Por/ Alberto Buela (*)
Para hablar con cierta justeza de la
región suramericana como proyecto de poder tenemos
primero que esbozar sucintamente un panorama de las
regiones que componen esto que conocemos por mundo.
Por magnitud de poder económico,
poblacional, tecnológico y armamentístico hoy son
cinco las fuerzas que actúan en el mundo actual.
1)
Los Estados Unidos y su eje Inglaterra, Israel(1) y Japón-Corea
del Sur. Ellos son el poder dominante mundial.
2)
Rusia y algunos de sus poderosos ex estados como Kazasthan.
3)
La Unión Europea
con eje fundamental en Francia-Alemania.
4)
China-India
5)
La ecúmene árabo-musulmán.
¿Cuál es el lugar de Suramérica en
este esquema?. Ella, de idéntica manera el resto del
mundo no contemplado en este cuadro:
la Oceanía
occidental (Australia, Nueva Zelanda) y el Africa no
musulmana, está
absorbida por la hegemonía norteamericana, pues, básicamente,
carece de todo peso político como factor de poder en el
mundo.
Se nos plantean entonces dos
preguntas: 1) ¿ Qué podemos hacer para revertir esta
situación?, y 2) ¿cómo podemos realizarla?.
La respuesta a la primera de las
preguntas, a qué podemos hacer ya ha sido respondida
por nuestros próceres de
la Independencia
, San Martín y Bolivar, y es realizar
la unidad suramericana, que nuestros dirigentes
de hoy han plasmado formalmente en
la Comunidad
suramericana de naciones con la firma del Acta de
Cuzco(8-12-04).
El problema es la segunda de las
preguntas: ¿Cómo podemos realizar esta unidad en forma
práctica, útil y verosímil, a fin de que se
constituya como un factor de poder con verdadera
gravitación en el mundo descripto en el cuadro
precedente?
Y aquí es donde surgen los mil
inconvenientes y los mil problemas a resolver.
¿Queremos una Comunidad suramericana
utópica?, ¿ un sueño impolítico, romántico y
pintoresco?. Entonces ya comenzamos bien, porque sumamos
en su fundación a Guyana y Surinam que es como sumar a
Inglaterra y Holanda. Metimos el zorro en el gallinero.
Ya hemos leído varios trabajos que
insisten en incorporar las lenguas indígenas(quichua,
aymará, mapuche) como lenguas oficiales. Otros están
insistiendo en la conveniencia de incorporar varios
separatismos hoy latentes en el interior de esta
Comunidad. Otros quieren ingenuamente ampliar esta
Comunidad todavía
in nuce a
todos los pueblos de “América Latina y el
Caribe”(sic) y crear un parlamento, sin percatarse que
inmediatamente quedaríamos en minoría los
suramericanos ante la docena de “Estados títeres”
del caribe que manejan los Estados Unidos a
piacere.
En fin, si queremos una comunidad
suramericana como un sueño de filósofos desocupados,
todo esto que acabamos de decir, es ideal. Viene como
anillo al dedo.
¿Queremos una comunidad suramericana,
políticamente útil y fácticamente verosímil, que se
autoconstituya como factor de poder mundial?.
Entonces tenemos que pivotear sobre el
eje principal Brasil-Argentina. Que una vez por todas
Brasil y sus teóricos comprendan que Argentina está
compuesta por cinco Estados: los argentinos orientales
como gusta decir Methol Ferré que es Uruguay, el
Paraguay, Bolivia y Chile. Y que abandone la vieja táctica
de manejar las tensiones entre nosotros, porque en
definitiva nuestras peleas son siempre intestinas.
El segundo eje que hay que restañar
es el de Bogotá-Caracas. No olvidemos que desde el
asesinato de Gaitán en 1948 Colombia está partida en
dos para beneplácito de la potencia mundial hegemónica
que encontró allí el terreno propicio para su
instalación militar en Suramérica y su consiguiente
proyección amazónica. Hugo Chávez está haciendo
ingentes esfuerzos en la restauración de este eje
geopolítico, pero es un esfuerzo unilateral de
Venezuela que no encuentra aun su contrapartida desde
Colombia.
En definitiva la consigna sería, en
todo lo que hace a las comunicaciones, reducir
la complejidad. Así, en cuanto al idioma, habilitar
el portuñol (portugués y español indistintamente)
como lengua
oficial. En lo que hace a las vías navegables - no
olvidemos que tenemos 50.000 kms -
permitir su libre navegación de los miembros.
Además hacer compatibles los corredores aéreos y las vías
férreas.
