Por/ Alberto Buela
Publicó su primer libro la teoría
del yo como cultura en 1928 y cuatro años después
edita su segundo libro, un pesado trabajo sobre La
lógica de Hegel. Diez años después, en 1942,
publica La libertad, la existencia y el ser, en donde se vislumbra ya el
pensamiento propio de Virasoro. Este trabajo adquiere su
culminación en su
comunicación: Existencia y Dialéctica al congreso de filosofía de 1949. Y es a
partir de esta fecha donde nos encontramos con el
pensamiento maduro del filósofo santafesino. Y así
entre múltiple artículos publica sus dos últimos
libros: Para una
nueva mirada del hombre y de la antropología filosófica
(1963) y La intuición metafísica (1965).
Existen en Viraroso según nuestra opinión tres trabajos encadenados y
concatenados: Libertad,
existencia y ser; Existencia y Dialéctica e Intuición
metafísica que
nos ofrecen la visión y versión más completa y
acabada de su pensamiento.
Nuestro filósofo parte de la premisa
que “el
proyecto absoluto de toda existencia no podrá ser otro
que el realizar su propio ser, llevar su propio ser a su
total plenitud y desenvolvimiento... este es, el plan último
de la libertad y de las cosas finitas” (1).
Para él como para todo existencialista la esencia del hombre es su
existencia y el ser de ésta, es libertad. ”El
ser del Dasein (el hombre) deja de ser un fantasma
fugitivo como en Heidegger para revelársenos
inmediatamente como libertad”(2).
Virasoro parte de la premisa que la última sustancia de la existencia es
la libertad, que “es
la fuerza que conduce al yo hacia su más íntima
esencia y gobierna su intrínseco proceso de
autorealización” (3). La libertad es la raíz
originaria e incondicionada del yo.
Ahora bien, establecida esta petitio
principi razona
nuestro filósofo con una lógica de acero: “La
libertad singular del hombre que uno percibe en la
experiencia metafísica como constituyendo su más
radical esencia, no tiene su arraigo en sí misma, sino
en algo más general, que está por debajo de ella, la
nutre, la sostiene y le otorga su ser.....no es algo que
él mismo pueda otorgarse, pues para ello debería posee
de antemano la capacidad que se intenta crear...esta
misma libertad debe, al menos en su raíz potencial,
haberla recibido como un don carismático o como una
emergencia inmanente de la trascendencia. Esta
trascendencia interior al yo es lo que llamamos
trascendencia abisal” (4) p.72
Vemos entonces como el filósofo, según Virasoro, conoce antes que nada
por una intuición metafísica, que es la primigénea
intuición, que: el ser es libertad y que ésta se
realiza en las formas de finitud de las cuales el yo es
la primera de ellas. De ahí que pueda afirmarse que el
ser “no es” hasta que no se realiza en la
multiplicidad de los individuos.
La intuición metafísica nos muestra la existencia de tres tipos de
trascendencias: a) la abisal o por antonomasia, b) la
colateral u oblicua
y c) la cenital o arquetípica.
a)
La abisal como su
nombre lo indica, él término designa los abismos marítimos
más profundos y oscuros, nos patentiza algo que rebasa
el yo sin otra especificación. Nos muestra la relación
con el abismo originario en donde se unen lo universal y
lo individual en nosotros. Esta trascendencia abisal nos
permite captar la peculiar conexión entre la
subjetividad del individuo y la universalidad del ser.
Entre el yo y la libertad. “ha
sido definida como la captación del algo universal en
la interioridad de nuestro yo singular”(5)
b)
Rota la unidad
originaria, la intuición muestra al yo siendo y
actuando en el mundo y vinculado con los otros
existentes. Es una trascendencia de carácter
intersubjetivo. ”
Revela así su necesaria coexistencia con el otro, con
un tú como estructura de su más íntimo ser” (6)
c)
Este actuar en el mundo nos lleva a una tercera
trascendencia, la cenital o arquetípica que está
constituida por los modelos o proyectos que el hombre
intenta realizar en el mundo durante el tiempo de su
existencia. Indica “el
proceso de autorealización gobernado por un ideal o
proyecto de ser, libremente elegido y forjado”(7)
Lo
expuesto nos revela que su pensamiento se constituyó a
través de las lecturas de Hegel y Heidegger, aun cuando
sufrió la influencia de otros autores como Descartes,
Nietzsche, Husserl y Sartre(de quien fue asiduo
traductor). Su método , el existencialismo dialéctico,
es en realidad su propia filosofía, que como tal se
distingue, en
parte, respecto
de los autores de quienes toma las ideas.
