Por/ Alberto Buela
En un pequeño diálogo, casi no mencionado y para nada leído, Platón
nos deja sus razones por las cuales los griegos eran
superiores a los bárbaros. Si traemos a cuento esto es
para intentar ver cómo estos requisitos, rasgos o notas
características se dan entre nosotros, argentinos e
iberoamericanos, con la intención de ver si podemos
superar la capitis
diminutio : “ese
gran pecado mortal de ser americanos” del que nos
habla Alfonso Reyes. (Cfr. Notas sobre la inteligencia
americana). Cabeza disminuida tanto respecto a nosotros
mismos (la famosa autodenigración ibérica) como
respecto de otros pueblos (a los que consideramos
superiores).
Epinomis quiere decir apéndice de
las leyes, con lo que ya por el nombre Platón está
demostrando que este ha sido un diálogo continuador y
complementario al
último y más extenso de sus diálogos: Las Leyes.
El subtítulo de este brevísimo diálogo es: el filósofo. Pues se pregunta qué es antropológicamente un filósofo;
cómo se vincula con la sabiduría y la necesidad de ésta
para el legislador.
El diálogo puede ser dividido en dos partes: en la primera va a mostrar
como la sabiduría es inseparable de la ciencia de los números
y en la segunda, estudia la sabiduría en relación con
armonía numérica de las divinidades siderales.
Esta exaltación a la ciencia de los números y su vinculación con la
sabiduría y toda la astrolatría contenida en la
segunda parte, ha hecho que antiguamente se atribuyera
este opúsculo a Filipo de Oponte y no a Platón, un
miembro de
la Academia
más pitagórico que platónico.
Primera parte
Existen tres tipos de artes: a) aquellas que nos permiten adquirir todo lo
necesario para la vida – culinario, agricultura,
arquitectura, mueblería, ferretería, cacería,
etc.-. Pero que “en
ningún caso hace sabio a quienes las ejercen”. b)
aquellas artes de puro entretenimiento como la poesía,
el dibujo, la prosa, la escultura,
que “no
han hecho nacer la sabiduría en el alma de quien las
practica”, y c) aquellas artes cuya finalidad es
serle útiles al hombre. Ahora bien, dice el ya viejo
Platón “ El más
importante y el más extenso es el arte de la guerra
pero entra en él mucho la fortuna y el triunfo se debe
naturalmente al valor más que a la sabiduría”.
Siguen la medicina: “que
se apoya en conjeturas inciertas”; la
náutica: “no hay entre todos ellos ni uno solo que conozca la causa que levanta
o sosiega los vientos”;
la abogacía: “todo
su mérito consiste en tener memoria y conocer cierta
rutina”.
Si ninguna de estas artes produce en el hombre la verdadera sabiduría,
concluye Platón: “ Sólo
el conocimiento del arte de la ciencia del número
engendra la sabiduría. Y creo que un dios, más bien
que el azar, nos ha hecho la gracia de esta ciencia para
nuestra conservación”.
Segunda Parte
Y
es acá donde Platón se va a ocupar en forma concisa,
precisa y tajante de las ventajas comparativas que hacen
a los griegos superiores a los bárbaros o no griegos.
En primer lugar destaca el clima de Grecia
dado que: “es
el más saludable para la virtud. Su principal ventaja
consiste en que su temperatura es un término medio
entre el frío del invierno y el calor del verano”.
Y pasa inmediatamente a enumerar los tres rasgos o características de la
índole griega por las cuales superan a los bárbaros. Y
así afirma: “los
griegos con su educación, con el auxilio del oráculo
de Delfos y su fidelidad en la observancia de las
leyes”.
Analicemos los tres rasgos. a) La educación para los griegos no es lo que
es para nosotros hoy, en donde educar es llenar de
conocimientos la cabeza del alumno. No, para ellos
educación era paideia,
término que podemos traducir por formación
. “La
genuina paideia griega, sostiene Werner Jaeger en el
libro homónimo, significó
la formación del hombre de acuerdo con la verdadera
forma humana, con su auténtico ser. Y ese ideal es una
forma viviente que se desarrolla en el suelo de un
pueblo y persiste a través de los cambios históricos”(1).
Se educaba en la transmisión de valores y de ideales de
acuerdo a ese modelo ejemplar que de hombre tenían los
griegos.
b) La recurrencia al oráculo de Delfos como una ventaja de los griegos,
nos muestra que ellos no se creen autosuficientes para
resolver todos los problemas del mundo y del hombre.
