EDITORIAL DEL DOMINGO 2 DE AGOSTO DE 2009

 

 

l

Por: Jorge Rulli

El sabio Gottfried Leibniz dijo alguna vez, a principios del siglo XVIII, que la política es el arte de lo posible. Juan Perón, en su obra Conducción Política del año 1952, añade que: La conducción política es todo un arte, y ese arte está regido por princi­pios, como todas las artes.

Si no tuviera principios no sería un arte, así como una ciencia que no tiene leyes tampoco es una ciencia. La diferencia que hay entre la ciencia y el arte consiste en que la ciencia se rige por leyes, leyes que dicen que a las mismas causas obedecen los mismos efectos, y el arte se rige por principios que son comunes en su enunciación, pero que son infinita­mente variables en su aplicación, y ahí está la dificultad del arte, porque el arte no presupone solamente la aplicación de leyes, sino también la aplica­ción de principios en los cuales la creación representa el ochenta por ciento del fenómeno, y la creación no es producto de una técnica. La creación es producto de una inspiración que los hombres tienen o no tienen”.

Cuando quienes conducen la política son incompetentes, resentidos, van detrás de sus propios intereses u olvidan el profundo sentido de patriotismo que deberían inspirar todas las acciones de gobierno, están olvidando los principios que rigen el arte de la política y están asegurando su próximo e inevitable fracaso. No todos han nacido para la conducción y menos aún se han formado para ejercerla, cultivando el método respectivo. Si los argentinos persistimos en olvidar las penosas experiencias de las que venimos, y nos empeñamos en confundir a hombres improvisados y venales como conductores, continuaremos tropezando en la misma piedra, a la vez que asegurando el fracaso de todo proyecto de cambio. Entiendo que es lo que nos está ocurriendo. No sólo se han olvidado hace mucho las banderas de Soberanía política e independencia económica, a las que ya ni siquiera se mencionan y que guiaran el resurgimiento de nuestro país en otras épocas, sino que, bajo la cobertura de miradas liberales y supuestamente progresistas, se enaltecen y promocionan, nuevas dependencias a tecnologías y modelos de exportación que, remachan las cadenas de la dependencia. Así, de esa manera, los convenios reservados con las corporaciones que atan a todas nuestras Universidades al interés de las empresas, o el próximo congreso forestal internacional que se promociona para el mes de octubre en Buenos Aires, y que, además de los flagelos de las sojas transgénicas y de la minería con cianuro, nos anticipa el arribo masivo de una nueva y terrible amenaza: la implantación masiva de árboles para madera y pasta de papel.

Cuando quienes conducen la política son incompetentes y han extraviado la brújula del pensamiento nacional, tenemos lo que ahora tenemos… Por ejemplo, cuando nos informamos por los medios, de las discusiones del gobierno con los diversos sectores del campo. De lo que menos se ha discutido o debatido en esas reuniones es acerca del campo o de políticas agrarias. En realidad la unidad de concepción no nos pertenece, pertenece a las grandes corporaciones que fijan nuestro destino como país y ambos contendientes sentados alrededor de la mesa de negociación, comparten en realidad, la misma visión del mundo y del modelo productivo. Por eso se discuten cantidades de dinero y no se discuten políticas. Las reuniones con el campo parecen reuniones de financistas, en que todos hablan de alimentos pero en realidad refieren únicamente a las cantidades y a los precios de esos alimentos, de las cifras que se deben pagar como retenciones y derechos, y que se restarán a las ganancias, y además, todos han aceptado que esos granos han sido transformados por la Globalización, en valores financieros cuyos precios en los mercados bursátiles juegan al albur de los especuladores, al igual que los bonos o las acciones de los bancos.

Pareciera que a pocos importan los paisajes trastornados por arrasamiento de los ecosistemas agrarios, paisajes arruinados por los nuevos monocultivos industriales; la práctica desaparición del bosque y del monte nativo, el levantamiento masivo de las escuelas rurales por falta de niños, la contaminación de los ríos y de las napas debido a la ingente cantidad de agrotóxicos en uso, la desaparición de poblados y pequeñas localidades en áreas rurales, la indiscriminada contaminación y los horribles impactos sobre las poblaciones, la multiplicación de nuevos cordones de miseria en todas las grandes urbes, en donde el cáncer se ha convertido en epidemia y la cantidad de niños nacidos deformes o con deficiencias físicas o intelectuales, nos aseguran un porvenir lleno de incertidumbre...

Cuando quienes conducen la política son incompetentes o han perdido la brújula del interés nacional, ocurre lo que ocurre ahora con la Mesa de Enlace. La vieja historia del monstruo del doctor Frankestein se repite y el engendro deja de responder a los fines para los que fue engendrado y comienza a pensar por sí mismo, criticando a unos y a otros e independizando sus propios intereses inmediatos de toda otra perspectiva. Lejos quedaron los tiempos en que la Sociedad Rural negociaba con Ibarra los cines del predio ferial de Palermo y en que Buzzi ambicionaba ocupar la subsecretaría de agricultura familiar que se le había prometido formalmente. Ahora el Frankestein está suelto y con él y la Mesa de Enlace, la profecía autocumplida de una intelectualidad progresista y estéril, que tan solo sabe anticipar desgracias y luego cumplimentarlas cuidadosamente.

