NO TAN JOVENES

 

 

Por: Daniel Caminos

Se suele decir, no sin cierta liviandad y conformando así una más en la extensa galería de zonceras, que la causa de nuestras desventuras como nación consiste en que somos un país joven, concepto éste que

se hace extensivo al resto de América; ignorando o haciendo ignorar el principal (por originario) tronco cultural que, además, es milenario. Es muy seductor para el análisis del pensamiento nacional desarrollar, o al menos intentar hacerlo, la hipótesis de que el peso de las culturas originarias pre-existentes en Latinoamérica más el aporte del Catolicismo, conforman un eje cultural (humanista y cristiano) que subyace latente, sobre el cual podemos explicar la no consolidación de los designios coloniales imperialistas.

Siguiendo el hilo del razonamiento a la vez encontraríamos precisamente la instalación y consolidación geográfica de aquel poder imperial en la zona norte de nuestro continente al haberse perpetrado la "limpieza étnica" de la civilización pre-existente como condición metodológica sine qua non del proceso colonizador protestante anglosajón.

Si los procesos histórico-culturales se edifican a partir del amor o el odio en el primer caso podríamos situar al hispano-americano y en el segundo al nor-continental. Sería muy interesante hilvanar a partir de la relevancia manifiesta de la cultura indígena en nuestro continente, un sintético análisis comparativo con respecto a las pautas de la misma índole provenientes de las corrientes colonizantes europeas u "occidentales"; y establecer lo primordial de aquello en función de la búsqueda denodada de la identidad y la vigencia de valores trascendentales que vemos reivindicados en el pensamiento de Kusch, Scalabrini y Jauretche.

Un invasor, un conquistador no somete solamente a su dominio un determinado territorio y sus habitantes, las civilizaciones colonizadoras con un criterio muy eficaz, para un mejor sometimiento imponen sus principios, fundamentos, cultura, instituciones y religión, con una caracterización de "verdad universal", a fin de quebrar en su esencia a los pueblos colonizados impidiéndoles así ser los sujetos de su propio destino, dado que les programa un proceso de aculturación, relegando de esa manera el encuentro consigo mismo; por ello debemos remarcar constantemente que no hay culturas superiores o inferiores, sino culturas.

Los pretendidos promotores de la inmigración europea han fomentado este proceso de subestimación y, en algunos casos de etnocidio; no olvidemos que así se propendió a destruir una de las ramas fundamentales de nuestras fuentes culturales y esa es una de las causas del desencuentro con nuestro propio destino; entonces reconozcamos como de vital importancia recuperar aquellas pautas, aportando la significación histórica de las costumbres, arte, fe y religión de la civilización indígena. Cuando hablamos de religión y fe de los pueblos indígenas, nos referimos concretamente a la cosmovisión del mundo y a la fe cósmica, relacionada íntimamente con la ciencia dado que el conocimiento de las distancias astrales y las diversas influencias que ejercían todas esas fuerzas sobre el hombre y la naturaleza, eran de una profundidad tal que regían todos los ámbitos de la vida en aquella sociedad. Al abordar el tema del arte vemos que en las culturas europeas ha sido esencialmente individualista, desde sus primeras expresiones hasta las manifestaciones cumbres contó con tres componentes insustituibles: creador, intérprete, y espectador o receptor; la transmisión es individual.

Distintamente en el arte de los pueblos indígenas (esencialmente comunitarios) esos tres factores no se distinguen. El pueblo en sus carnavales y festividades religiosas masivamente es creador, intérprete y receptor al unísono; en su esencia son formas de manifestaciones espirituales comunitarias, exteriorizadas artísticamente, y no como equivocadamente muchos creen que por carecer de la estructura individualista es un arte meramente tribal.

Con esos conceptos equivocados se miden las etapas del desarrollo, imponiendo el progreso técnico sobre el desenvolvimiento cultural, al clasificar mecánicamente los períodos de la historia según un criterio tecnológico: edad de piedra, de bronce, de hierro, del átomo; sin embargo, los Mayas de la época clásica no dispusieron jamás del metal, sus utensilios eran de piedra tallada o pulimentada, ¿tendríamos que clasificarlos entonces, junto a los hombres de las cavernas del neolítico europeo?, es absurdo ya que a una técnica muy rudimentaria paralelamente tenían un prodigioso refinamiento intelectual.