Necesitan del auxilio de los dioses. ¿pero qué
auxilio?. El del oráculo que está en Delfos, cuyo
rasgo distintivo es que no habla, sólo indica y todo
ello lo hace por signos. Así nos lo cuenta Héráclito:
“El Señor, cuyo
oráculo está en Delfos, no habla ni oculta nada, sino
indica por medio de señales”(frag.93) . Con lo
cual deja a los griegos en libertad para hacer todas las
indagaciones racionales que deseen. Pero son
investigaciones que no nacen del la arbitrariedad o
capricho del investigador como ocurre con muchos de
nuestros actuales investigadores sino que nacen de una
señal.
c) La fidelidad en la observancia de las leyes ha sido el baluarte político
que ha hecho de los griegos un ejemplo imperecedero de
cuál debe ser la norma suprema para la convivencia política
y el logro de la vida buena. Es por ello que Goethe pudo
decir de los griegos que su norma suprema era: dichosa
la ley que nos hace libres. Esta vinculación entre
ley y libertad, incomprensible para nosotros hoy que
después de doscientos años de pertinaz liberalismo
entendemos por libertad sólo “el poder hacer lo que
se quiere”, o lo que es peor aún la libertad del
loco, que solo es esclavo de sus pasiones.
Existe una distancia sideral entre las razones que da Sócrates para no
huir como le sugerían Platón y el resto de sus discípulos,
cuando les responde: No
puedo desobedecer la ley de Atenas porque ella ha sido
mi madre y mi partera, sería como ir contra mi
mismo”(Cfr.Critón). Y las razones que esgrimimos
hoy todos para evadir la ley.
Consideraciones argentino-americanas
Si
le hacemos caso a Platón que el clima templado es el
mejor para la práctica de la virtud. El nuestro, por su
variedad, es incluso mejor que el griego.
a)¿
Nuestra educación es paideia? ¿Está acaso nuestra
educación anclada al suelo de nuestro pueblo?
Nuestra educación tiene como ideal la transmisión de conocimientos, de
saberes, si son muchos mejor. La curricula está cada
vez más cargada de materias al ñudo. Nuestros alumnos
y docentes están plenos de derechos y sin casi
obligaciones. El Estado, sobre todo el periférico,
bajo su forma socialdemócrata se caracteriza por
otorgar a sus ciudadanos infinita cantidad de derechos
que después no puede cumplimentar por carecer, entre
otras cosas, de medios económicos.
El
maestro como fuente de saber, según el modelo
progresista ilustrado que nos rige actualmente en
educación ha venido a reemplazar al maestro como fuente
de sabiduría. Es decir, aquel que une en si saber más
experiencia y la puede transmitir llanamente a sus
alumnos. Esto se llama en viejo castellano sapiencia o
saber sapiencial.
En
cuanto al anclaje de nuestra educación en el suelo de
nuestro pueblo es lo más alejado de ese requisito.
Nuestra educación imita e imita mal. Es como alguna vez
dijera Perón: Dejemos
de ser un espejo opaco que imita y para colmo imita mal.(Cfr.
Proyecto Nacional).
No
puede existir una educación apropiada sino está
enraizada en un suelo. El círculo hermenéutico de la
idea de cultura nos está indicado eso. La cultura es un
cultivo que da un fruto que sabe y ese saber que es una
sapiencia crea una cultura y así sucesivamente.
b)
¿Tenemos algún oráculo en Delfos? ¿El oráculo que
tenemos señala o parlotea todo el tiempo?
El
gran oráculo hoy en nuestros paisitos de
la América
del Sur es la
patria locutora de la radio y televisión basura y
sanguinolenta. Los periodistas son los modernos oráculos
del pensamiento único que viene pensado desde los
centros de poder mundial.
Ellos
son los nuevos intelectuales que al hablar por hablar
sin decir que nada es verdadero ni nada falso, en un
relativismo cultural que todo lo permite y donde nada es
posible, salvo la imitación y la copia, nos zumban al oído
las veinticuatro horas del día y como dioses
totalitarios nos extrañan a nosotros de nosotros
mismos, no dejándonos nunca solos.
c)
En cuanto a la fidelidad en la observancia de las leyes,
el tercero de los rasgos por los cuales los griegos son
superiores a los bárbaros. Nosotros no podemos ni
siquiera abrir la boca. Nuestras sociedades
suramericanas son por naturaleza anómicas. La anomia es
la ley. Y de esa anomia generalizada surgen como por
arte de birlibirloque nuestros inimputables jueces,
nuestros corruptos dirigentes y gobernantes, nuestros cómodos
pastores, nuestros extraños empresarios y ocultos
banqueros.
La
conclusión no puede ser menos halagüena. De seguir así,
no vamos camino a ser como los antiguos griegos sino más
bien a ser un miasma antropológico que en lugar de
llegar a ser la
raza cósmica que preconizaba José Vasconselos,
vamos a llegar a ser la
raza cómica, como en nuestra época de estudiantes
remedábamos al filósofo mejicano.
Todo
nos indica que tenemos que cambiar y cambiar
radicalmente si queremos existir con vida propia en la
historia del mundo.
alberto.buela@gmail.com
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