considerar como real, desde abordajes presuntamente científicos. En verdad, estas construcciones están atadas a modos pertinaces de intentar dominar la Naturaleza. Esos pensamientos científicos recientes, nos dicen, todo lo contrario, que la materia es tan solo una manifestación de la energía, y que lo es en un mundo sumamente dinámico, un mundo que no parece referenciarse precisamente en las leyes de Newton que nos enseñaron. Esos pensamientos nos dicen asimismo, que los seres humanos no somos parte de la Naturaleza, sino que somos uno con ella, que somos uno con ella en un proceso de profunda ínter conectividad que trasciende toda concepción fragmentaria. Aun mas todavía, uno de estos científicos sugiere que la metáfora que mejor expresa a la naturaleza es la danza, la danza pero no los danzantes, y este pensamiento nos remite inevitablemente al modo en que los pueblos a lo largo de miles de años revivieron o reprodujeron en rituales cada uno a su manera pero de modo similar, la danza del Universo en torno al fuego protector que en la noche reemplazaba los rayos del Sol ausente. También, nos remite esa metáfora, a revisar las creencias arraigadas que el pensamiento occidental, la ciencia y sus instituciones, han establecido como bases mismas del pensamiento denominado científico y que continúan basadas en un orden mecánico, previsible y unidireccionado.
Lo que existe primariamente es la energía y la interrelación, sería la clave fundamental de la comprensión de la realidad. O sea, de nuevo se revalida el antiguo pensamiento de que nada nos es ajeno y que, en la Teoría del Caos se denomina como efecto mariposa. Esto refiere a la imagen de que el aletear lejano del ala de una mariposa en un lugar sumamente distante, podría producir cambios tan delicados en la atmósfera, que en el transcurso del tiempo podrían devenir en una sucesión dramática de eventos como podría llegar a ser un terrible terremoto en el otro extremo del Planeta. Lo que quiero expresar es que, en la realidad, como en la vida, prima siempre el caos, pero según ahora sabemos, por debajo del caos subyace un orden diferente al que imaginamos y cuyo sentido último, lamentablemente, se nos escapa. Pero sí sabemos, que ese orden subyacente, se basa fundamentalmente en las nociones de proceso y de ínter conectividad, y también sabemos que la biología, tanto como otros estudios acerca de los ecosistemas, trata de comprender esas complejidades que nos rodean. Lo que ahora no puedo dejar de preguntarme es, la relación entre esas interpretaciones científicas del mundo y de la realidad, con que he comenzado esta reflexión, y una agricultura tan brutal, tan disruptiva de los proceso evolutivos y tan desaprensiva frente a ellos y frente a la existencia misma de la vida en todas sus múltiples manifestaciones, que, con el solo propósito de aumentar los rindes y de ganar más dinero, no duda en arrasar agro ecosistemas y bienes tales como montes que a la Naturaleza le llevo millones de años generar, a la vez que provocar incontables victimas entre la sociedad civil, sembrando por doquier cáncer y malformaciones.
Me pregunto también, cómo poder comprender en ese marco científico a una Biotecnología basada en la desaprensiva manipulación genética de los organismos, que no vacila en cruzar alegremente las barreras que separan a los llamados reinos de la Naturaleza, y en el intrusamiento de la más intima caja negra de los organismos vivos, convencida que importan solo los danzantes y sin siquiera comprender el significado mismo de la danza. Volvemos de esa manera y a través de la biotecnología y más específicamente de la transgenia, a la vieja creencia de una realidad material formada por pequeños bloques significantes por sí mismos, volvemos al menosprecio de toda incertidumbre y a ignorar el valor de las relaciones y de la interconectividad. Retornamos de esa manera a los circuitos mas brutales del eurocentrismo del siglo diecinueve, a sus convicciones mágicas respecto a la idea de un progreso ilimitado, a la soberbia autista de ignorar otras miradas y otros abordajes, así como a la decisión de proseguir ese camino sin importar los costos ni los riesgos porque al científico moderno como al antiguo hechicero, lo justifican razones y atributos que no son de este mundo.
