El solía presentarse diciendo: “Yo nací el 13 de julio de 1924 en “El Pueblito”, un viejo pago del distrito entrerriano de Don Cristóbal, en el cual, según se ha comprobado, Rocamora tuvo el propósito de fundar a Nogoyá. Pero de hecho Nogoyá se fue formando, como sucede muchas veces en la historia, alrededor de una capilla (capilla de la Virgen del Rosario), la que fundó el padre Quiroga y Taboada. El Pueblito, que era la zona más poblada en la última época de la Colonia, no pudo ser el centro urbano y quedó como pago.”
Su padre, Eleuterio Chávez Pérez (“Don Luterio” para todo el pueblo) lo anotó en la Alcaldía del lugar con el nombre de Benito Enrique Chávez. Su madre, Gregoria Urbana Jiménez Alzogaray (conocida como “Ña” Goya) hizo la anotación parroquial –en la capilla atendida por Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar-, con el nombre de Benito Anacleto Chávez, confusiones comunes de la época.
Allá por 1937, en recordación del santo nacido en Pamplona durante el siglo III, se auto impuso el nombre de “Fermín”; fue cuando su maestro y guía espiritual (Fray Reginaldo) lo llevó a Córdoba para estudiar en el Colegio Apostólico de los Dominicos, donde permaneció hasta 1940.
Hombre de gran formación intelectual, comenzó sus estudios primarios en la escuela provincial N° 14 de Nogoya (1932-1936); su primer maestro y guía espiritual fue Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar, fraile dominico, para entonces el cura de aquella primera capilla (el mismo fraile que, en 1921 dio a conocer la fe de bautismo de Don José de San Martín)
La escuela 14 continúa educando a los pequeños nogoyaenses, como si el espíritu del viejo maestro la impulsara día a día. En ese lugar Don Fermín aprendió las primeras letras, los primeros juegos, y tuvo a sus primeros compañeros y amigos.
Una de esas compañeras, amiga entrañable, continuó siéndolo durante años y años; comenzaron quizás jugando a la rayuela, o a la escondida en el recreo y los años los hicieron seguir fieles a ese cariño y amistad, Don Fermín no dejaba pasar momentos libres sin retornar a El Pueblito para charlar con ella, amiga eterna y simple, que aún sigue allí, recordándolo, contando sus anécdotas de niños y sus charlas de adultos. Vive sola en su humilde vivienda rodeada de campo, de sembrados y del canto de los pájaros, tiene ya mas de 90 años, se llama Doña Manuela Amarillo, hoy reconocida y mimada por el Presidente Municipal de Nogoya, Dr. Faustino A. Schiavoni, y por todo el pueblo.
Fermín Chávez, fortificado por la escuela rural, su amor al gaucho y la guía de su maestro fraile, salió a la vida y continuó avanzando, estudió Humanidades en el Colegio Apostólico de los Dominicos, en Córdoba (hasta 1940), Filosofía en Buenos Aires y Teología en Cuzco (Perú) -la fe católica era el pilar fundamental en su vida-.
Inquieto, ansioso por las artes, cursó su aprendizaje de dibujo con el premiado pintor Fray Guillermo Butler, solía ilustrar con sus propios dibujos varios de sus trabajos.
La música también lo atrajo, principalmente nuestro folklore, en 1952 compuso letras para Nelly Omar, también escribió “Huella de Pedro Rosas y Belgrano” y, en 1974, escribió su cantata “Barranca Yaco” con música de Horacio Malvicino.
Su primeros contactos con el peronismo los tuvo en 1943, un 20 de junio, cuando por primera vez pudo ver al, entonces, Coronel Juan Domingo Perón, en la vereda de la actual calle Hipólito Yrigoyen (antes Victoria) al 300, y prontamente se sumó a sus colaboradores.
En 1950 en una peña de jóvenes escritores que funcionaba en el Hogar de la Empleada y se reunían todos los viernes, conoció a Eva Duarte de Perón. Evita leyó sus versos “Dos elogios y dos comentarios” y descubrió al enorme poeta nacional que había en el; se los hizo imprimir como “Edición Peña de Eva Perón”.
Luego lo llevó a trabajar en la secretaría de Salud Pública de la Nación primero y más tarde en la dirección general de Cultura bajo la dirección de José María Castiñeira de Dios.
Desde septiembre de 1955, participó e integró la Resistencia Peronista de los dieciocho años del “Luche y Vuelve”. En 1958 fue Vocal Suplente del Comando Táctico, designado por el Grl. Perón desde el exilio. En 1963 fue Delegado del Consejo coordinador y Supervisor del Justicialismo en Santiago del Estero. En 1984 fue miembro de la Comisión Asesora Política del Comando Superior Justicialista.
Ejerció la docencia en las Universidades de La Plata, de Lomas de Zamora y de Buenos Aires. Su conocimiento de las lenguas clásicas lo había llevado a traducir el Martín Fierro al latín
Desde 1974 vivió en el barrio porteño de San Telmo, donde siempre abrió las puertas de su departamento a los jóvenes (y a los no tan jóvenes) que concurrieron en busca de orientación o consejo y que él siempre recibió con la amabilidad que lo caracterizaba y con la palabra de aliento para continuar con la tarea emprendida.