En este año scalabriniano, que también podríamos denominar como el año del gran simulacro del pensamiento de Scalabrini, corresponde que pongamos algunas cosas en claro y que digamos cuáles podrían ser a nuestro buen entender, las líneas de ejecución y de gobierno necesarias para volver a retomar un camino y salir del actual atolladero. Antes que otra cosa, necesitamos comprender y aceptar que el modelo rural y la apropiación de nuestros bienes naturales se encuentra en la base de las actuales dependencias a las Corporaciones. También es preciso comprender que, la base de sustentación de este modelo de las nuevas dependencias es el Agronegocio, e incluyo las cadenas agroalimentarias, con su procesamiento industrial de los alimentos, la centralización de la comercialización, el supermercadismo y los monopolios de la comercialización. Necesitamos una estrategia que nos permita desmantelar paulatinamente este modelo sofocante y volver a permitir el flujo de las energías de nuestra gente para producir comida fresca y variada, además de generar desarrollos locales con autonomía y con Soberanía Alimentaria. Por eso insistimos en la necesidad de impulsar políticas municipales tales como la comercialización local de leche fresca, los mataderos municipales, la organización y habilitación de ferias y mercados en cada lugar, y el respaldo municipal a los emprendimientos locales, asegurando las zonas periféricas de las localidades que, según los antiguos catastros fueron pensadas y diseñadas para chacras y quintas, ahora de nuevo para generar criaderos, apiarios, cultivos variados y montes frutales que provean comida abundante a las poblaciones vecinas.

El modelo del Agronegocio en épocas de pos globalización se ha instalado fuertemente en el campo del pensamiento y de la investigación científica. La cabeza del proyecto de país dependiente se encuentra ahora en el Ministerio de ciencia y tecnología, también en organismos como las Universidades, el INTA, el SENASA, el CONICET, la CONABIA y la Secretaría de Agricultura. Aquí se requieren medidas muy fuertes de intervención del Estado, con modificaciones profundas de políticas estratégicas para cada sector, reemplazo de los cuadros técnicos cooptados por las empresas en detrimento de todo interés nacional, controles estrictos de habilitación de agrotóxicos y revisión rigurosa de los actualmente en uso, moratoria prolongada de nuevos organismos genéticamente modificados, supresión del sistema de aportes empresarios y corporativos a las Universidades y a los organismos de investigación, recuperación de políticas científicas que respondan al interés nacional y en especial, a las necesidades inmediatas de las poblaciones.

Si pretendemos hoy resolver la ausencia de políticas agrarias. necesitamos dos condiciones imprescindibles. Por una parte, necesitamos un Estado y organismos estatales competentes y que sean confiables para desarrollar estrategias en interés del país. Por otra, necesitamos la decisión de producir lo necesario para sustentar a la propia población, establecer zonas protegidas de producción de alimentos sanos y espacios de comercialización que posibiliten los intercambios, sin mayores traslados, sin intermediación y con autonomía. Todo debate sobre mercados externos, políticas de acopios, derechos de exportación, promoción de la industria aceitera y del biodiesel, nuevos precios para los lácteos y políticas de subsidios sobre la supuesta emergencia agropecuaria, tal como se llevan actualmente, no sirven sino para acentuar el modelo del Agronegocio y fortalecer los privilegios de los pooles sojeros, feedloteros, frigoríficos, acopiadores y exportadores. Los actuales debates son por lo demás, un escarnio para un pueblo empobrecido, en que la mayoría de los niños sufren desnutrición y en que el común sufre de sistemas inmunológicos arrasados por la ingesta de comida basura, los aditamentos químicos, los antibióticos y los disruptores hormonales que se permiten y promueven a todo lo largo de las cadenas alimentarias. En estas condiciones, todo debate es una farsa y toda convocatoria a los sectores comprometidos con la producción, solo sirve para profundizar el actual modelo de la dependencia y de la injusticia social.

Para terminar, y a propósito de que el señor Mario Blejer pareciera que, ha vuelto a ser hombre de consulta y asesor de las más altas esferas de gobierno, quiero recordar un último pensamiento de Perón en sus clases de conducción, pensamiento que pareciera que demasiados funcionarios e intelectuales ignoran, con gravísimo daño para el país que desgraciadamente pretenden conducir: en esta clase, se refiere Perón a “…las cuatro condiciones básicas de toda organización de métodos co­mo de sistemas. Y nos dice: Es la base de toda la acción: simple, objetiva, estable y perfecta. Si cumplimos esas cuatro condiciones, nuestro método, por simple que sea, por primario que parezca, será efectivo. Si no lo cumplimos, por ampu­loso, por grande y por científico que sea, nos llevará al fracaso.
En esto no hay que olvidarse la sentencia napoleónica, que es una de las co­sas más sabias que he oído atribuir a Napoleón. Preguntado por qué él siempre vencía a los generales austríacos, se limitó a decir: “Los generales austríacos sa­ben demasiadas cosas”. En esto, como decía también Martín Fierro, “el quid del hombre no está en aprender muchas cosas, sino en aprender cosas buenas”.

Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesurblog.blogspot.com/