Por/ Alberto Buela
El
hombre como ser carencial
Es sin duda el mérito de uno de los más
grandes filósofos y sociólogos del siglo XX, Arnold
Ghelen(1904-1976) el definir al hombre como un
animal deficiente(1). Desde el punto de vista de su
pobreza instintiva y orgánica, no tiene garras, ni piel
aislante, ni colmillos desgarradores, el hombre es un
ser deficiente o carencial (Mängelwesen).
Para ciertas funciones vitales de la subsistencia el
hombre debe aprender a utilizar sus recursos físicos e
intelectuales, esa franca desventaja frente a los otros
animales la tiene que paliar mediante el uso de la técnica.
Ésta es el instrumento mediante el
cual se sirve el hombre para mitigar e incluso superar
sus debilidades biológicas.
La técnica, en griego téchne
no es
otra cosa que la proyección de los órganos, y es en
este sentido que pudo afirmar Aristóteles: “la
mano es el instrumento de los instrumentos”. Así
el gancho será un dedo doblado, un plato el hueco de la
mano, el pulgar oponible una tenaza, los dedos abiertos
un peine o un rastrillo. De las diversas posiciones de
los brazos, la mano y los dedos surgirán instrumentos
de caza, pesca y labranza fácilmente observables.
Etapas
en la historia de la técnica
La técnica al ir paulatinamente aliviando
la carga de las tareas a realizar hace que el hombre
tome cada vez más distancia de la naturaleza hostil y
amenazadora.
Podemos establecer tres momentos o
etapas en el desarrollo de la técnica.
1)
Así en un primer momento se presenta como “proyección
de órganos” (El martillo no es otra cosa que un puño
cerrado golpeando), cuando el hombre tiene todavía que
invertir un gasto físico
y mental en el uso de la herramienta.
2)
En un segundo momento tenemos la “descarga de órganos”,
donde las máquinas de fuerza (el uso del motor a
explosión) sustituyen la fuerza física del hombre
produciendo la descarga del esfuerzo de trabajo.
3)
Finalmente en una tercera etapa ocurre la “sustitución
de los órganos” donde las herramientas se transforman
en artefactos sofisticados(robots, computadoras) que
sustituyen incluso el esfuerzo mental del hombre. Se
cierra así el círculo de sustitución del factor
humano por parte de la técnica, círculo que es más
bien una espiral, pues muestra al hombre creando algo
que sigue su propia dinámica de desarrollo insensible a
los lamentos de sus diseñadores.
El
hombre como animal de costumbres
El
hombre en tanto ser deficiente ha buscado la adaptación
al entorno a través de la técnica llegando a una
automatización cada vez mayor, y ello como
consecuencia de la necesidad intrínseca que
tiene de lograr una adaptación estable al medio.
El
fenómeno repetitivo, reiterativo, regular y estable de
las acciones y los actos lleva seguridad al hombre como
ser de acción.
A
su vez esas acciones rutinarias se inspiran en la
fascinación que los ritmos que lo rodean ejercen sobre
él. Estos movimientos rítmicos del mundo natural (la
sucesión de las estaciones, las mareas, la respiración,
los latidos del corazón, el trote de los caballos, la
regularidad de los nidos, panales y hormigueros,
etc.etc.) hacen que el hombre haya comenzado su
desarrollo técnico imitando a la naturaleza.
Así
en un primer momento ara los mismos campos, con las
mismas herramientas y en las mismas fechas. Esta es una
acción orgánica y vivida, porque él está implicado
en la misma.
En
un segundo momento encontramos las acciones mecánicas
que son aquellas que se producen sin variación posible.
Se produce lo idéntico sin matices. El hombre se limita
a controlar el funcionamiento de la máquina.
En un tercer momento, el de la robótica inteligente, pasa de un ser de
control a un ser superfluo o pasivo. El hombre como ser
de acción ha sido totalmente reemplazado. Hoy estamos
viviendo esta última etapa.
El
sentido de la técnica
Mucho y bueno se lleva escrito sobre la técnica, recordemos tan solo
tres o cuatro estudios insustituibles:
Heidegger(1889-1976): La
pregunta por la técnica; Spengler(1880-1936): El
hombre y la técnica; Friedrich Georg Jünger(1898-1977):
La perfección de
la técnica; Ortega y Gasset(1883-1955): Meditaciones
sobre la técnica.
Cada uno de ellos en mayor o menor medida aportó su grano de arena en
la desmitificación de este concepto denunciando la
alienación que produce en el hombre su uso exagerado y
sin medida.
