EDITORIAL DE DOMINGO 29 DE JUNIO DE 2008

 

 

Por: Jorge Rulli

No es este un momento de blancos y  negros, a pesar de la demagogia fácil y de la ayuda que le brindan a esos climas, algunas crispaciones reaccionarias.  No es un momento de blancos o negros, al menos en el campo del pensamiento. Elcampo del pensamiento es un campo diferente al otro campo, ese campo que unos reivindican sin merecerlo, porque arriendan a otros la tierra que poseen y porque se visten con ropa de campo para impresionarnos, una ropa que es la moda

paqueta en las nuevas ciudadelas de los sojeros de cuatro por cuatro. Ese campo, que otros se permitieron ignorar largamente, apoltronados en sus torres bizantinas de la gran ciudad y que ahora los obliga de hecho a cambiar el lenguaje y a proponerse abordar, conceptos tan extraños y exóticos a su vida urbana, como pooles, siembra directa, glifosato, monocultivos, semillas, alimentos, etc. Cientos de intelectuales se desmayan por el esfuerzo terrible de comprender qué esta pasando…Las regresiones así, se han generalizado y el camporismo se moviliza desde sus pasadas impotencias y desde las capas profundas de la cebolla que es este país de cuestiones no saldadas, y hasta vuelve a colocar sus estandartes en la Plaza de los dos Congresos: FAR y Montoneros son nuestros compañeros! Un escenario realmente cinematográfico. Estamos en medio de una guerra fantasmal, con banderas espectrales y enfrentando enemigos que inventamos. No estamos en medio de la historia dramática de la Argentina contemporánea, sino en medio de la más terrible y lamentable de las farsas… Tal como dice en joda mi amigo Pelusa, que maneja las claves del pensamiento vasco: para qué vamos a discutir el problema si lo podemos resolver a las piñas? Bueno, parece que en este país, lamentablemente, esas doctrinas han hecho escuela, aunque ahora las piñas se parezcan más a esos sonoros bofetones de los payasos en el circo. .

Pero, volvamos al campo del pensamiento para aclarar algunas cosas y vayamos luego al campo real o rural, ese mismo que está desapareciendo aceleradamente. El campo del pensamiento que debería ser un campo complejo, hoy es un monocultivo. Existen pocas ideas nuevas y las viejas se reusan, pero más por haber quedado pegados al pasado que por espíritu de reciclaje. En el campo del pensamiento  político, el glifosato también ha hecho estragos. El campo del pensamiento rinde culto a la agricultura industrial, a la escala y a la monotonía, y las solicitadas de los intelectuales nos dan pena… Llegaron a la cita tarde y además se equivocaron de lugar, no aciertan con el discurso adecuado, los viejos manuales de Marta Harnecker o de Georges Politzer con los que se formaron en los años sesenta y setenta, y seguramente muchos años de academicismo en los reinos de la franja morada, les marcaron esa pesadez intelectual que los muestra torpes y morosos frente a los acontecimientos. Así como durante años buscaron un sujeto capaz de ser el protagonista de la historia y lo hallaron en los piqueteros, ahora buscan y necesitan una clase enemiga y también la han encontrado, es la patética Sociedad Rural del siglo XXI.  Sí, el enemigo sería entonces, para ellos, una vez más, la sempiterna oligarquía vacuna… el problema del 'campo', con el gobierno es, nos dice el estudioso Eduardo Baualdo, entre otras cuestiones la expresión de la decisión tomada por el conjunto del gran capital en Argentina de terminar con el proceso de redistribución de la riqueza…

Desde muy antiguo la idea misma del conocimiento ha tenido diversas acepciones,  Parménides oponía la vía de la verdad a la vía de la opinión, y Platón a su vez, distinguía la doxa de la episteme. O sea que, mientras unos ponían el acento en “la opinión” que los griegos llamaban doxa, que refería a las creencias razonables, conocimientos aparentemente superficiales, aquellos que no ofrecían certezas absolutas, otros pensadores enfatizaban en cambio a la episteme que eran, aquellos conocimientos indubitables, supuestamente los verdaderos conocimiento de la realidad del mundo de las ideas. No son discusiones banales, algunos filósofos dicen que desde aquellos tiempos hasta el presente, en materia de filosofía, no se hicieron sino comentarios acerca de los grandes temas del pensamiento que aquellos filósofos expusieron. De hecho, las opiniones del común de las personas sobre la vida política se han terminando distanciando del pensamiento político y en especial académico. Nosotros mismos reiteradamente, hemos propuesto volver al sentido común, sentido común que, en cierta medida, podríamos asimilar a la antigua doxa de los griegos. Los movimientos populares abrevaron siempre en la tradición oral, en la sabiduría transmitida de una generación a otra, mientras las clases dominantes se hicieron fuertes en el pensamiento académico y en los instrumentos más fiables del conocimiento, entre los cuales contaríamos a la estadística. Los movimientos populares optaron siempre por las anécdotas cargadas de significados, la palabra anécdota proviene del griego inédito, de manera que carga un sentido de algo no oficializado o marginal. Las anécdotas han sido siempre, parientes cercana de la parábola y de la fábula, y se las puede equiparar a las narraciones y relatos que en épocas antiguas aportaban a que la sabiduría, la sabiduría y no el conocimiento, perdurara en el tiempo.