Cómo justificar sino en la mas dura visión empresarial, esos estudios universitarios que se permiten ignorar o desmerecer, la complejidad de la vida microbiológica del suelo, que imprimen en las mentes jóvenes de los alumnos la noción de que el suelo es un mero soporte y abandonan las prácticas tradicionales de la rotación de cultivos y las alternancias de agricultura con ganadería. Se forma a nuestros jóvenes ingenieros para una agricultura de insumos que tan solo favorece a las empresas del Agronegocio y se les niega el conocimiento de modelos productivos de procesos, que les permitirían ponerse en sintonía con las nuevas ciencias y con el modo de fluir de la energía, a la vez que devolver al pueblo en seguridad y soberanía alimentaria, los estudios que el Estado les brinda. Esos estudios agronómicos permanecidos en una visión antropocéntrica, superficial y reduccionista, son equivalentes a otras miradas que en variadas disciplinas, priorizan lo social por encima de toda comprensión profunda y se niegan a considerar el gran tema de lo nacional.
Hay sin embargo, en esta época de poscolonizaciones, algo muy nuevo y terrible en este retorno a los enclaves del viejo pensamiento colonial, lo terrible es que ahora no son ellos los que nos imponen ese pensamiento sino que somos nosotros los que lo hacemos nuestro, mejor dicho, nuestras dirigencias, nuestras izquierdas progresistas en el poder de los agro y de los petro negocios corporativos. No son de esa manera, ellos una parte de las Corporaciones, son ahora UNO con Monsanto y con Cargill. Como lo hiciera hace poco Lula, dando su batalla en Europa a favor de los biocombustibles y el corte de las naftas, ya no expandimos la Republiqueta sojera solamente hacia los países vecinos como hiciéramos hasta hace poco, sino que ponemos la bandera de corsarios en lo alto del mástil y salimos por el mundo cruzando mares, para colocar las biotecnologías en países tan lejanos como México y Argelia. En el caso de Brasil, resulta todavía mucho mas grosero y desvergonzado el avance masivo que realiza actualmente sobre la soberanía del Paraguay. Los brasiguayos han invadido no ya tan solo los territorios cercanos a las fronteras sino el centro mismo de Paraguay, donde la presencia de las empresas brasileñas encabezadas por Petrobras es innegable, y donde la tradicional cultura paraguayo guaraní es reemplazada crecientemente por el idioma y la música brasileña. La movilización del ejército brasileño en la frontera paraguaya se hizo claramente para respaldar a los sojeros y para defender la represa de Itaipú, y las declaraciones de los propios militares aventaron toda duda al respecto. Según ellos mismos manifestaron, no tendrían mayor inconveniente en penetrar en el territorio paraguayo para defender los propios intereses…frente a la amenaza campesina. Parece terrible que estas políticas subimperiales se produzcan durante el gobierno del primer presidente obrero del Brasil y que amenacen el protagonismo del obispo de la teología de la liberación que acaba de asumir el gobierno del Paraguay, pero estas son las nuevas realidades post globales y debemos poder reconocerlas para conseguir enfrentarlas. El viejo paradigma de los años setenta todavía vigente en el Paraguay tanto como aquí, en la Argentina, impide por ahora el dar curso a la energía de un natural nacionalismo que rechace la invasión brasileña del propio territorio y de la propia cultura. El discurso correcto todavía es el de visualizar al brasileño como sojero y enfrentarlo desde las perspectivas de las demandas sociales o campesinas. Desde ya que no negamos la justicia de esos reclamos, lo que nos entristece es que por quedarnos atados a los viejos paradigmas, extraviemos los caminos de la Emancipación nacional y no podamos aprovechar las oportunidades que se nos brindan para movilizar las energías de nuestros pueblos detrás de objetivos nacionales.
Jorge Eduardo Rulli
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