EDITORIAL DEL DOMINGO 17 DE AGOSTO DE 2008

 

 

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Por: Jorge Rulli

Hoy es 17 de agosto, se cumple un nuevo aniversario de la muerte del General San Martín,  nuestro prócer máximo y padre de la Patria. Alguna vez en medio de la campaña libertadora, San Martín llegó a comandar un Ejército que, como consecuencia de las luchas intestinas,

se quedó sin Gobierno que lo respaldara. No obstante, y pese a ello, logró proseguir la guerra emancipadora y cumplir sus objetivos.

En el marco de esa fecha y desde la realidad de una Argentina en crisis y bajo la amenaza de las calificadoras de riesgo, me permito dudar que, alguna vez, la guerra haya sido la continuidad de la política por otros medios… Es probable sin embargo, que hayan existido esos tiempos secuenciales, donde la guerra sucedía a la política, tal vez solo existieron en la cabeza de los hombres que los pensaron y, en ese caso, podríamos decir que al imaginarlos ellos y muchos otros creerles, y ver el mundo de ese modo, entonces sí, existieron, y esa secuencia de política y de guerra se sucedieron del modo en que se lo había pensado o imaginado. Pero ahora estamos en medio de la globalización, cuando no existen zonas centrales ni exteriores en las redes globales de Poder de las Corporaciones y cuando el concepto de soberanía y las fronteras se supeditan con generalizado consentimiento, a los intereses de los mercados internacionales y a la avidez por las fuentes de energía. Los conflictos permanentes a los que asistimos en diversos rincones del planeta, son como los chisporroteos repetidos de una guerra civil soterrada que brota por aquí o por allá, en los nuevos marcos de la soberanía global que ha impuesto el Imperio sobre el conjunto de los países. Guerras civiles, crueles, rápidas, siempre de exterminio, o de limpieza racial, con enorme dilapidación de energías e inmensa cantidad de sufrimiento para la población civil que ya no es considerada como tal y que es obligada a participar del conflicto; y se sienta o no parte de la confrontación, será el continente de un nuevo tipo de luchas sin cuartel y sin neutrales.

Decididamente, el Imperio no es el Imperialismo. El Imperio es Afganistán, es Irak, es Líbano, es Georgia, es la antigua Yugoslavia, es el G8 y la Organización Mundial de Comercio, los mercados globales, el endeudamiento exterior de nuestros países. Es también, esas fuerzas que configuran tantos, pero tantos escenarios catastróficos…. Es asimismo, esos jueguitos bélicos de computación con que se entretienen nuestros niños, en que una fuerza invade a un país ficticio, y es también, esas Olimpíadas en Beijín que tanto nos recuerdan las del año 39 en la Alemania nazi, es asimismo la indumentaria falsamente deportiva que esconde la pobreza, la comida chatarra que ingerimos, y el que se nos haya construido largamente esa mirada incapaz de ver las nuevas formas de la dependencia.

Pero ¿cómo ser capaces de comprender las nuevas formas de la dominación imperial, cuando seguimos sujetos a esquemas de pensamiento atados a la edad de la mecánica? Es como si nos paráramos en la época de Newton y pretendiéramos imaginar qué hacer frente a la propuesta de producir combustibles para los automóviles de Europa desde la agricultura de los países de la América del Sur… es como preguntarnos ¿qué haría Lenin frente al enfrentamiento entre el campo y el Gobierno? Lo malo de las ironías y de los comentarios a veces disparatados que acostumbro usar en mis editoriales es que suelo descubrir que siempre existen los que los toman en serio, y me escriben enojados… Me temo que en ambos casos que usé ahora de ejemplo, la respuesta sería categórica, y que personalmente no me gustaría escucharla… El tiempo  y los fracasos no han sucedido en vano. Para comprender, debemos ser capaces de engendrar nuevas miradas, miradas más abarcantes, que incorporen otras perspectivas, que intenten contener al otro y que sean capaces de revisar el origen y la proyección de aquello que pretendemos comprender.