Ciertas formaciones políticas recibidas, nos conducen a que analicemos la realidad de tal manera, de hallar siempre una clase social a la que enfrentar. Esa formación nos obliga también a encontrar el sujeto necesario para el cambio. Si encontramos esa clase social enemiga las cosas se ordenan y sabemos contra quién estamos luchando. Si el poder de esa clase social se basa en la tenencia tradicional de la tierra, es evidente que la situación se aclara cada vez más, y nos resulta sencillo deducir que una posible solución gira en torno a algún tipo de reforma agraria que distribuya la tenencia de la tierra, socialice la renta agraria y genere nuevos sujetos que permitan construir una sociedad diferente. Este sería un pensamiento acabado y con una secuencia reconocible. Podríamos añadir que en esta mirada aplicada a la Argentina de la crisis del campo, entra perfectamente, la posibilidad de que el enfrentamiento con esa clase social implique, la amenaza de un golpe de Estado o al menos de una situación de riesgo para las instituciones..

Cuál sería el otro pensamiento, cuál sería la otra mirada que opondríamos desde la observación, desde el sentido común y el anecdotario que recogemos de nuestra propia experiencia de caminar la realidad y que mucho se parece a la antigua doxa? A lo largo de los últimos años, afirmamos que en los noventa, el traspaso de tierras de la Provincia de Buenos Aires había sido el mayor de su historia. También dijimos que nuevos actores aparecieron con un tipo de empresa gerencial adecuada a la agricultura industrial, y aunque confirmamos que estos agronegocios se insertaban en el viejo nicho histórico de la oligarquía, entendimos que eran otra cosa y que no se lo podía asimilar al pasado de manera alguna, si pretendíamos comprenderlo. Dijimos también que no importaba que los antiguos nombres patricios, estuviesen presentes en las nuevas sociedades, que desde ya dábamos por cierto que ninguna clase se suicidaba, pero que el reciclaje de la oligarquía en estas nuevas empresas para la agricultura industrial, implicaba una ruptura en la continuidad histórica de la vieja oligarquía vacuna pastoril y que era necesario advertir ese cambio para no equivocar el diagnóstico. Dijimos también que en todo caso la nueva oligarquía era el Agronegocio ligado a las corporaciones y que esa nueva plutocracia, que ya no sería propiamente una oligarquía, se hallaba absolutamente ligada a las políticas de Estado, políticas de las que es beneficiaria y a las que diseñó; así como ligada a las muchas instituciones del Estado a las que ha colonizado, tales como la SAGPYA, el INTA y el SENASA. En este modelo de pensamiento desde ya que no existe el riesgo de que se pongan en peligro las instituciones, en la medida en que el Agronegocio continúa siendo el modelo imperante de dominio y de explotación de los recursos, modelo que los diversos gobiernos de la democracia, a su vez parte de otra Corporación asociada y apropiada del Poder,  han venido aceptando, profundizando y naturalizando. Desde estas perspectivas, la crisis actual anuncia una reconfiguración del modelo y de las fuerzas actuantes, en la medida que el complejo aceitero y de Biocombustibles pone en riesgo y modifica, los equilibrios actuales de la Republiqueta Sojera. En esta mirada, es importante comprender cuál es el rol del país en los marcos de la Globalización, comprender la importancia de los modelos de las nuevas dependencias que determinan nuestras vidas, y comprender que la soja no es solo un sistema global, sino que es también, el instrumento de la nueva colonización.

