos de garantizar los principios soberanos de occidente, nuevas democracias florecieron en América Latina.

Esta noble tarea tenía a la vez una cara oculta ya que mostraba sólo el aspecto cooperativo de la pretensión hegemónica. Debemos tener en cuenta que, en virtud de un antiguo principio que no figura en los tratados internacionales ni en los preceptos de derecho internacional publico, todo proceso hegemónico a nivel internacional se presenta sistemáticamente en una doble instancia cooperativa - extractiva.

Tomemos como ejemplo el caso argentino. Apoyada casi ingenuamente por una burguesía volátil, errática y poco arraigada a "lo nacional", y por sectores políticos complacientes, la faz extractiva se manifestó a través de la imposición de determinadas condiciones que garantizaran al capital financiero los mayores beneficios extraordinarios posibles en la presente etapa de desarrollo del capitalismo. Así, las privatizaciones de las empresas públicas y el desmantelamiento del estado, se constituyeron en herramientas predilectas para garantizar dichos beneficios. Ello, además, sustentado sobre un engañoso discurso que vinculó íntimamente "lo público con lo ineficaz".

La permeabilidad de los sectores medios a aceptar una "diatriba eficientista", contribuyó fundamentalmente a la consolidación de este proceso. Así afirmamos recientemente que "en el marco de la economía capitalista (las pequeñas burguesías en las sociedades) "son las que prevén, impulsan, promueven, proyectan, cuestionan, dirigen, crean y sancionan", constituyéndose así en un elemento sumamente dinámico y basal para la reproducción del sistema. Nuestra clase media ("medio pelo" según Jauretche) aparece en principio como consciente de ello. Obnubilada por la evolución cultural, social, y económica de las naciones desarrolladas, intenta sistemáticamente (aunque no siempre eficazmente) adoptar sus modelos.

En ese en ese orden de ideas además, sostuvimos que "esta tentativa constante de imitación persiste durante este siglo fundamentalmente orientada hacia Europa Occidental y posteriormente Estados Unidos (sobre todo a partir del New Deal). Motivada y seducida por las ventajas comparativas de pertenecer a una "civilización" en constante evolución, aporta a la sociedad en su conjunto -entre otros factores- la mayoría de cuadros dirigenciales en el ámbito de lo publico y privado, y contribuye sustancialmente a la formación de la intelligentzia local (ya que como sector participa con mayor cantidad de individuos, en la producción intelectual en nuestro país )" .

Pero además de ello, se requería una clase política ambiciosa y complaciente, que instrumentara los procesos de ajuste estructural recomendados por los foros internacionales funcionales a la estrategia hegemónica.

No voy a describir aquí, porque ya lo he hecho en numerosos trabajos, la metodología escandalosa y corrupta con la que se ha llevado a cabo el proceso de privatizaciones en nuestro país, ni el daño estructural e irreparable que han causado los procesos de ajuste a las economías de las naciones en desarrollo.

Simplemente pretendo hacer notar que la mayoría de los dirigentes políticos que representaron la "América del ajuste", y sus entornos más cercanos, sufren y/o comienzan a sufrir una serie de "castigos" que paradójicamente no responden estrictamente a la presión de una fuerte demanda social de ética, sino más bien, a un cambio de estrategia que tiende a preservar una determinada hegemonía.

En concordancia a lo expuesto precedentemente, se ha afirmado "que en países de reciente historia similar hay numerosos altos funcionarios y dos ex presidentes fugados y perseguidos por la justicia: el mejicano Carlos Salinas de Gortari y el peruano - japonés Alberto Fujimori; dos destituidos el venezolano Carlos Andrés Pérez y el brasileño Fernando Collor de Melo y otros tres presos; el filipino Joseph Estrada y los coreanos Chun Doo Wan y Roh Tae -Woo" . Igual suerte parece correr Carlos Menem, uno de los principales impulsores de los modelos neoliberales en América, quien ya siente los primeros indicios de un desamparo similar al que sufrieron sus colegas latinos y sus antecesores militares, por parte de los antiguos socios.

La alteración en la estrategia del Departamento de Estado, responde por una parte a la necesidad de preservar cuanto menos un sector emergente de clase política complaciente y funcional, y por la otra y ante la gravedad de la situación económica general, aparece además como una tentativa de salvamento de las débiles instituciones democráticas y, por ende, de su propio predominio en la región.

Por su parte, Domingo Cavallo, quien ha sufrido ya algún traspié en los foros mundiales, comienza a ser desamparado por sus patrones del establishment financiero local e internacional, y abandonado por varios de sus ex - socios representantes de la econocracia local, hecho que además, resulta claramente demostrativo un destino que puede alcanzar al núcleo de dirigentes políticos que durante la década pasada, prometieron a los argentinos un glorioso ingreso al primer mundo.

Intento concluir sosteniendo que a pesar de los constantes esfuerzos de presentar al mundo globalizado, como un universo netamente cooperativo, lo cierto es que a través de la aplicación de sutiles maniobras, las relaciones de dominio y de poder siguen claramente presentes en el ámbito de las relaciones internacionales, y que las naciones emergentes deben comenzar a diseñar modelos manifiestamente contra - hegemónicos con el fin de intentar obtener en sus sociedades mayores niveles de distribución de la renta a través de un crecimiento económico sostenido.

En ese sentido, no deja de ser llamativo el hecho de que, a pesar de los innumerables seminarios y encuentros internacionales con los que han sido premiados destacados representantes de una clase política que tambalea, el aspecto extractivo de las relaciones de dominio haya sido apartado de su discurso, ya que el sistema de relaciones de poder internacionales, en lo esencial, no ha sufrido grandes modificaciones por lo menos en el último milenio.

Podemos definir a la idiotez como un trastorno de las facultades mentales caracterizado por la deficiencia profunda de las capacidades intelectuales. Cuando a ella se le suman la ingenuidad y la soberbia, se produce una mezcla explosiva que puede conducir a una sociedad al limite mismo de su propia existencia