La globalización y sus guerras devastadoras, la globalización y las doctrinas de shock que abren camino a la aceptación de las nuevas formas del dominio, de la producción y del consumo. Doctrinas que se basan en corrimientos financieros o golpes de mercado, en inflaciones descontroladas, en la combinación del desarraigo y del despoblamiento rural, con el desempleo urbano, son tanto o más devastadoras que las guerras mismas, y dejan tan aterrorizados a los pueblos, que los predisponen a consentir la políticas de privatizaciones, las políticas de libres mercados, las políticas de ajuste  y hasta de mano dura, establecidas a capricho desde el poder en base a una generalizado renuncia de la participación ciudadana. Todo eso lo hemos sufrido y todavía lo padecemos, y nos hace reflexionar en las posibles semejanzas de los nuevos conflictos bélicos de un mundo en crisis, con las permanentes crisis de nuestra vida democrática en conflicto. Nuestra pobre y devaluada democracia, no solo nació luego de una de esas guerras localizadas propias de la globalización, me refiero a la guerra del Atlántico sur, sino que está absolutamente encorsetada por los mecanismos internacionales de sometimiento y en especial por los pagos a la Deuda. 

Si no somos capaces de generar nuevas miradas, lo que hagamos, lo haremos a partir de las miradas que nos construyeron en las épocas en que fuimos jóvenes y luchábamos contra el imperialismo. No existían Seattle, ni Chiapas, ni los problemas del mundo campesino, ni los reclamos de los pueblos aborígenes, ni la crisis energética, ni sociedades fragmentadas, ni las torres gemelas, ni el deterioro de los Estados Nacionales que hoy padecemos, y menos aún la amenaza hegemónica de una China globalizada y generadora de marxismo de mercado y trabajo masivo de maquillas. Tampoco existían las amenazas horrorosas de la contaminación transgénica, ni el Cambio Climático y la inminencia de colapsos terribles de la vida sobre el Planeta. Entonces, cuando pretendemos persistir en los viejos programas, y cuando actuamos desde ellos, no hacemos sino fortalecer las encerronas. Estaríamos implementando en nombre de la liberación al imperialismo de los años setenta, el sometimiento a las Corporaciones en el siglo veintiuno. Devenimos cipayos, aunque cargados de buenas intenciones y de anacrónicos discursivos a favor de la distribución de la riqueza, del crecimiento, del producto bruto y de las exportaciones. 

Es el caso del Banco del Sur. Si no modificamos sustancialmente sus objetivos a favor de los desarrollos locales y de modos alternativos de producción y de consumo, en vez de ser una herramienta liberadora, habrá de convertirse en un nuevo factor de sometimiento. Fue penoso en estos días ver el modo en que esta Argentina colonizada por las Corporaciones, impresionó al Presidente del Ecuador con la Hidrovía Paraná Paraguay, a punto tal que el Presidente de un país que acaba de aprobar una Constitución que le reconoce derechos a la Naturaleza, habló de hacer otro engendro semejante en el territorio de la amazonía ecuatoriana. La empresa Cargill debe haber festejado una victoria que ni siquiera le obliga al más mínimo esfuerzo de marketing, ya los políticos nuestros han incorporado como propio el discurso de la empresa. Y a propósito de políticos y de empresas, estuvo en Buenos Aires nuestro viejo conocido Pepe Mugica. En la Cancillería nuestros funcionarios departieron larga y amistosamente con él, recordando las comunes peripecias de los años “revolucionarios” y los recuerdos carcelarios. Luego, el compañero Mugica, debió dar algunas conferencias y los comentarios siempre giraron en torno al pasado heroico de la guerrilla tupamara y a su vida personal modesta que, pareciera no haber modificado sustancialmente pese a sus nuevas responsabilidades en el destino del Uruguay…Su formidable incapacidad para comprender el mundo actual, no fue en ningún momento objeto del debate. Menos aún, la agresión que implican sus políticas a la vida de los pueblos entrerrianos. No podrían hallar las Corporaciones nadie que sea más funcional que Mugica a su plan de convertir el Uruguay en una enorme factoría de producción de pasta de papel, cuando no de sojas transgénicas. Las enormes corporaciones que subfacturan nuestras exportaciones de soja, triangulándolas impúdicamente con sus propias oficinas con sede en Montevideo, y transforman de esa manera casi mágica al Uruguay en el más importante productor agrícola y exportador de la América del Sur, seguramente también, respaldan la candidatura a presidente de nuestro compañero Pepe Mugica.

