TRANSFIGURACION DE EVITA
Porque no ha muerto, vela en llama viva
de cera y miel, de cobre y amapola;
Eva nos vela, pero no de arriba,
de paz y guerra, en bando, se enarbola.
De un incensario lagrimal exuda
humo de consabido olor alerta,
nunca de silenciosa vela muda,
su cera es un panal que se despierta.
En el martirologio, Eva Perón,
como San Sebastián, en femenino,
ve pisar con el pie su corazón
-de tal eucaristía brotó vino-.
Para una estampa, para escapularios,
limos de soledad y de laurel,
arrasan con la suela los falsarios,
caminan por sus huesos y su piel.
Y cuando la golpean, transparente
su tierna esencia entre las flores danza
y un arcángel de Dios, le dice: siente,
oye y ve edificar otra esperanza.
Durante veinte años la golpearon.
¿Quién no trató de arriar el sol de Evita?,
dos décadas por ella elaboraron
la transfiguración más inaudita.
Y hoy está aquí con su calor de vida,
está con su color recuperado,
su mano de azucena renacida,
su voz de fanatismo enamorado.
Madrid, 16-IX-1971.
SILVA DE ANGUSTIA POR MI GENERAL
Yo no sé si tus manos de tormento
bastarán al secano
no lo sé General ni lo presiento.
Rasgaría el cemento
o un suelo coracero de pizarra
con vidrios de los llantos que alimento.
Cada mañana me desvela el grito
la nota sustentada
amputada en delito.
Cómo saltan los huesos de la fosa
y fluye el agua abajo acaparada
para sangrar y ensangrentar la rosa.
¿Compartirán mi lóbrega locura
aquellos que no sufren mi agonía
y beben sus licores y basura?,
que nada hemos logrado
y estamos muertos sin tus manos, muertos
de turbio sentimiento demorado.
Vago por unos campos de desierto
camino mis parcelas con espanto
de pisotear tus dedos en el huerto.
Ya no está lejos la estación caliente
de enero y de febrero
y todo sin tus manos, compañero.
Cómo quisiera develar la huesa
y tus nervios silentes
postrado sobre un campo de pobreza.
Elevaría por cada amargura
General del amor emancipado
mis huesos rotos por tu quebradura.
Juan Domingo Perón, nombre ferrado,
tanto silencio engaña
desde tus manos que han crucificado.
General de montaña
nos hemos descastado
en surcos de tristeza y de maraña.
¿Quién fue el degenerado,
quién el nacido de podrido esperma
que irrumpió en lo sagrado?
Muerte al falsario
al falsario le cabe muerte lenta
por sólo manosear tu relicario.
Ni la ley ni el proceso,
ni la inmundicia de la piedad ciega
se le otorgue al poseso.
Y ya el otoño llega,
luego el invierno.
Mi general de un llanto que va eterno
después de haber secado
las llagas de esta vida
sufres la peor de tanta cuanta herida.
15-11-1988
SOMOS LOS PERONISTAS
Somos los peronistas, compañero,
somos los mismos
de un enero a otro enero.
Cuando nos bautizaron, compañero,
aceptamos la cumbre y los abismos,
palomas, sierpes y hasta cancerbero.
Así fue, así será, che compañero,
nos triza el cretinismo
de algún aventurero.
Pero cuando la Marcha canta, compañero,
un chaparrón de cielo nos derrama,
impregna y nos define derrotero.
Y nos vamos andando
con o sin asidero
sin perdemos de vista, compañero.
Arrasados, quemados,
hundidos y faenados, compañero,
no fuimos derrotados.
El nombre de Perón es quien nos cubre
en la defInición del mes de octubre.
Y por los socavones del misterio
ya nuestro pueblo entero
es heráldica en todo el hemisferio.
Había una mujer, era una hermana.
Todavía está aquí, la presentimos.
Eva Perón cuya presencia emana
donde debimos ir, adonde fuimos;
cometimos errores
también nos confundimos.
Aún vendrán sitios peores.
Si la luz de la Evita perseguimos
seremos peronistas triunfadores.
De un enero a otro enero
por la gloria de Cristo, compañero.
Diciembre 1992. |