Por/ Alberto Buela
Ubicación
El Fedro compone junto con el Banquete,
Fedón y República los diálogos de madurez de Platón. La riqueza temática
del Fedro al
tener no uno sino tres objetos primordiales de
desarrollo: el amor, el alma y la retórica, lo vincula
a los otros tres diálogos mencionados. Así, el amor lo
vincula al Banquete,
el alma a
la República
y al Fedro. Las coordenadas para la ubicación del mito de las Cigarras
en la numeración de Stephanus son 259 a-d.
Texto
El mito de las Cigarras es, de entre todos los mitos que utiliza Platón
en su extensa obra, una invención suya. No consta en la
tradición anterior. Y tiene una cierta semejanza con el
mito de los cisnes relatado en el Fedón
84e-85b. Platón lo utiliza aquí para indicar al
hombre que no debe dejar de investigar, ni aún a favor
del descanso.
“Sócrates - Bien, creo que tenemos
tiempo. Y me parece además, como si, en este calor
sofocante, las cigarras que cantan sobre nuestras
cabezas, dialogasen ellas mismas y nos estuviesen
mirando. Y si nos vieran a nosotros dos que, como la
mayoría de la gente, que no dialoga al mediodía, sino
que cabeceamos y nos dejamos encantar por ellas debido a
nuestra pereza intelectual, se reirían a nuestra costa,
tomándonos por esclavos que, como ovejas, habían
llegado a este rincón, junto a la fuente, a echarse una
siesta. Pero si acaso nos ven dialogando y sorteándolas
como a sirenas, sin prestar oídos a sus encantos, el
don que han recibido de los dioses para dárselo a los
hombres, tal vez nos lo otorgasen complacidas.
Fedón. - ¿Y cuál es ese don que han
recibido? Porque me parece que no he oído mencionarlo
nunca.
Sócrates. - Pues en verdad que no es
propio de un varón amigo de las musas, el no haber oído
hablar de ello. Se cuenta que, en otros tiempos, las
cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de
las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el
canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo
hasta tal punto que se pusieron a cantar Se cuenta que,
en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que
existieron antes de las Musas,, y en ese olvido se
murieron. De ellos se originó, después, la raza de las
cigarras, que recibieron de las Musas
ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen
y, sin comer ni beber, no dejan de cantar hasta que
mueren, y, después de esto, el de ir a las Musas a
anunciarles quién de los de aquí abajo honra a cada
una de ellas. En efecto, a Terpsícore le cuentan quién
de ellos la honran en las danzas, y hacen así que los
mire con más buenos ojos; a Érato le dicen quiénes la
honran en el amor, y de semejante manera a todas
las
otras, según la especie de honor propio de cada una.
Pero es a la mayor, Calíope, y a la que va detrás de
ella, Urania, a quienes anuncian los que pasan la vida
en la filosofía y honran su música. Precisamente éstas,
por ser de entre las Musas las que tienen que ver con el
cielo y con los discursos divinos y humanos, son también
las que dejan oír la voz más bella. De mucho hay,
pues, que hablar, en lugar de dormir la siesta al mediodía”.
Sócrates sólo menciona cuatro de las nueve Musas: Terpsícore que lo es
de la danza, Erato del amor, Calíope de la elocuencia y
la épica, Urania de la astronomía. Las cinco restantes
son: Melpómene del canto, Polímnia de la poesía lírica,
Clío de la historia, Euterpe de la flauta y Talía de
la comedia.
El canto de las cigarras es una introducción al asunto final de este diálogo
sobre los lenguajes orales y escritos, en donde Platón
va a recurrir a otro de sus
mitos; el de Theut.
Es interesante notar como a las cigarras se les atribuye un origen humano;
“Se cuenta que,
en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que
existieron antes de las Musas”. En nuestra tradición
nacional también se las hace nacer como al hombre desde
la tierra. Y así dice la chacarera: “como
el coyuyo(cigarra en quichua) cantor que nace desde la
tierra”. Desde niños hemos aprendido que a las
chicharras(cigarras) no se las mata, hay que dejarlas
que canten hasta que se pase el calor.
Trabajar e investigar incluso cuando canta la cigarra, en pleno calor, es
la enseñanza final de este mito. Hegel dice en su Filosofía de la historia que no puede haber filosofía en les
petites pays chaut(los pequeños países cálidos)
en cambio Platón, con este mito, viene a sostener que,
a pesar del calor, debe hacer filosofía.
Así pues, las cigarras que no son otra cosa que hombres que olvidaron su
propio cuerpo: “sin
acordarse de comer y beber”, por la ilusión del
conocimiento, nos incitan con su canto a la investigación.
Y es a las musas Calíope, de la retórica, y Urania, de la astronomía, a
quienes ellas les
dicen cuales de los hombres,
“pasan la vida en la filosofía y honran su música”.
El esfuerzo pedagógico de Platón es extraordinario,
porque no elige a los musas al tun...tun o porque sí,
sino que elige a la musa de la retórica porque en el
hombre hay que llegar al conocimiento de la verdad
“por la persuasión”. Y a la musa de la
astronomía porque ésta, sinónimo de filosofía en
aquella época, defiende al hombre de la charlatanería
de los sofistas o falsos filósofos que apoyados sólo
en retóricas y discursos lo arrastran al camino de la
“apariencia de la verdad, de las cosas, el mundo y sus
problemas.
Este mito de las cigarras muestra la trabajosa disposición del hombre
hacia la verdad. El hombre tiende a dormir, a pasarla
bien, a no sacrificarse en detrimento de su propio
cuerpo. Este mito, es una loa al esfuerzo, pero no una
apología del esfuerzo. Si lo leemos detenidamente vemos
en él, esa mesura, ese sano equilibrio del espíritu
griego, aquél que nos dice, sugiriendo y no imponiendo,
aquello que debemos hacer.
(*) alberto.buela@gmail.com.ar
alberto.buela@gmail.com
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