Mientras tanto, nuestros mandarines locales, debaten sesudamente sobre supuestos climas destituyentes, sobre nuevos y  antiguos textos, sobre la posibilidad de golpes sin sujetos, a la vez que sobre la posibilidad de nuevos sujetos de la historia, no previstos por las miradas del siglo diecinueve. Que los subleve la impugnación de la política como respuesta a la privatización de la política, me parece desmesurado. ¿Qué otra cosa esperaban que ocurriera? Me pareció desmesurado e inexacto asimismo, que en detrimento y menoscabo de los sectores medios que hicieron el 20 de diciembre, alguna vez pretendieran ver en los piqueteros a los continuadores históricos de la clase trabajadora peronista, cuando no eran capaces de comprender que, en realidad, eran tan solo los desempleados de la agricultura a la vez que los desarraigados por el modelo sojero. Ahora celebran la capacidad del lenguaje que, según parece es algo de su propia y exclusiva pertenencia, de aprender y circunscribir adecuadamente el flujo de la contingencia… ¿El flujo de la contingencia?... ¿Me estás cargando, mordisquito?  Pasaron diez años durante los cuales se instaló el modelo biotecnológico… diez años en que convirtieron gradualmente a la Argentina en un país laboratorio, un país único en el mundo en desarrollo de cultivos transgénicos y sin resistencia política de nadie destacado que, no fuese un puñado de audaces a los que ustedes y muchos más, invisibilizaron… pasaron diez años y mientras tanto, el debate más importante que ustedes generaron, fue sobre “bibliotecología”… y tuvieron a todo el país en vilo por una disputa menor, mientras el cáncer y las enfermedades terminales, consecuencias de los paquetes agrotóxicos, se expandían como una mancha por la población de las provincias sojeras.

Me imagino lo que están pensando. No, no los acuso por la implantación del modelo sojero, no, mordisquitos, los culpo tan solo por guardar silencio, ni siquiera por el menosprecio prolongado que nos tuvieron… No, eso ya no importa, en este país pareciera que el premio se lo lleva siempre el último que se descuelga, como en aquella oportunidad en que algunos se abrían del grosismo con una solicitada que empujaba el Chacho, y a último momento él decidió que debía permanecer dentro de lo que había. Animémonos y vayan, dijo el mosquito… Gracias a eso consiguió llegar a vicepresidente de la República… y a abrumar con su traición el ánimo maltrecho de una generación excepcional, pero sobre exigida. Pero, volvamos a estos debates y reflexiones sobre la situación de crisis. Las cosas cambiaron en las últimas semanas, y lo que decíamos hace diez años hoy lo dicen hasta los funcionarios. Lo que me molesta es que ahora cuando nos pronunciamos, se nos atribuya practicar ciertos ajusticiamientos informáticos, realizar juicios sumarísimos por las cadenas de emails y descalificar a los otros… por favor, mordisquitos… no exageren… no continúen sobreactuando. Hablaron hasta el cansancio de golpe de estado y de clima destituyente y lo único que hubo es impotencia, tozudez, los viejos artificios de inventar al enemigo, y ahora el ser derrotados por la propia sombra, como en aquellas películas mudas que veíamos después de la misa, con la entrada gratis por haber comulgado, en que el boxeador practicaba con su sombra sobre la pared, y en un momento dado ésta lo noqueaba y nosotros nos descostillábamos de risa... Si hasta el ONCA nos ha dado la razón y se comprobó que los exportadores se estaban llevando la torta, mientras los contendientes disputaban las migajas y ustedes hacían el circo. Es que todavía no lo comprendieron? Hermanito, ¿para qué te sirven tantos textos si no podes leer la realidad?

Vivimos en una Democracia de crisis, vivimos en el desfondamiento y en la inestabilidad. Tenemos que aprender a fluir con los acontecimientos y a pesar de ello, lograr mantener un rumbo firme respecto a la lucha emancipadora. Necesitamos un Proyecto Nacional y aún más todavía, necesitamos salir del modelo colonial. La Soja no es un cultivo más, La soja es esencial al sistema de la globalización y sembrarla es un crimen, aunque el productor sea obligado, porque a ello lo conducen las políticas de Estado. La soja mata, mata el suelo, mata la gente, mata los desarrollos locales, mata la cultura rural, la soja mata, sembrarla es un crimen, no comprenderlo es la consecuencia de compartir las miradas y los valores de la globalización.

Jorge Eduardo Rulli

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