En cuanto a las ciencias tanto las incaicas como las mayas se basaban en principios bidecimales relativistas, que superaban las premisas matemáticas-geométricas euclidianas en las que se basó la ciencia occidental; éstas son lineales y planas (1+1=2) y "entre dos puntos el camino más corto es la recta", mientras aquellas son hoy revalorizadas por las ciencias nucleares donde los elementos cósmicos como tiempo, velocidad, espacio, y masa están contenidos. Las estelas mayas predecían que sus principios volverían a tener vigencia a finales del siglo veinte.

Con respecto al sistema político-social los pueblos indígenas se caracterizaron por un comunitarismo esencial y humano, que difiere de los socialismos materialistas, los racionalismos economicistas y los individualismos privatistas concebidos desde Europa. Cabe resaltar los rasgos en la estructura cultural de un pueblo como el quechua en cuya lengua no existía ni el concepto, ni el término, ni sinónimo de nuestro verbo "tener", o "posesión", o la palabra "propiedad". La relación de propiedad-sujeto-objeto no existía en ellos, vale decir, estaba desterrada de sus mentes ya que el objeto no era atribuible a ningún sujeto, cuando necesitaban algo lo tomaban en la medida de su necesidad y aquello que no utilizaban volvían a dejarlo, porque todo era de todos; acorde a los valores de la comunidad, conforme a sus costumbres, ritos y estructura mental. Podríamos establecer sin ahondar demasiado en el tema un razonamiento en dos direcciones; una, lo enriquecedor que sería incentivar el aprendizaje y comprendimiento de aquella lengua para lograr una aproximación cultural hacia esos valores, en contraposición con la desesperación por incorporar cotidianamente la terminología de ciertos idiomas extranjeros que nos transmiten valores culturales diametralmente opuestos; y otra, la asombrosa similitud filosófica-conceptual con la expresada por Perón en su "comunidad organizada" al establecer que el capital debe estar al servicio de la economía y ésta al servicio del Hombre, fluyendo dentro de la concepción cósmica de lo humano concentrada por la visión peroniana en la expresión "Universalismo", término que nos sugiere la máxima noción de equilibrio en armonía; contrastando con la "globalización" basada en cánones estructurales materialistas y cuyo nombre nos remite cosmográficamente a un concepto limitado y egocéntrico.

Para el pensamiento europeo u "occidental" aquellos rasgos culturales son muy difíciles de comprender dada la distinta valoración de los objetos que se poseen y las diversas relaciones en función del sujeto que se realizan; cuando se puntualiza la teoría del valor político-social de las cosas, se analiza el valor del objeto en función únicamente de "la significación que tenga en el mercado económico", (desde las doctrinas mercantilistas hasta Keynes) ó "el trabajo socialmente necesario que cueste conseguirlo" (mercado técnico, Marx, teoría del valor).

Esta valoración netamente económico-racional de la relación objeto-sujeto (propiedad, mercado, consumo) tiene como respuesta en la sociedad, una consecuente violencia cotidiana generalizada, que se manifiesta en distintas formas, dado que los seres humanos son alterados en su ser integral convirtiéndose en engranajes en uso o desuso de una enorme y perversa maquinaria.

Ante esta clase de concepciones deshumanizadas vimos como se entregaron las riquezas naturales de la patria, y como se vació de contenido nuestro ser nacional, en función de un supuesto desarrollo económico que en definitiva no fue más que la dependencia total de la economía y la desorganización transcultural de las pautas nacionales, como condiciones inherentes a un planificado colonialismo.

Debemos recuperar todos aquellos factores que pongan lo humanista en el centro de la escena; lógicamente introduciendo lo económico, pero dándole la importancia que tiene en función de estar al servicio del hombre, dentro de un contexto de comunidad cultural que conforme la reconstrucción de nuestro "Ser"; porque un pueblo se libera de toda dependencia extranjera a medida que va realizando su " Ser Nacional", circunstancia única que le permite unificar las fuerzas de su espíritu, para ir liberándose en los hechos de la dependencia colonial que le impide encontrar el camino hacia su propio destino.