Por/ Alberto Buela
Se destacó
por su producción de denuncia en torno a los grandes
negociados que signaron la, bautizada por él,
Década
Infame. Y en el orden ideológico es el fundador
junto con su entrañable amigo y compadre Carlos
Montenegro(1904-1953) del nacionalismo anitimperialista
hispanoamericano. Y así como el pensador boliviano fue
el teórico del Movimiento Nacionalista Revolucionario,
Torres lo fue del GOU y del golpe de Estado de 4 de
junio de 1943.
La Gran Prensa
internacional,
los mass media diríamos hoy, (la nacional es un epígono
de ella) tiene dos armas contundentes: una, la
propaganda mediante la cual vende lo que quiere, crea
arquetipos de hombres e insufla ideales que solo
benefician al poder financiero que las sustenta. La otra
es el silencio. Silenciar la denuncia que la afecta,
omitir una noticia que la daña, ignorar la voz de un
hombre que dice: lo
que todos quieren decir. Es esta última la mejor
arma, la más poderosa de las dos.
Así, en el momento de la propaganda
la Gran Prensa
se mueve con soltura, con agilidad, es el momento del
ataque a las conciencias, de su manifestación y
consecuentemente, de idiotización del lector. En el
segundo momento, el del silencio, ella se halla
abroquelada. Ha sido afectada en su poder. Le han
cortado algún tentáculo. Su detractor no ha podido ser
sobornado de ninguna manera, pues él es un hombre con
principios y que vive en función de un ideal. Luego,
hay que evitar que se lo conozca, pues reconociéndolo,
sus principios y sus ideales se tornarán peligrosos
para el statu quo reinante, hoy expresado a través del llamado pensamiento
único y políticamente correcto.
Es este, sintéticamente, el mecanismo de los embaucadores de conciencias
y José Luis
Torres con
sus vida y su muerte, es un ejemplo irrevocable de lo
que este enfrentamiento acarrea. Sobre él escribió
Arturo Jauretche: “No
hay ningún periodista argentino que no haya querido
escribir su necrológica. Pero no hay ningún periódico
argentino que haya querido recogerla. Este silencio que
ha habido para la muerte de José Luis Torrres, prueba
simplemente que murió en su ley. Esto es lo que se
llama aquí “libertad de prensa”. Libertad de los
intereses antinacionales y antipopulares, para impedir
que tenga medios de expresión lo nacional
y popular”(1).
Vida y obra de Torres
Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 21 de enero de 1901, fue
su madre una mujer de condición humilde, siendo su
padre un ingeniero del ferrocarril, Domingo Torres, que
lo reconoció como hijo. Sus estudios llegaron a cuarto
grado del colegio primario, lo que habla a las claras
del carácter autodidáctico de su formación.
“Ya a los 14 años, recuerda la segunda señora de Torres, se unió a la
acción anarquista para realizar la primera huelga
violenta en el Ingenio Ledesma de Tucumán, a fin de
conseguir el salario de 3 pesos para los obreros del
surco”.
Al tiempo comienza a trabajar para el periódico tucumano El
Orden. Es allí donde aprende el oficio de
periodista y desde donde empieza, ya a los 18 años, su
primera campaña periodística contra los que serán sus
enemigo de por vida: la
oligarquía maléfica y los perduellis, como los
identificará años más tarde en libros homónimos.
Pasados los 20 años se trasladó al norte donde contrajo enlace con una
mujer del lugar de quién tuvo la menos un hijo,
Domingo. Ahí, nos cuenta Torres “En
Salta y Jujuy fui director de diarios, obrero de
ingenio, motorista de automóviles de alquiler(tachero,
diríamos hoy), y siempre por temperamento, por vocación
y por deber, agitador de rebeldías(2).
Enviudó relativamente pronto, hecho que lo movió a retornar a Tucumán.
De allí en más su figura comienza a adquirir dimensión
política propia, y así lo vemos en 1932 cumpliendo
funciones de ministro de gobierno de Juan Luis Nogués,
quien a juicio de un oligarca de la talla de Juan Simón
Padrós: “ Renunció
a la tradición legada por sus mayores, junto con su
sangre y su apellido”. Y ello por qué. Porque
Nogués y Torres como su ministro, llevaron a cabo el único
gobierno de provincia que defendió la autonomía
federativa de la misma contra la voluntad
inconstitucional del testaferro Agustín P.Justo y su
patrón el requeteoligarca
Centro Azucarero Tucumano. Este enfrentamiento
motivó la intervención de la provincia ante el
silencio cómplice del Congreso de
la Nación.
Después
en 1933, el que va a ser reconocido como El
fiscal de la década infame, viaja
a Buenos Aires donde se radica definitivamente, pues
consideraba que “la
cabeza de la hidra estaba aquí”. Al viajar a
Buenos Aires, cumplidos los 32 años, Pepe Torres ya está
formado y la influencia del nacionalismo porteño y
oligarcón es casi nula. Su nacionalismo fue siempre de
Patria Grande, debido sobre todo por sus contactos
permanentes con lo que fuera para nosotros el Alto Perú,
esta vinculación existencial con
la América
profunda lo hizo el más americano de los hombres de su
generación por lo que se emparenta mucho con Manuel
Ugarte, un hombre de la generación anterior. Esto me
trae a la memoria una anécdota: “No,
Sandino no es comunista, como dice la propaganda yanqui,
Sandino es nacionalista como nosotros”. Era la voz
áspera de un hombre gravemente enfermo que había dado
su vida y sus bienes(de pobre que era fue a parar al
osario público) por su patria y por su pueblo. De la
mano de Pepe Taladríz el hermano de Domingo el
imprentero del nacionalismo peronista estaba ahí
parado, inmóvil, un joven de escasos 17 años conmovido
por la situación y las denuncias que salían a
borbotones de la boca de ese viejo gruñón. Ese hombre
era José Luis Torres y era la primera vez que lo vi allá
por 1963.