En economía reducir la complejidad llevándonos del viejo consejo de Alejandro
Bunge, uno de los primeros pensadores que meditó sobre
la unión suramericana, quien hace casi un siglo(1909)
sostuvo: “unificar
las tarifas aduaneras de cada uno de nuestros países de
acuerdo con los derechos más altos en cualquiera de
ellos para cada artículo. ...Y para aquellos productos
en competencia entre algunos de los países signatarios
se mantendrían los que rigen pero con una reducción
del 10% al año”(2). En el término de diez años
llegaríamos a la eliminación de las aduanas interiores
en Suramérica. A ello habrá que sumar la implantación
de una moneda única, como lo es hoy el euro para
Europa.
Y esta reducción de la complejidad
debe buscarse en todos los dominios, así la
equivalencia de títulos en el cultural, la
correspondencia de los códigos civiles, comerciales,
penales y laborales en orden al derecho y la justicia.
La complementación tecnológica y científica y la
integración energética y sanitaria en el manejo de
todo el ecosistema suramericano.
Esta reducción de la complejidad como
bien observa el sociólogo Niklas
Luhmann se realiza a través de la confianza,
pues “ella
simplifica la vida por medio de la aceptación del
riesgo(3).
¿Y cuál es el riesgo acá, en la
constitución de una Comunidad suramericana de
naciones?. El riesgo es que los que tienen más pongan más,
arriesguen más, y no que “jueguen
al quedo” como en el billar cuando la carambola es
difícil. Y esta carambola es muy difícil de hacer.
Difícil por los intereses que se
oponen y que se dañarían con su constitución, y más
difícil aún por la inopia de nuestros propios
dirigentes, quienes ignorando el consejo de Perón,
pretenden hacer una tortilla sin romper ningún huevo.
Es decir, no se puede realizar con éxito, en beneficio
para nosotros sus miembros,
la Comunidad
suramericana de naciones dentro del pensamiento políticamente
correcto.
Mi opinión es que si no somos
incorrectos no existiremos como Comunidad autónoma
dentro del actual orden mundial.
Tenemos que rescatar la función política
del disenso como creador de teoría crítica y por ende
de poder autónomo, frente al consenso que es siempre de
los poderosos.
No es este el momento de plantear todo
lo que Suramérica y más aún Iberoamérica significan,
metapolíticamente, para nuestro mundo. Pero lo cierto
es que como dice el eminente filósofo peruano Wagner de
Reyna: “En este
Occidente marginal que es Iberoamérica es donde se
conserva en su pureza, en su espontaneidad
original ( la real gana, decía Alberdi)
la auténtica esencia de Occidente. Se puede decir que
entre los dos océanos y con su forma de proa, Nuestra
América, ha servido de arca como la de Noé en el
diluvio para salvar esa esencia”(4).
Para
resolver el cómo para la realización de esta Comunidad
nuestros dirigentes y pensadores( sociólogos, politólogos,
economistas, técnicos, estrategas) tienen que tener una
clara conciencia de la función metapolítica de Suramérica
en la historia del mundo. Pues esta función que, por
definición va “más
allá” de la política,
es la que le da sentido y dirección a cualquier
Proyecto de Unidad que se intente en nuestro
subcontinente. Y quienes tienen hoy la responsabilidad
histórica de llevarla a cabo debieran ser sus
guardianes, defensores y promotores.
Por
último queremos recordar, como ya lo hemos hecho en
otros trabajos, que
la Antártida
suramericana es parte constitutiva de
la Comunidad
suramericana de naciones y como tal tiene que ser
reivindicada para uso y beneficio exclusivo de nuestros
pueblos de
la América
del Sur. Terminando así con esa idea interesada de
la Antártida
para la humanidad en donde lo único que se logró es
justificar la permanencia bases yanquis, rusas e
inglesas, en nuestro Continente blanco.
Notas:
1.- Este eje, consolidado desde el
comienzo de la modernidad entre los judíos y el imperio
británico a través de la alianza histórica sellada
por Manaseh Ben Israel (Manuel Martínez Dormido, sefardí
de Amsterdam) y Cromwel, se hace evidente en la
actualidad al comprobarse, pública y notoriamente como
el lobby hebreo, descaradamente, gobierna los Estados
Unidos. Hay que ser muy ciego o muy interesado en no ver
lo evidente.
2.- Bunge, Alejandro: La
nueva argentina, Madrid, Hyspamérica, 1984, p.297.-
3.- Luhmann, Niklas:
La Confianza
, Santiago de
Chile, Univ. Iberoamericana, 1996, p.123.-
4.-Wagner de Reyna, Alberto: Bases
para un enfoque iberoamericano del mundo actual, Paris-Buenos
Aires, en internet, abril 2005, p.8.-
(*) CEES (Centro de estudios estratégicos
suramericanos)
alberto.buela@gmail.com
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