Por/ Alberto Buela
Liquidada la bipolaridad con
la caída del Muro de Berlín en el 89 y la implosión
de
la Unión Soviética
en el 91, en las relaciones internacionales comenzaron a
pesar más las tensiones geopolíticas que los criterios
ideológicos.
Y así fue que comenzaron a
destacarse geopolitólogos como Alexander Dugin y Robert
Steukers por sobre los remanidos y renombrados analistas
internacionales como Alvin Topfler o Francis Fukuyama.
Es que los criterios ideológicos
como son los criterios sobre la organización económico-política
de los Estados quedaron de lado para dejar paso, al peso
de la población, las riquezas escondidas de los
Estados-nación, las similitudes y diferencias
culturales y la mayor o menor aproximación religiosa.
Quedaron de lado los criterios
ideológicos en las relaciones internacionales porque el
marxismo leninismo como organización política
alternativa no es ninguna opción plausible ante el
discurso monocorde y políticamente correcto del
capitalismo demoliberal burgués que se impuso de manera
planetaria.
Vuelven entonces por sus fueros los criterios geopolíticos
y geoestratégicos en el análisis de las relaciones
internacionales. Y así como hace treinta años estaban
demonizados y arrumbados en el baúl de los recuerdos
Kjellen(1864-1922), Ratzel(1844-1904) Mac
Kinder(1861-1947) y Haushofer(1969-1946), hoy en día no
hay politólogo ni cientista social que pueda permitirse
ignorarlos, si pretende desarrollar su disciplina con
algún mérito.
Nosotros, desde nuestro lugar
en el mundo: Suramérica, hace ya varios años que nos
preguntamos por su
sentido, y nos venimos planteando el tema de una
estrategia suramericana independiente y autónoma que la
hemos denominado teoría
del rombo, porque en sustancia consiste en vincular
geopolítcamente Buenos Aires- Lima- Caracas y Brasilia,
lo que forma la figura de un rombo irregular. Esto
constituye primero un espacio bioceánico con salidas
tanto al Pacífico como al Atlántico que posee un hartland
encerrado
y protegidos por las líneas estratégicas que unen los
distintos vértices.
La participación argentina en
ese corazón de la
tierra , según hemos propuesto, se debe realizar a
través del eje Salta-Santa Cruz de
la Sierra
, porque la estrategia del Estado brasileño nos veta e
impide nuestro acceso fluvial a través del Paraná-Paraguay-Guaporé.
Además de contar con la renuente y esquiva participación
del Paraguay, Estado meramente comercial.
Pero claro está, ella es nuestra geoestrategia
suramericana a la que se opone la potencia hegemónica
del continente americano, que con el Plan Colombia
instaló sus marines a un tiro de piedra del Amazonas,
presionando sobre la línea Lima- Caracas;
con su Plan de
la Triple Frontera
(Argentina-Brasil-Paraguay) interviene directamente
sobre el acuífero guaraní y presiona sobre la línea
Buenos Aires-Brasilia. Con la instalación de la base en
el Chaco paraguayo, documentadamente denunciada por
nuestro amigo e investigador del CEES, Carlos Pereyra
Mele, ejerce impedimento en la línea Buenos Aires- Lima
y presión directa en este caso sobre el corredor estratégico
Corumbá-Santa Cruz- Puerto de Trinidad.
Como pude apreciarse, de este hipotético
rombo queda solo un
eje, Brasilia-Caracas,
sin presión directa de los Estados Unidos. De
todas maneras tanto desde Guyana como de Surinam,
protectorados coloniales simuladamente independientes,
puede operar sin ningún problema.
Fidel Castro cuando estuvo en
Argentina el 25 y 26 de mayo de 2003 declaró a la
prensa: “Es vital que Argentina, Brasil, Perú y Venezuela lideren un cambio
en América. Y aclaró: Hablo
como un observador externo sin incluir a Cuba en un
posible eje suramericano” (
La Nación
, 27-5-03 p.6). ¡ Qué interesante observación!. De
Castro se puede decir que conculca las libertades
individuales, que se perpetúa en el poder, que está
viejo y divaga un poco, pero lo que no nos está
permitido es pensar que tiene una estrategia pro
norteamericana. Si algo representa y va a representar en
la historia, es la postura independiente y autónoma
respecto del imperialismo norteamericano, cosa que ha
hecho desde 1959. Ahora bien, si un hombre resistió
durante, hasta ahora, 46 años, en el poder y a pesar de
los bloqueos, las invasiones y las bases en su
territorio, no cayó. Esto nos está diciendo que este
hombre sabe de estrategia, no es un improvisado ni un
aprendiz.
