A LIBERTARIO FERRARI
Salú, Salú, Libertario,
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le jugaste la precisa.
-(Era una banca tupida
de vivos y de pequeros
que laburaban de obreros
sin laburar en su vida)-.
Vos entraste, Libertario
con cara de punto al bardo,
y al verte, dijo Lombardo:
ya mordió el geite, lootario!
Y al argentino laburo,
entró a cargar con escombro...
¡Creyendo llevarte al hombro
te trabajaba de apuro!
En eso alzaste la mano
mostrando tus duros callos.
-¡A que a este palo está fallo,
le gritaste a Toledano!
me qué trabajo me hablás?
serás punto filipino,
pero a un obrero argentino,
Lombardo, no lo pasás.
Tu laburo proletario
no encuentra en mi tierra giles,
allá hay pequeros a miles,
y todos tienen prontuario.
Y si te pido los callos
es porque sos licenciado,
y sólo habrás trabajado
algún primero de Mayo,
buscándolo al inventor
del trabajo, que en su fuga,
ese día no la yuga
porque él es trabajador.
Salú, Salú, Libertario,
embajador sin camisa
que al congreso proletario
le pusiste la precisa.
¡Se acabaron los otarios!
Nada más por hoy.
Saludos y viva él.
Juan Fabriquero.
CABECITA NEGRA
Pajarito del campo
en la ciudad;
cabecita negra
¿cómo te va?
Como los marineros
fuera del puerto,
andarás boleado
al pisar el centro,
con los tranvías
y el subterráneo,
cabecita negra,
saltito y salto.
Cabecita negra
de las vidalas,
mucho cuidado,
la gente es mala.
Sos de Santiago,
sos de Corrientes,
¡mucho cuidado!
hay mala gente.
Mucho cuidado
con la tonada;
no sos polaco
ni yugoeslavo;
la gente ríe
si te oye el canto.
Tus moneditas
cuidalas bien;
aquí las pagan
pero las quitan.
La gente es pícara
y arma tramperas
con chucerías
a los del campo,
che cabecita.
Te gusta el baile,
te gusta el canto;
dale que dale
pero cuidado.
Como quien canta
dale al trabajo
aura que pagan
mejor que antes;
guarda en el nido
cuidá la cría,
ya que saliste
de mala vida.
(Aquí lo mismo
que allá en el campo
andan caranchos
rondando el nido).
Y si se ríen
por tus costumbres
o por tu canto,
no te sulfures,
que los polacos
y yugoeslavos
serán un día
pájaros gauchos
cuando se crucen
las nuevas crías.
Tal vez entonces
vuelvas al campo;
no habrá miserias
allí en el rancho
porque aura valen
mucho los brazos.
(Como valían
cuando una lanza
costaba un gaucho).
Cantá la vida,
pájaro gaucho,
ni con rencores
ni con envidias.
Cuidá tu canto,
tu canto humilde
no lo resignes;
echale azúcar
al mate amargo,
mas tu derecho
cantale alto
que sos un hombre,
che cabecita,
pájaro gaucho.
|