Así Heidegger dice: la esencia
de la técnica es en un sentido elevado equívoca, por
una parte constituye el peligro y por otra lo
salvador.p.76
Spengler a su turno afirma: El
hombre fáustico creador de la técnica comienza a
hartarse de ésta, se ha producido la traición de la técnica
para con sus creadores p. 103
F.Jünger dice: las máquinas,
"per se", imponen la creación de otras máquinas,
hasta alcanzar el automatismo completo dominado por su
propia lógica.p.72
Finalmente Ortega afirma: la técnica
es el esfuerzo para ahorrar el esfuerzo, lo que hacemos
para evitar los quehaceres que la circunstancia primaria
nos impone” p.O.C. 333
Si leemos con atención estas cuatro citas magistrales veremos como se
destacan en ellas tres rasgos esenciales del fenómeno
de la técnica: 1) su carácter de ambivalente; 2) la
idea de extrañamiento del hombre en ella y 3) como
liberadora del esfuerzo.
En el primer caso se destaca la primacía del hombre sobre la técnica
en el sentido que ésta es para o está al servicio del
hombre y no a la inversa, el hombre para la técnica,
que destacaría su aspecto alienante que está
denunciado en el segundo caso. Mientras que en el
tercero la técnica retoma la primera acepción como
liberadora del esfuerzo al servicio del hombre.
Se cierra así este círculo hermenéutico de interpretación de la técnica:
“la técnica está al servicio del hombre, no al revés,
y en esa medida es liberadora del esfuerzo”
El
riesgo contemporáneo
El hombre por la técnica mediatiza la inmediatez, con lo cual está
realizando, según la definición de hombre que nos da
Hegel: el ser que
puede mediatizar la inmediatez, su propia índole
pero al mismo tiempo puede por la técnica alienar dicha
esencia. Este carácter ambivalente de la técnica
evidencia su naturaleza de “medio” y no de
“fin”.
Nosotros, el hombre de hoy día, vivimos rodeados y subordinados a la técnica.
Nada de lo que podamos hacer para seguir viviendo está
libre de ella. Los artefactos nos rodean por todos
lados, computadoras, televisores, comunicaciones, dinero
electrónico, sexo virtual, píldoras anticonceptivas o
potenciadoras sexuales, vehículos de todo tipo,
etc.etc.
Salvo en algunas vacaciones campestres, el hombre contemporáneo dejó
todo contacto con la primigenia téchne.
Aquella que surgía de su propio cuerpo y era
expresión de sus propios necesidades.
Hoy al multiplicarse la técnicas se han multiplicado las necesidades,
muchas de las cuales son necesidades
falsas.
La paradoja, como nota característica de nuestra época, es que esta máxima
perfección de los medios, desarrollada por la más alta
y sofisticada tecnología va unida hoy a la máxima
confusión respecto a los fines.
¿Cuál es entonces la solución, si la hay?
En principio: poder decir no
a la técnica en aquellas cosas en que podemos
prescindir. Así, dejar el fast
food y tomarnos un tiempo para encender el fuego y
hacernos nosotros la comida. Evitar el aire
acondicionado y vestir más décontracté
utilizando los viejos ventiladores o abanicos.
Escribir a mano las cartas más personales dejando de
lado la computadora. Esto se ve también en la vuelta a
las artesanías. Los ejemplos son infinitos y que cada
uno agregue el suyo.
Y en segundo lugar, recuperar la serenidad en el trato con la técnica,
esto es, que si la tengo que utilizar sea de tal forma
que utilizándola no me alieno en ella sino que siempre
la domino(2). Y ello se funda no en el mayor o menor
manejo tecnológico, como piensan los tecnócratas, sino
porque yo (el hombre) le fijo los fines.
1.-
Sus obras fundamentales son: El hombre: Su naturaleza y
lugar en el mundo(1940); El alma en la era de la técnica(1957)
y su obra póstuma Antropología Filosófica(1986).Ediciones
en castellano El hombre, Sígueme, 1980 y 87; Antropología,
Paidós, 1993. En italiano:L´uomo nell´era tecnica,
SugarCo, 1987.-
Pueden
consultarse con mucho provecho los siguientes
artículos: Arnold Gehlen: La condición del
hombre en la era de la técnica, de José Javier
Esparza, en Hespérides N° 7, Madrid, primavera 1995.-
Una
antropología de la técnica, de Amán Rosales, en
Estudios N°64-65, México, primavera 2001.-
2.- Permítasenos una sutileza, nosotros decimos “usar la técnología pero dominándola”, en tanto que el
renombrado Marc Augé sostiene: “amar
la tecnología y saber controlarla”. A simple
vista pareciera lo mismo
pero no lo es, pues una cosa es “dominar
algo”, esto es, ejercer el señorío o tener imperium
sobre algo y otra cosa es “controlar algo”, esto es
fiscalizar, verificar o inspeccionar algo.
Además una cosa es usar, que es el verbo apropiado para los útiles
que siempre tienen el carácter de medios y no de fines
como es el caso de la técnica y otra cosa es “amar la
tecnología” como propone Augé(
La Nación
,22-6-05). Pues se ama sólo aquello en donde descansa o
se place el sentimiento. El amor tiene sentido de causa
final y no de medio. La tecnología se usa, los animales
se quieren y las personas se aman.
(*) CEES (Centro de estudios estratégicos suramericanos
alberto.buela@gmail.com
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