Comienza
con su llegada a Buenos Aires su período más fértil y
combativo, pues junto con las denuncias del negociado de
la venta de tierras de El Palomar(origen de la fortuna
de Roberto Noble y de Clarín); de la estafa de la
conversión de la deuda pública externa de la provincia
de Buenos Aires en 1935; del Instituto Movilizador; de
la ley de Coordinación de Transportes; de los
monopolios del gas y teléfonos, hace campaña periodística
contra
la CADE
, el grupo Dreyfus, el engendro de creación del Banco
Central por parte de Inglaterra y la denuncia de
la Banca Bemberg
, prepara el clima de lo que él llamaba
la Revolución Nacional
de 1943 y el posterior gobierno del General Perón.
En cuanto a su vida privada, el hecho más significativo por esa época es
su enlace en 1940 con Brígida Sal que lo acompañará
hasta el resto de sus días y de quien tendrá una hija
que agregará alegría a su carácter ya jovial. En una
carta desde Mar del Plata fechada el 26-12-74 la viuda
nos contará que “vivo
prácticamente en la casa de mi hija ayudándole a
manejar los mellizos”.
Si bien en el 43 publicó su primer libro Algunas maneras de vender la patria, es recién en el período que
va del 43 al 53 donde Torres halla relativa tranquilidad
para dejar por escrito sus experiencias, luchas e
ideales. Así, Los
perduellis(1943),
La Década Infame
(1945),
La Patria
y su Destino(1947), Seis Años después(1949), Nos
acechan desde Bolivia(1952),
La Oligarquía Maléfica
(1953) son algunos de los títulos más salientes de
su producción.
Pero José Luis Torres no es un hombre de partido sino de
la Nación
y ante la burocratización del peronismo, compuesta por
esa camándula de adulones y alcahuetes que siempre
rodearon a Perón, alzará nuevamente su pluma, o
colaborará con sus pocos ahorros, en defensa de los
intereses nacionales y populares.
Es por lo demás conocida la colaboración desinteresada que prestó al
gobierno de Perón, quien incluso más de una vez lo
mandó llamar a fin de que lo informara sobre temas de
vital importancia para el país. Es plausible que haya
sido Torres, quien redactó el borrador de la proclama
del GOU del 4 de junio de l943, habida cuenta que era
Perón quien lo visitaba junto a otros oficiales en su
casa de la calle Perú casi Independencia.
Con posterioridad a la revolución del 55 edita la revista Política
y Políticos, que tenía como leyenda “ni con
unos, ni con otros”, de la que logran salir ocho números
hasta que es cerrada por orden del almirante Rojas. En
ella Torres, que era su único redactor y escribía con
estilos diferentes para darle mayor relieve, estigmatizó
la revolución triunfante desde todos los ángulos,
bautizándola como “revolución fusiladora”, nombre
con que años más tarde se la identificó
definitivamente. Es éste, otro de los rasgos del
“Loco Torres” como lo llamaban sus amigos, el poder
sintetizar en un nombre preciso y apropiado hechos,
personas y épocas. Así, a él se debe la caracterización
de “Década Infame” al período del 32 al 43;
“Oligarquía maléfica”, al sector social de mayor
recursos que se enriqueció a costillas
del pueblo en ese período y “Perduelio”, al
aparato financiero y legal montado por los enemigos
internos de la patria para su liquidación.
Clausurada la revista viaja a España, pues sostenía que: la
cabeza de la hidra está en Europa y yo tengo que ir a
cortarla allá. Se entrevista con
Pío Baroja, el inconformista ibérico autor del
inhallable ensayo Comunistas,
judíos y demás ralea.
Sin embargo, a los dos meses, él que había sido un hombre todo vigor y
dinamismo, regresa desanimado y sin fuerzas. Ya había
comenzado a desarrollarse la larga y penosa enfermedad
que le resultará mortal. Y así, mostrando un desinterés
total, confiesa: Como
Carlos Guido Spano, me corto la coleta y me meto en la
cama a leer. No escribo más.
Luego de casi una década de oscuridad y silencio, fallece en Buenos
Aires, el 5 de noviembre de l965, en la pobreza más
absoluta. Sus amigos entre ellos Pepe Taladriz, realizan
una colecta para comprar el cajón. Sus restos descansan
en el osario público del cementerio de
la Chacarita.
Mas, como el mismo lo previera, no murió del todo, pues “Hasta
después de muerto ha de prolongarse en el tiempo la
consecuencia de mi esfuerzo”.
1.- Jauretche, Arturo: periódico “Prensa Argentina”, Bs.As. 5-11-65.-
2.- Torres, J.L.:
La Década
infame, Bs.As.,
Freeland, 1973, p. 26.-
alberto.buela@gmail.com
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