DIECISIETE   

Por/ Daniel Alberto Caminos

Un día de octubre del '45 se sublevó desde diversos subsuelos de la patria una multitud. Huestes descamisadas de alpargatas no y libros tampoco, como volviendo de gestas ya lejanas, emergieron de las entrañas de nuestra tierra trayendo el amor y el coraje que en ella yacía por la sangre derramada de quienes la habían regado defendiendo las banderas de Facundo, el Chacho y el Restaurador.

Infinitamente diseminados en las calles, como estrellas en el firmamento, lograron en la noche por un instante que aquellas desde el cielo, celosas, los miraran pasar, viendo como un rayo misterioso haría un nido para siempre en esta parte del continente.

Mientras tanto, aquel Hombre, pletórico de emoción, les tributaba su incondicional agradecimiento eligiendo ser el Primer Trabajador; resignando las palmas de General en el pecho de su uniforme.

En el medio de esa multitud había una estrella, la más brillante, el lucero del atardecer, la diosa abanderada del Olimpo descamisado, que nos dejó su Nombre eternamente para que lo llevemos enarbolado como bandera a la Victoria.

Pero como contra todo gran acontecer humano, se cernían las nubes del odio, el odio gorila, destilando su veneno apátrida que calificaba aquella epopeya de "aluvión zoológico", reeditando el salvajismo ilustrado del cipayaje oligárquico unitario.

Pero no pudieron, ni nunca podrán vencernos, porque de las mieles de la fuente de la Plaza del 17, de esa miel, no comen las hormigas y como les diría Leopoldo Marechal "Serán sólo padres de los piojos y abuelos de la nada"

Donde haya un solo peronista que pise este bendito suelo, velará para que la patria deje de ser colonia y aquella enseña gloriosa, la que evoca al diáfano cielo diurno, flamee no sobre ruinas, sino sobre una grandiosa Nación y una vez así, retumbe nuevamente en los oídos de aquel Hombre su más amada y maravillosa música, que es la palabra del Pueblo Argentino.

Daniel Alberto Caminos Santos Lugares, octubre 17 de 2003