EDITORIAL DEL DOMINGO 14 DE JUNIO DE 2009

 

 

Por: Jorge Rulli

Perón, en un largo reportaje a Enrique Pavón Pereyra pocos meses antes de morir, expresó una sombría anticipación de lo que habría de significar la ruptura de ese proceso de los años setenta que trataba de conducir, en medio de tremendas dificultades y de una enorme incomprensión por parte de lo que en aquel entonces se llamó: el peronismo de izquierda. Le dijo Perón a

Pavón Pereyra: “Si llega a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar con el voto popular, los intereses del imperialismo y sus cipayos nativos...”
Lamentablemente, todavía no hemos podido contrariar esa anticipación de Perón y creo que, lamentablemente, cada nueva elección es como un torniquete que aprieta más y más la dependencia. Tuvimos una esperanza muy fuerte en el 2001 y 2002 de que aquel remezón tremendo de la bronca y de las movilizaciones callejeras, pudiese provocar con el desfondamiento generalizado de las instituciones, una situación nueva, que permitiera superar la profecía. Pero los mecanismos del poder se reconstituyeron, tomaron nuevas formas, más hábiles todavía, las demandas no supieron o no pudieron coagular en propuestas, la izquierda tradicional siempre absolutamente funcional al sistema, hizo pedazos a las asambleas, desvió los esfuerzos, ahuyentó al pueblo de las calles con sus consignas tremendistas, agotó las energías populares reclamando que la lucha continuara indefinidamente… Lo que imaginamos como el Pacha Kuti de los extensos sectores medios argentinos, ese momento anunciado por las antiguas memorias andinas como el tiempo en que todo se invierte, en que los últimos serán los primeros, tal como anticiparan alguna vez las palabras de los profetas, ese momento pasó como pasan los vientos y las tormentas, y tan solo dejó rescoldos en nuestra memoria y losas recordatorias de la sangre derramada en las calles de nuestras ciudades.
Reconozcamos de todas formas, que las circunstancias nacionales e internacionales fueron extremadamente complicadas y adversas. Aceptemos que la muerte de Perón y el golpe del 76 en la Argentina, no hicieron sino quitar alternativas al desarrollo internacional de los costados más espantosos del proceso de globalización. Tanto el Club de Roma organizado a partir de finales de los años sesenta, como la Comisión Trilateral, creada por David Rochefeller en julio de 1973, no tuvieron mayores resistencias para llevar adelante sus propuestas de un nuevo Capitalismo Global en que una buena parte de la población del mundo fue considerada meramente un sobrante del que era preciso deshacerse. Que sin embargo, abundan todavía los intelectuales y técnicos convenientemente descerebrados, que a contrapelo de esta historia y de las consecuencias genocidas de la llamada Revolución Verde en la agricultura, opinan  que la población actual del Planeta no podría ser abastecida de suficientes alimentos, sin agrotóxicos y sin las producciones a gran escala….
Los finales del siglo veinte y los inicios del siglo veintiuno, expresaron cambios profundos y sorprendentes, que se manifestaron en la constante reconfiguración del Capitalismo, en el nuevo y gigantesco rol de las Corporaciones transnacionales, en las relaciones políticas de los países y de su misma existencia como complejos culturales y nacionales según las antiguas tradiciones a las que estábamos acostumbrados. La caída del muro de Berlín, la implosión de la URSS, los cambios brutales en el Vaticano y sus nuevas orientaciones pastorales, la llamada crisis del petróleo y el endeudamiento masivo de los países periféricos, la hegemonía del poder financiero por sobre los otros poderes, el surgimiento de China como nueva mega potencia exportadora y las propuestas de un marxismo de mercado, los nuevos movimientos verdes en Europa y la aparición de una nueva izquierda más libertaria y que abjura de su herencia estalinista, la formación de la Unión Europea, la imposición de la Organización Mundial de Comercio, son imágenes rápidas que los argentinos vivimos con conciencia confusa y atrasada, como consecuencia de la enorme frustración de los años setenta y de la posterior represión,  por parte de la dictadura y la guerra de Malvinas.
Y llegamos adonde llegamos. Sin poder quebrantar todavía la profecía del General expuesta ante Pavón Pereyra, pero con un escenario que continúa renovándose de manera constante, tanto como nuestras esperanzas y las luchas de nuestros pueblos. A caballo entre los viejos y los nuevos paradigmas, un rosario de nuevos liderazgos surgen en América Latina y parecen reverdecer el sueño de Bolívar. Sin embargo, ya no hay blancos y negros, todo avance conlleva retrocesos, toda esperanza alguna pesadilla y pera peor, en esta época de enormes cambios planetarios y reconversiones ideológicas, en que conviene anteponer el pensamiento a la acción para no dar el paso equivocado, muchos de los supuestos avances no hacen sino profundizar los procesos terribles de la dependencia. Nuevos colonialismos se imponen sin que seamos capaces siquiera de advertirlos, hemos perdido la capacidad de leer interpretar la historia o acaso no hemos aprendido aún a interpretar los nuevos signos del poder transnacional que nos supedita a sus políticas y estrategias. La derecha se reconvierte en lo que fuera la izquierda, y se hace testimonial y bochinchera. La izquierda en cambio, se formaliza y se acostumbra a convivir con los nuevos poderes y a servirlos, tal como hiciera antes la derecha. Camadas de antiguos revolucionarios reconvertidos ahora en ejecutivos y funcionarios, emprolijan y adecentan los rasgos más brutales del capitalismo, nace la responsabilidad social empresarial, las máscaras verdes, las mesas redondas donde se sientan víctimas y victimarios de las cadenas de valor para consensuar políticas comunes y funcionales a las Corporaciones, se imponen en los discursos políticos las frases cortas y los pensamientos aún más que ramplones y entre nosotros los personajes como el Chacho, y las generaciones comprometidas con las antiguas luchas vuelven a soplar el rescoldo que les queda, vuelven a creer y alborozarse con la idea de volver, porque se sienten cansadas y antes de marcharse desean persuadirse que pueden hacer un balance positivo de tantas luchas y de tantos años.