Así su dialéctica no va a ser como en Hegel deductiva sino inductiva. No
va a ser una sucesión mecánica de síntesis de
contrarios, sino que como dice su hija Mónica, también
filósofa: “El
existencialismo dialéctico supone una corrección de
Hegel, la consigna de deslogizar, destrilogizar pues la
dialéctica tiene su base en la existencia cuyo
principio es la libertad. La dialéctica hegeliana
prefija un campo de posibilidades que hace del espíritu
una actividad mecanizada”(8)
En cuanto a su fenomenología, si bien acepta la versión dada por Husserl
como ciencia de la aprehensión y descripción de lo
dado. Su distanciamiento va a consistir en no aceptar el
carácter estático por estar limitada a la
“descripción de esencias” , sino que en
Virasoro la fenomenología será de carácter
existencial, lo que
le permitirá a través de la intuición metafísica
captar la experiencia de la peculiar conexión entre la
subjetividad del individuo y lo universal. Que es lo que
denominó, como vimos, trascendencia abisal.
Su método entonces va de intuición en intuición pero ésta no es
intuición sensible como en Kant sino intuición metafísica
que a su vez nos revela el fondo último del sentido de
la existencia que es la realización de la libertad. Así
lo originario de la existencia no es la
angustia nacida de la conciencia de finitud
ante la muerte como en Heidegger sino la ansiedad , entendida como sed y hambre de ser que me mueve a
realizar la libertad. Es esta, a su vez, la corrección
o modificación que hace el filósofo santafesino a la
tesis del filósofo de Friburgo.
Algunas conclusiones
En su monumental obra Historia de la
filosofía en Argentina afirma el templado profesor
Caturelli: “No
puede ignorarse la fuerza especulativa del pensamiento
filosófico de Virasoro, muy por encima de otros autores
coetáneos que, quizá por causas extrañas a la filosofía,
tuvieron en su momento mayor “nombradía” e
influencia personal. El tiempo, sin embargo, es un juez
inexorable”(9).
La
originalidad de su pensamiento radica en el análisis
acabado de la intuición metafísica y su triple
trascendencia. Lo cuestionable de su pensamiento, más
allá de la profunda religiosidad personal de Virasoro,
es que al no establecer una distinción real entre
libertad como el fondo del ser y divinidad desemboca en
un evidente panteismo.
Notas:
1.- Existencia y dialéctica: comunicación
al Congreso de filosofía(Mendoza-1949) actas tomo II,
p. 1097.-
2.- Existencia y dialéctica: idem
ut supra, p. 1095.-
3.- La libertad, la existencia y el
ser: Inst.
filosofía UBA, 1942, p. 14.-
4.-La intuición metafísica:
Ed. Lohlé, Bs. As., p. 72.-
5.- Idem ut supra, p. 125.-
6.- Idem ut supra, p.71.-
7.- Idem ut supra, p.71.-
8.-
Virasoro, Mónica: El
existencialismo dialéctico en Miguel Angel Virasoro, Bs.As.
2005, texto en internet.
9.- Caturelli, Alberto: Historia de
la filosofía en
la Argentina
(1600-2000), Buenos Aires, Ed.Ciudad Argentina,
2001, p.725.- La cita precedente merece un pequeño
comentario para hacerla más entendible. El profesor
Virasoro fue dejado cesante por el interventor de
la Universidad
de Buenos Aires, José Luis Romero, puesto por el golpe
de Estado de 1955 que derrocara al General Perón. Lo
que lo obligó para mantener a su familia a peregrinar
mensualmente como profesor contratado por diversas
universidades. Así mismo mantuvo una polémica pública
con el pope de la filosofía argentina de aquel tiempo:
Francisco Romero, el capitán filósofo como lo llamó
Alejandro Korn. Al respecto Luis Farré nos informa : “Escritas
estas páginas los diarios han informado que Francisco
Romero ha sido agraciado con el primer premio nacional
de filosofía, año 1956. El único miembro del jurado,
especialista en ciencias especulativas, el profesor
Miguel Angel Virasoro, en una aclaración hecha pública,
confiesa que se vio obligado a renunciar porque los demás
miembros ya de antemano, sin tener en cuenta el mérito
de otros posibles aspirantes, estaban comprometidos para
otorgar el premio, a pesar que “demostré acabadamente
que el capitán Romero no era un filósofo creador, sino
un mero repetidor y divulgador de ideas ajenas, sin la
profundidad y pleno dominio de la problemática filosófica
contemporánea como puede ser el de un Carlos Astrada”
(Carta en el periódico Propósitos, 12-3-1957).(Cfr.
Cincuenta años de
filosofía en Argentina, Buenos Aires, Ed. Peuser,
1958, p.171).
(*) filósofo
alberto.buela@gmail.com
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