DÍA DE LA RAZA  

Por/ Oscar Denovi
     Por inspiración de don Hipólito Yrigoyen --en 1917--, el día 12 de octubre es el día en que celebramos no sólo el descubrimiento de América, sino el hecho de nuestra pertenencia original a la cultura, el idioma y la religión que transmitió España, amalgamándose con no pocas creencias y conductas de los pueblos o parcialidades tribales existentes en la geografía que los españoles ocuparon.

     Lejos de ser en nuestros días un motivo festivo, tal acontecer se ha transformado para muchos en un día nefasto, sosteniendo quienes así se manifiestan que en ese día comenzó un proceso de usurpación, de genocidio, etc.

     Vamos a eludir por un momento la discusión sobre el acierto de esta calificación, para abocarnos a lo que nos lleva o pretende llevarnos tal postura frente al destino comunitario que compone nuestro futuro.

     Desde el punto de vista conjetural, el continente estaba destinado a ser descubierto. La lógica del desenvolvimiento del proceso de expansión de la humanidad del mundo conocido de entonces, donde Europa llevaba la delantera en materia de la aventura del conocimiento geográfico y de las técnicas apropiadas para revelarlo, señala que España u otra nación europea, Portugal, por caso, Holanda o Inglaterra, más tarde o más temprano, llegarían a esta parte del globo terrestre. Difícilmente, en cambio, se produjese lo inverso.

     Ninguna de las civilizaciones americanas más avanzadas tuvo un desenvolvimiento marítimo y un conocimiento geográfico equiparable al europeo o asiático y, más bien, dado el proceso de ocupación de su propia geografía pendiente de grandes empresas de expansión, la vocación en ese plano demandaría mucho tiempo --probablemente siglos-- en despertarse. De modo que es absolutamente descartable la expansión geográfica desde América hacia Europa o hacia cualquier otro continente, aun el colindante en el Norte por el estrecho de Bering.

     Este punto de vista es inexcusable de ser planteado para eliminar la perspectiva --absolutamente falsa-- de la posibilidad de que las civilizaciones americanas hubieran podido desenvolverse sin perturbaciones provenientes de otra latitudes. El descubrimiento de América fue un hecho que, inexorablemente, ocurriría y las civilizaciones americanas se habrían de ver, inexorablemente, envueltas en un proceso de aculturación que podría haber sido distinto, pero que de todas maneras habría provocado el nacimiento de una nueva cultura y nuevas creencias, distintas de las existentes antes de la puesta en contacto de las nativas con las nuevas de los invasores.

     Con América ocurrió lo que ya había ocurrido en otras latitudes y en otros tiempos históricos. En Europa, el movimiento de los pueblos trajo el desplazamiento de unos por otros antes de nuestra era. Los hiperbóreos fueron desplazados de su dominio, en lo que es hoy Inglaterra, por pueblos que venían del continente. Más adelante, otras invasiones, como la de los normandos, generaron otro proceso semejante. En el 400 de nuestra era, el movimiento de los pueblos germánicos empujados por pueblos asiáticos provocó la germanización de vastas regiones de Europa. Visigodos, godos, alanos, vándalos, francos y muchos otros modificaron el mapa etnológico de Europa. América, mil años después, sufre el mismo proceso, con resultados distintos en algunos aspectos, producto del disímil tiempo histórico.

     Se trató de un fenómeno en el marco de la dinámica de transformación de la humanidad y, más allá de las conjeturas, el cambio, que no fue santo, pero tampoco demoníaco, tuvo las características de humanidad acorde con el grado de desarrollo alcanzado por el desarrollo humano de invasores e invadidos. Hubo abusos, saqueo, violación, reducción a la esclavitud, pero también generosa entrega, aporte material, amor entre vencedores y vencidos (mestizaje) y liberación de pueblos oprimidos. Quizás más de lo primero que de lo segundo. Pero hubo ambas cosas, inevitables en todo proceso de conquista, desde tiempos remotos hasta la actualidad. Y corresponde su juzgamiento con los ojos y la sapiencia propia de la época en que se produjo el hecho, y no con la de época posterior. Porque la mentalidad dominante en el momento en que se producen los hechos es la que echa luz o sombras para cometer el delito, o la acción legítima no es la de antes o después, cuya formación carece de datos por ser anterior, o excede en experiencia para ser encorsetada en un tiempo anterior.

     Pero, en otro ángulo de análisis de este problema, quienes sostienen posiciones críticas sobre la conquista se refieren a la realidad social americana anterior al descubrimiento, como una sociedad idílica donde no hubieran existido los fenómenos de conquista, sometimiento, dominación, esclavitud o reducción servil, propio --hasta donde sabemos-- de todo proceso de coexistencia de civilizaciones, como lo demuestra la historia, y hasta lo hacen la antropología y la arqueología en las reconstrucciones históricas pretéritas a la escritura.

     Lejos de tal ignorancia de esa situación, la existencia de las civilizaciones americanas en su recorrido cronológico demuestra las sucesivas superposiciones de conquista que se dieron, a título de ejemplo, en la civilización azteca y en la incaica, y que se reproducen tanto al Norte como al Sur de las respectivas geografías ocupadas por dichas civilizaciones.

     De modo, pues, que la perspectiva crítica de la conquista se apoya sobre bases falsas.

     ¿Cuál es el fin de esto? ¿Cómo nace esta amañada historia?

     Hay ejemplos concretos de la injerencia anglosajona en esto, en el pasado, proveniente de Inglaterra y más tarde de los Estados Unidos.

     Comprensible como arma política en época de rivalidades que se disputaban el dominio de América Central y del Sur, hoy no parece ser un elemento central en el juego de dominación desplegado hacia este continente, pero, si no lo es, no deja de ser un arma, aunque no la principal.

     Importa reflexionar, de todos modos, a quién perjudica y a quién beneficia este renegar del pasado, esta pretensión de volver atrás como una película pasada al revés, la historia del continente y la reivindicación del mosaico étnico, cultural y religioso anterior a la llegada de los españoles a América.

     ¿Acaso es posible restaurar la situación anterior a 1492? Si esto fuese posible desde alguna ficción, ¿no significaría un fraccionamiento mayor de las realidades americanas y, consecuentemente, una facilidad adicional a la dominación ejercida sobre las naciones de esta tierra?

     Esto no supone, resuelto el enigma a favor de la resultante de la conquista, absolver a los conquistadores en todo lo hecho, sino asumir la historia como lo que es: una hipóstasis del pasado cuyo remedio está en el futuro, pero en la que jamás ese remedio consiste en un salto atrás y en el falseamiento, en la exageración, en la distorsión de los hechos, hacia uno u otro lado.

     Sin duda, la historia la escriben los vencedores, y en América los vencedores fueron los conquistadores. Hay, pues, una enorme tarea de revisión y corroboración, pero es una tarea para investigadores dispuestos a revelar lo que arroje la investigación; de modo alguno los que buscan un objeto prefijado que se "encuentra" a cualquier costo y para el que no vale la pena investigación alguna, pues su resultado ya está dado sin mover un papel, sin remover una piedra.

     Oscar Denovi es politólogo y secretario general del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.