Por/ Alberto Buela
Luis
Juan Guerrero (1896-1957). Nacido en Baradero cursó
la escuela secundaria en el Nacional de
La Plata
, donde fueron sus maestros Alejandro Korn y Saúl
Taborda. De formación política anarquista sin terminar
sus estudios en Buenos Aires se trasladó a Alemania en
1923 donde se doctoró en filosofía en Zurich en 1926.
Formó parte de la generación del 25 junto con otros
filósofos como Francisco
Romero, Carlos Astrada, Vicente Fatone, Miguel Angel
Virasoro, Nimio de Anquín y Angel Vasallo. Enseñó en
el Instituto del Profesorado y en
las universidades de
La Plata
y Buenos Aires de la que fue declarado cesante a causa
del golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955, por
su rector, el historiador español, José Luis Romero.
Sus obras principales son: Psicología(1939),
manual para la escuela secundaria con incontables
ediciones, y su trilogía: Revelación
y acogimiento de la obra de arte(1956), Creación y
ejecución de la obra de arte(1957) y Promoción
y requerimiento de la obra de arte(1967) escrito póstumo
bajo el cuidado de su discípula Ofelia Ravaschino de Vázquez.
a)
La estética
La
estética de Guerrero, uno de los logros de máxima
originalidad de la filosofía argentina,
ha sido caracterizada por sus principales
comentaristas en el tema: Alberto Caturelli(1), Manuel
Trías(2), Sergio Sarti(3),Mirtha Russo de Fusari(4),
Delfina Fernández(5), Guillermo Maci(6) y Adolfo Ruiz Díaz(7),
como “estética
operatoria”, pues
para nuestro autor “la
belleza es el esplendor del ser puesto en obra”.
Grosso
modo los planteos de Guerrero se apoyan en el
siguiente razonamiento: Ni la antigüedad ni el
Cristianismo pensaron que era el hombre quien produce
obras bellas, pues la obra sólo existía para.
Sea este para en
la antigüedad reflejar la totalidad ordenada del
cosmos, sea para el
Cristianismo reflejar los atributos divinos: ad major gloria Dei. Ahora, el hombre moderno no se limita a
contemplar sino a poner
en obra la belleza artística. “Somos
nosotros, afirmará Guerrero, quienes
vemos las estatuas góticas, no el hombre medieval que
las veía para orar. Al separar lo sacro de lo profano
las obras se alejan de todas estas conexiones provocando
una estética autónoma” (8). La estética será
así “operatoria” porque en ella ya no importa solo
el contemplar, el ver, sino el operar. Y este
operar tiene una triple dirección: a) Las operaciones
artísticas que se reflejan en las categorías de
“revelación y acogimiento”, título del primero de
sus volúmenes sobre estética. b) las potencias artísticas
que se expresan en los procesos de “creación y
ejecución”, su segundo volumen, y donde el artista es
un producto privilegiado de la obra de arte, y c) las
tareas artísticas de “promoción y requerimiento”
de la obra, su tercer y último volumen, y donde estudia
las tareas de aquellos que llaman a la obra para que
surja y exista.
Existe
una circularidad estética entre estos tres momentos
(manifestación- ejecución y tareas), circularidad que
tiene un fin en si misma, y no en vista de ninguna
trascendencia. Esta negación de la trascendencia hace
de Guerrero un típico pensador moderno.
Así,
en nuestra opinión saber operativo, entonces, es el
saber que transforma la totalidad de la persona. En
realidad no hay conocimiento sino hay transformación.
En el fondo la denominada estética
operatoria de Guerrero, más allá de lo que dicen
la mayoría de sus comentadores o exégetas no se limita
al ser puesto en obra sino que va más allá, que alcanza también
al artista, transformándolo.
Entra
a jugar acá la más poderosa idea de cultura
(paideia=bildung=formación) según la cual la podemos
entender como el hombre manifestándose,
“la cultura no es sólo la expresión del hombre
manifestándose, sino que también involucra la
transformación del hombre a través de su propia
manifestación”(9).
El
hombre no sólo se expresa a través de sus obras sino
que sus obras, finalmente, lo transforman a él mismo.
Así en la medida que pasa el tiempo el campesino se
mimetiza con su medio, el obrero con su trabajo, el
artista con su obra.