Pero ya no somos los mismos, los años y las claudicaciones y en especial el continuar llamando derrota a los terribles fracasos de los años setenta, nos han cambiado sin que nos demos plena cuenta, los ardores de ayer se sofocan en nosotros como si les echáramos cenizas y ahora aplaudimos discursos presidenciales donde el espíritu central es el del fortalecimiento institucional, un fortalecimiento institucional que nunca se nos explica para qué servirá… hasta que descubrimos que se lo implementa sencillamente para fortalecer las políticas de Estado en Biotecnología, en minería con cianuro, en “traslado” de glaciares y en reconvertir la agricultura de haber sido un medio para producir comida para los argentinos, en producir combustible para los autos europeos. Pero tampoco nos rendimos a continuar creyendo un poquito aunque nos de un poco de vergüenza ser oficialistas, porque en el fondo nos gusta toda aquello que refiere al progreso y a la gran escala, y en verdad confundimos en un mismo proceso lineal a la birome con la biotecnología, y compramos cualquier cosa que refiera a lo que imaginamos empleo urbano y eso de la Biotecnología y que el mundo no nos comprende en nuestro empeño por hacer transgénicos y en venderle a los europeos lo que sus consumidores no quieren pero que les imponemos por la fuerza, le verdad es que no solo nos gusta sino que nos enorgullece...
Somos progresistas, somos recalcitrantemente progresistas, y la verdad es que no cualquier país eligió ser un laboratorio de Monsanto o acaso Monsanto nos eligió a nosotros, porque nacimos para hacer punta en lo que fuere y como alguna vez me dijo un funcionario, ahora con esto de las semillas genéticamente modificadas somos los réprobos en el contexto internacional, somos los últimos, pero cuando se de vuelta la tortilla seremos los primeros. Si, cuando se de vuelta la tortilla, algo así como el Pacha Kuti de Monsanto, la idea de abrazar el destino argentino a la suerte de la multinacional, ya que como dijo nuestro amigo Grobocopatel… ¿Cómo nos vamos a pelear con el que nos provee de tecnologías de punta? Monsanto es el amigo que necesitábamos, el que nos enseñó a poner en vereda a esos europeos que no querían transgénicos, el que invierte dinero para que nuestros hijos estudien en cada una de las Universidades argentinas y puedan luego viajar al exterior y dar conferencias sobre cómo solucionar el hambre del mundo….
Y al final, porque tal vez como en las novelas estemos cerca de un final, cuando todas las líneas que el autor trazó al comienzo de la obra inician un proceso de convergencia, comienzan a encontrarse y cuando nosotros comenzamos a presentir un desenlace… al final los adversarios de ayer se reconcilian y aprenden a trabajar juntos tal como alguna vez nos lo enseñó ese adelantado que fuera Rodolfo Galimberti, quien terminó de socio de Jorge Born, su antiguo rehén en el secuestro por dinero, mayor que se recuerde. También las numerosas empresas colectivizadas de la antigua URSS que fueron privatizadas y quedaron en manos de los altos funcionarios aportaron decisivamente al proceso de la Globalización. La conversión de la economía más grande del mundo controlada por el Estado, en una economía de mercado, se realizó mediante la liberalización y la privatización compulsiva. Este proceso de capitalismo salvaje que remodeló la sociedad comunista, hizo descender el nivel de vida de gran parte de la población de aquellos países, y la hundió en una extrema pobreza. El nuevo régimen ruso aportó de esa manera con sus nuevas Corporaciones, a un nuevo Capitalismo global basado en la comercialización de energías, en las guerras locales como la de Chechenia y otras, el hambre y la indigencia de las poblaciones, la extensión de la mafia y el crimen organizado, la trata y el sometimiento de los seres humanos.
En nuestro país, las relaciones entre la dictadura militar y el partido comunista no fueron nunca suficientemente investigadas. No me refiero tan sólo a la conducta de los hombres, sino en especial a los negocios internacionales y al destino de los capitales involucrados en las relaciones comerciales entre la URSS y la Argentina, así como al uso de los cuantiosos bienes del partido local. Es uno de los tantos temas de los que no se habla y me temo que estos silencios no sean casuales, buena parte de una nueva oligarquía increíblemente rapaz y prebendaria, provista además con discursos progresistas, proviene de aquellos turbios manejos suscitados por el desplome de la URSS y los negocios del viejo partido comunista argentino. Sus personeros hoy manejan empresas petroleras, grandes laboratorios, universidades que se abren a los convenios con empresas en los marcos de la nueva sociedad del conocimiento, y además de todo ello y muy especialmente, Biotecnología. En la proximidad del desenlace probable que seguramente alcanzaremos a ver, las empresas prebendarias de la dictadura militar, tanto como de la democracia, se modernizan y actualizan en el proyecto de país laboratorio de la biotecnología y de la producción de agrocombustibles, un nuevo esquema colonial que reúne memorias y discursos disímiles, que sin pudor alguno hace negocios sobre la sangre derramada, y frente al cual retomamos una vez más como tantas otras veces en la historia patria, los viejos sueños de una Argentina emancipada, con Soberanía alimentaria y justicia social.
Jorge Eduardo Rulli
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