CARTA DE UN MILITANTE A OTRO  

Por/ Daniel Caminos 

Yo sé que cuando se acerca esta fecha, quizás estás solo escuchando la radio y si por ahí aisladamente se hace referencia a aquella lucha, se te queda el mate en la garganta, se te eriza la piel, las lágrimas ganan el espacio de tus ojos y vomitás (sí, vomitás porque te sale de las vísceras) un ¡Patria o muerte, viva Perón carajo!. Después te quedás mascullando bronca, impotencia, desesperación, mientras centenares de secuencias fotográficas se agolpan vertiginosas en los laberintos de tu memoria.

Yo sé que marchaste cientos, miles de cuadras bajo el agua bendita que llegaba desde arriba, como llanto derramado por el gozo y alegría de quiénes desde el cielo te miraban después de entregar su vida, y soñaron en su último suspiro con la hora imaginada que vos estabas viviendo: El retorno del General.

Yo sé que cuando emprendiste aquella marcha te despediste de tu vieja con un beso en la frente y dejaste a tu hijo durmiendo en su cuna, lo miraste, le acariciaste la cabeza, sabiendo que podía ser la última vez, porque tenías la convicción de que si eso pasaba, era porque le querías dejar un país mejor.

Yo sé que cuando saliste de tu casa y te aferraste a la mano de tu compañera para emprender juntos el camino, se miraron profundamente a los ojos y con esa mirada, se dijeron todas esas cosas que sólo con el silencio se pueden expresar, así partieron, con tu bastón de mariscal en la mochila y la consigna de tu Eterna Abanderada: "Sólo los fanáticos de amor por una causa son capaces de morir por su ideal".

Yo sé que estés donde estés y seas quien seas ya nos vamos a juntar, porque pensamos igual; que aunque en el '72 yo iba al jardín de infantes y me quedé en aquella cuna, realizaremos de nuevo tu epopeya, invocando el espíritu de los militantes que ya no están, porque tenemos que hablar de tantas cosas, compañero del alma, Compañero.

Daniel Alberto Caminos Santos Lugares, noviembre 17 de 2003