Esta
es la razón última, en nuestra opinión, por la cual
el trabajo debe ser expresión de la persona humana,
porque de lo contrario el trabajador pierde su ser en la
cosas. El trabajo deviene trabajo enajenado. Y es por
esto, por un problema eminentemente cultural, que los
gobiernos deben privilegiar y defender como primera meta
y objetivo: el trabajo digno.
Esta
imbricación entre el hombre y sus productos en donde en
un primer momento aquél quita lo que sobra de la piedra
dura o el hierro amorfo para darle la forma preconcebida
o si se quiere, para desocultar la forma, y, en un
segundo momento se goza en su producto, para,
finalmente, ser transformado, él mismo, como
consecuencia de esa delectación, de ese sabor(sapio)
que es un saber (sapio).
Ese saber gozado, experimentado es el que crea la
cultura genuina.
Así
la secuencia cultura, cultivo, enraizamiento, fruto,
sabor, sapiencia
y cultura describe ese círculo hermenéutico que nos
propone todo saber operatorio.
Círculo
que se alimenta dialécticamente en este hacerse
permanente que es la vida del hombre, en donde
comprendemos lo más evidente cuando llegamos a
barruntar lo más profundo: que
el ser es lo que es, más lo que puede ser.
b)
otros trabajos
El
otro aspecto, menos estudiado de la obra de Guerrero es
el que se encuentra vinculado al campo de lo genérico
de la axiolgía, la ética y la formación de un
pensamiento nacional.
Y
acá se destacan tres trabajos: 1)El
problema de la conciencia nacional en su formación ética
y desarrollo histórico(1944). 2.-Tres
temas de filosofía argentina en las entrañas del
Facundo(1945) y 3) Determinación
de los valores morales: materiales para la construcción
de una axiología general como fundamento de la ética
axiológica(1983), escrito póstumo bajo el cuidado
del profesor Diego Pró.(10)
El
primero de estos trabajos,
El problema de la conciencia nacional en su formación
ética y desarrollo histórico (1944), un escrito
político-filosófico, fue inhallable para nosotros . El
profesor Manuel Trías la menciona en su trabajo sobre
Guerrero. Está también su discípula María Angela
Fernández(circa 1950-1980) que lo menciona ejerciendo
influencia, no sólo por su título, sobre el
historiador Juan José Hernández Arregui, pero “el
poncho no aparece”.
El
segundo de estos trabajos, que lleva en su edición de
1988 el estudio introductorio del profesor Rodolfo
Agoglia, quien fuera su alumno, Guerrero va a sostener
que existen tres temas de filosofía argentina que están
ya pergeniados en las tres partes en que se divide el
Facundo: La primera que es el terreno, el paisaje, el
teatro sobre el cual va a representarse la escena; la
segunda el personaje, con su traje, sus ideas y su
sistema de obrar, y la tercera, la visión del futuro de
la Patria
a través de los males presentes.
La
división de la obra corresponde rigurosamente a los
tres temas del pensamiento Iluminista del siglo XVIII
que guió a los hombres de
la Revolución
de Mayo, pero enseguida vemos que la disposición de
estos temas ya no es iluminista sino romántica. Pues en
primer lugar aparece la escenografía. El desierto no
está vacío como para los iluministas sino que está
lleno, tiene una sustancia histórica y social, lo que
Sarmiento llamó: La barbarie. Su vida propia es la del
feudalismo español extraviado en la inmensidad de la
pampa. En segundo lugar el hombre, emblemáticamente
representado por Juan
Facundo Quiroga, símbolo bárbaro por antonomasia, vivo
en las tradiciones populares y en las revoluciones
argentinas. El representante del “genio nativo” según
Saúl Taborda con su idea de “lo facúndico”. Y
tenemos en tercer lugar, como tarea, que estructurar una
visión de futuro a través de los males del presente,
intentando la formación de una conciencia
nacional.
En
cuanto al último de sus trabajos estudiados aquí: Determinación
de los valores morales, estudia Guerrero
sucesivamente: a) las estructuras de la vida
estimativa(sentimientos, percepciones,
representaciones); b) el ámbito de los valores, donde
aparece su tesis más personal sobre el asunto; c) la
realización de los valores y d) los fundamentos de una
ética axiológica.