Este argumento de autoridad
estamos esgrimiendo, muestra dos cosas: Que esta nueva
estrategia suramericana que proponemos es la correcta,
aun cuando nuestra cancillerías no la adopten y,
segundo: que en los grandes líderes mundiales, también
prima el planteo estratégico sobre el planteo ideológico.
La autoexclusión de Cuba por parte de Castro es una
prueba de ello.
Hoy el mundo está funcionando
bajo dos parámetros o criterios internacionales. Por un
lado, la potencia talasocrática mundial que permite y
alienta tanto en las cancillerías europeas como
sudcentroamericanas un criterio ideológico para
intervenir en el mundo
Así, alienta sus orientaciones hacia lo
semejante a ellas: apoyo a gobiernos de corte socialdemócrata,
e ideología de los derechos humanos, mientras que
ellos- los yanquis- se reservan los criterios geoestratégicos
de “combatir al fundamentalismo islámico en Irak”
y, al mismo tiempo,
permitir la creación de la república musulmana
de Kosovo en el hartland
europeo. Tolerar en Ruanda el genocidio de los
Tutsis por los parte de los Hutus sólo por desplazar a
Francia en la región, pero al mismo tiempo rasgarse las
vestiduras vociferando en todos los foros
internacionales, cuando Rusia elimina a los chechenos en
el teatro tomado de Moscú, para debilitar el prestigio
ruso.
Hay hoy unas pocas cancillerías en el mundo que han
adoptado criterios geoestratégicos: Estados Unidos,
Israel, Cuba, Irán, China, probablemente India, quizás
Venezuela, pero el resto continúa atada a los criterios
ideológicos en el orden internacional de “lo
semejante llama a lo semejante”. Así, por caso,
nuestra cancillería envió a Bolivia un piquetero de la
izquierda progresista para hablar con Evo Morales, otro
gran progresista altoperuano, con lo cual no resolvieron
nada, pero avalaron las elecciones “democráticas”
para dentro de seis meses, que era lo que quería
la Casa Blanca
, para tener tiempo en la construcción de un candidato
de ellos. Que seguramente será el que gane.
A nuestras cancillerías
suramericanas las entretienen desde Yanquilandia con conneries (en criollo, boludeces). Ora, las asusta con el cuco Chávez,
ora con los narcotraficantes, ya con los terroristas islámicos
de la triple frontera. Cuando se sabe que Chávez está
haciendo unos esfuerzos extraordinarios para mantenerse
en el poder, que cuando
Escobar Gaviria, el más poderoso jefe de la
droga, ofreció pagar al contado la deuda externa de
Colombia lo asesinaron, y que, los terroristas islámicos
del Paraguay son en el mejor de los casos unos
enriquecidos turquitos
mercachifes.
Pero no obstante ello, nuestra
cancillerías compran a paquete cerrado, en nuestro caso
la organización de
la IV Cumbre
de las Américas de noviembre en Mar del Plata, para que
hagamos el simulacro de deliberar cuando la decisión ya
fue tomada previamente. Solo participamos para
convalidar.
Si realmente deseamos
participar en forma activa, incluso más allá de
nuestra pobreza, como Estado-nación en el concierto
mundial debemos darnos y actuar en orden a una política
internacional fundada en criterios estratégicos. Ahora
bien, si dichas tensiones geopolíticas encuentran además
criterios ideológicos compartidos, esto se transforma
en lo óptimo, que como es sabido es lo superior a lo
bueno.
En la construcción de
la Comunidad
suramericana de naciones, comenzamos con la monserga de
la democracia y los derechos humanos(criterio ideológico),
en lugar de hacerlo a partir de una estrategia común
suramericana(criterio geopolítico). Una vez más
pusimos el carro delante del caballo, con lo cual el
carro no marcha y el caballo está al ñudo.
(*) CEES(Centro de estudios
estratégicos suramericanos)
alberto.buela@gmail.com
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