Si proyectamos estas opiniones nuestras, no llegamos a la Reforma agraria clásica, ya que nos importa mucho más el uso que la tenencia de la tierra. En todo caso, llegaríamos a una legislación estricta de manejo del suelo, que supedite su tenencia al uso apropiado o que le fije el rol según una plan adecuado a las necesidades de los argentinos del mañana. El mismo Gustavo Grobocopatel, en algún reportaje ha dicho que ellos, los grandes sojeros, consiguieron democratizar la agricultura, porque ahora cualquiera la puede practicar, aunque no sepa cómo y aunque no viva en el campo, siempre que tenga el dinero y los contactos para entrar en los pooles o en el fideicomiso que ellos nos ofrecen. Esta idea de una agricultura no ya sin agricultores, sino una agricultura como empresa industrial a cielo abierto, es clave para comprender la ideología del Agronegocio que actualmente nos agobia. Las posturas de la izquierda clásica no están demasiado distantes de esa mirada supuestamente progresista. Las propuestas habituales de Reforma agraria, bajo el intento de socializar la tierra, en realidad lo que se proponen es ampliar la base social del modelo sojero sin intención alguna de repoblar el campo, ya que se sabe que no tendría sentido y hasta sería suicida, el hacer soja y vivir en la chacra con la familia.

Yo siento que estos debates a que nos obliga el amigo Verbitsky desde Página doce y el estudioso Basualdo desde su panel en la Biblioteca Nacional, en cierta medida han quedado saldados por los acontecimientos habidos en la última semana. Las acusaciones contra el complejo sojero aceitero y las Corporaciones exportadoras ha quedado probadas a partir de los debates en la Cámara de Diputados, las denuncias de la ONCA e inclusive los propios reconocimientos de los implicados respecto a que le cobraban al productor en concepto de retensiones, cantidades mucho mayores que las que luego se devolvían al Estado. El escándalo es realmente gigantesco y nos da razón cuando tendíamos a minimizar el conflicto, el papel de presunta oligarquía de la Sociedad Rural y además, ridiculizábamos el circo de la plaza de los dos congresos. Lo mismo ocurre con el informe que realizara la Secretaria de Ambiente, Romina Picolotti. Su exposición acerca de las consecuencias ambientales del modelo de la soja le proporciona un respaldo total a las denuncias que venimos realizando desde hace muchos años, respecto a que este modelo hipoteca el futuro de los argentinos. La soja no es un cultivo, la soja es un genocidio. Hace ya muchos años le dejamos por escrito al Procurador General de la Nación: Dr. Esteban Righi una carpeta en que la introducción, decía lo siguiente:

“La creciente expansión de los monocultivos de soja RR ha barrido con los cinturones verdes de morigeración de los impactos que rodeaban los pueblos. Estos corredores estaban generalmente constituidos por montes frutales, criaderos de animales pequeños, tambos y chacras de pequeños agricultores. Ahora los monocultivos llegan a las primeras calles de las localidades y las aerofumigaciones impactan en forma directa e inmisericorde sobre las poblaciones. Las máquinas fumigadoras se guardan y se lavan dentro de las zonas urbanas contraviniendo toda norma de prevención, los aerofumigadores suelen decolar de los aeroclubes de las propias localidades y cruzan los pueblos chorreando venenos cuando se dirigen o cuando retornan de sus objetivos, sin que la autoridad municipal lo impida. Los granos se almacenan por razones de comodidad de los sojeros, en enormes silos ubicados generalmente en zonas céntricas de los pueblos, y diseminan con el venteo de los granos partículas tóxicas que afectan el corazón de las pequeñas urbanizaciones. Caravanas de miles y miles de camiones cargados de porotos cruzan los pueblos ribereños hacia los puertos, dejando a su paso regueros de muerte en las poblaciones que viven a orillas de las rutas”.

“La agricultura industrial de la soja es sinónimo de desmontes, degradación de suelos, contaminación generalizada, degradación del medio, destrucción de la Biodiversidad y expulsión de poblaciones rurales. Sin embargo, puede haber consecuencias aún mucho más horrendas. Creemos haber descubierto a partir del caso de las madres del barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba, los elementos necesarios para confirmar una vasta operatoria de contaminación sobre miles de poblados pequeños y medianos de la Argentina. Se esta configurando una catástrofe sanitaria de envergadura tal, que nos motiva a imaginar un genocidio impulsado por las políticas de las grandes corporaciones y que solo los enormes intereses en juego y la sorprendente ignorancia de la clase política, logran mantener asordinado. El cáncer se ha convertido en una epidemia masiva y generalizada en miles y miles de localidades argentinas y el responsable es sin lugar a dudas el modelo rural”.

 

Jorge Eduardo Rulli
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