Su
tesis más personal aparece en el tratamiento del ámbito
de los valores cuando sostiene que éstos son cualidades
terciarias de las cosas. Es sabido que las cualidades
primarias pertenecen por su esencia al objeto, por
ejemplo; la sustancia; que las cualidades secundarias
son las que tiene el objeto con referencia a otro, por
ejemplo el color; mientras que las cualidades terciarias
son las que tiene un objeto con referencia a otro y a un
sujeto que discierne entre ambos, por ejemplo la jerarquía.
En
cuanto a la determinación de los valores se lleva a
cabo a través de las categorías de cualidad, cantidad,
relación y modalidad. Así, la cualidad nos habla de la
“polaridad” que caracteriza a todo valor. Todo valor
supone un disvalor, o dicho de otro modo, valores
positivos llaman a los negativos: lo noble a lo innoble,
lo puro a lo impuro, lo distinguido a lo vulgar.
La
cantidad nos dice que los valores se dividen en
singulares y plurales. Así las vivencias tienen un carácter
singular , por ejemplo un descubrimiento para el
investigador; en cambio valores como lo bello, lo
agradable, admiten una pluralidad de realizaciones.
La
categoría de relación nos indica que los valores se
pueden dividir en propios y consecutivos. Los primeros
son aquellos que mantienen su carácter de valiosos
independientemente de los otros valores, mientras que un
ejemplo de valor consecutivo es lo útil, que tiene su
sentido en otro.
Finalmente
tenemos al categoría de modalidad, que nos viene a
decir que los valores tienen una relación jerárquica
entre sí, que existen valores superiores e inferiores,
y que tal jerarquía o escala existe independientemente
de la preferencia del sujeto.
c) conclusión
Vemos
pues que Guerrero nos deja tres ideas básicas en su
larga, trabajosa y fecunda producción filosófica: a)
la de la filosofía como saber operativo, según el cual
no existe verdadero saber sino transforma a la persona
que lo busca. Y en este sentido es un verdadero
existencialista. b) todo ese saber en el orden histórico,
político y social tiene que estar dirigido a la formación
de una clara conciencia nacional y c) este saber está
fundado en valores objetivos, producto de nuestra
experiencia histórica como nación, y jerárquicamente
ordenados. Con lo cual Guerrero, se convierte en un
pensador opuesto a la “etapa de la nivelación” que
está viviendo el mundo de hoy con la homogeneización
de todas la culturas en una sola globalizada. Que tiene
su expresión en el pensamiento único y políticamente
correcto.
Notas:
1.-
Caturelli, Alberto: La
estética operatoria de Luis Juan Guerrero, en La
filosofía en
la Argentina
, Bs.As. Sudamericana, 1971, pp.134 a 136.-
2.-
Trías, Manuel: Luis
Juan Guerrero y su estética operatoria, Mendoza,
1970,revista Cuyo, t.VI,p.7 a 22.
3.-
Sarti, Sergio: Panorama
della filosofia ispanoamericcana contemporanea, Milano,
Cisalpino-Goliardica, 1976, pp.353 a 355.-
4.-
Russo de Fusari, Mirtha: Las
ideas estéticas en la obra de Luis Juan Guerrero, Mendoza,
1971, revista Cuyo, t. VII, p.45 a 82.-
5.-
Fernández, Delfina: Las
ideas estéticas de Luis Juan Guerrero, Mendoza,
1988, revista Cuyo, t. V, p.171 a 192.-
6.-
Maci, Guillermo: Ideas
fundamentales de la estética de Luis J. Guerrero,
La Plata
, 1961, revista Buenos Aires I, pp.259 a 267.-
7.-
Ruiz Díaz, Adolfo: Luis
Juan Guerrero y su estética operatoria, Buenos
Aires, 1975, revista Cuadernos de Filosofía, N° 22-23
pp.171 a 182.-
8.-
Guerrero, Luis, J.: Revelación
y acogimiento, Bs.As., Losada, 1956, p.42
9.-
Buela, Alberto: Aportes
al pensamiento nacional, Bs.As., Ed. Cultura et
labor, 1987, p.44.-
10.-
Existen textos de otros seminarios dictados por
Guerrero, uno de los cuales, el perteneciente a 1955 que
es mencionado por Edgardo Albizu, pero comentado en
forma tan abstrusa, oscura y plena de neologismos, que
uno termina sin entender nada. Estilo propio de ciertos
profesores de filosofía, que como dijera Nietzsche:
“oscurecen las aguas para que parezcan más
profundas”.
(*)
Instituto Cultural de
la Provincia
de Buenos Aires
alberto.buela@gmail.com
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