Si no hubiese estado comprometido con la causa nacional y popular seguramente habría sido un intelectual de permanente consulta, por su amplio conocimiento, pero como ya sabemos los “medios de comunicación masiva” prefieren la opinión de aquellos que muy poca idea tienen sobre la realidad del país.
Todos los que tuvimos el honor de tratarlo, y aprender algo de lo que el transmitía, nos encontramos con un hombre sencillo, de una humildad extrema y de una generosidad sin límites, un hombre bondadoso, siempre dispuesto a recorrer el país dando charlas en locales del Partido, en Sindicatos, entregando su tiempo tan valioso para la investigación de nuestra historia, sin esperar nada a cambio.
Sufrió el castigo, como otros intelectuales del peronismo, y del campo nacional y popular, de la indiferencia de parte de la “inteligentia”, de los críticos y de los historiadores mediáticos, de los académicos, que silenciaron el inmenso valor de sus obras, relegándolo al lugar para ellos menospreciado el de “historiador del peronismo”, a pesar de que su nombre tenía ya reconocimiento mundial, siendo citado como una autoridad en obras de historiadores extranjeros.
Pocos hicieron tanto por la divulgación de la verdad histórica Nacional, popular y del Peronismo como lo hizo Don Fermín. Era un hombre con un profundo conocimiento de nuestra historia y de nuestras tradiciones, podemos decir sin exageraciones que era un hombre sabio, tan sabio como humilde.
Por su calidad de entrerriano, vivió la contradicción entre la historia oficial que reivindicaba a Urquiza y la historia del pueblo que simpatizaba con López Jordán, por eso uno de sus libros fue “Vida y muerte de López Jordán” editado por primera vez en 1957. De no ser por este libro los porteños desconoceríamos por completo la vida del que fuera, uno de los últimos caudillos federales.
Fermín Chávez encaró el estudio serio y con irrefutable documentación de aquellas personas que fueron ignoradas o distorsionadas por la versión liberal de la historia.
Así fue como escribió, también, “Vida del Chacho”, una biografía del Chacho Peñaloza, otro de los caudillos denigrados por los porteños, “El general Ángel Vicente Peñaloza es uno de los grandes infamados de nuestra historia oficial. Sabido es que el Olimpo liberal argentino no admite más que aquellas figuras protagónicas en un todo ortodoxas, es decir, las enteramente aceptables a la fórmula implícita en el slogan Civilización o Barbarie”
Nos contaba que tanto el Chacho como López Jordán fueron víctimas del odio del Sarmiento hacia el Partido Federal y todo lo representado por él. Sarmiento y Mitre manipularon la historia para mostrarnos como forajidos a aquellos líderes que representaban a las masas del interior, identificando a estas con la Barbarie, en tanto el capital extranjero y sus agentes eran mostrados como representantes de la Civilización. Esta zoncera, la mayor de todas según Jauretche, ha subsistido hasta nuestros días.
En otra biografía, nos muestra a José Hernández, al que solo conocemos como autor del Martín Fierro ignorando su militancia federal, cualquier referencia a su actuación política fue silenciada sistemáticamente, aún más, hasta el auténtico sentido de su obra fue distorsionado. Nos dice Don Fermín en su libro “José Hernández”: “Si la personalidad del autor del Martín Fierro fue hasta hoy objeto de deformaciones, ello no ha ocurrido en forma casual ni de un modo excepcional; no se trata, en verdad, de un hecho aislado, ante el cuál debamos sorprendernos, sino más bien de una manifestación más de ese proceso unitario, parcial y equívoco, en que se ha venido desarrollando la cultura nacional justamente desde los días en que aquél argentino decidió ‘cantar opinando’.
Nuestra historia sigue rindiendo homenajes a personajes de la calaña de Sarmiento pintado como el gran educador, y silenciando su carácter de instigador intelectual en la matanza de miembros del partido Federal y de caudillos del interior.
Fermín Chávez fue autor de más de 40 libros y opúsculos sobre historia política e historia de las ideas entre algunos de esos títulos encontramos: “Vida y muerte de López Jordán”; “José Hernández, periodista, Político y Poeta”; “Vida del Chacho”; “Civilización y Barbarie en la Cultura Argentina”; “Historia del País de los Argentinos”, “Iconografía de Rosas y de la Federación” (3 tomos); “Perón y el Peronismo en la Historia Contemporánea” (2 tomos); “Eva Perón en la Historia”; “De Don Juan Bautista a Don Juan Manuel”; "Eva Perón sin mitos", “Alpargatas y Libros”; "La vuelta de Juan Manuel", "Un proyecto olvidado, la Confederación Argentina", "Poemas con matreros y matreras", "El diputado y el Político", “Revolución Libertadora la Cuarta Invasión Inglesa”, “Historicismo e Iluminismo en la cultura argentina", y "Pensamiento Nacional", son algunos de sus títulos , publicados desde 1956.
Además, era poeta, dibujante y músico.
En 1974 Juan Lamela lo distinguió con la “Orden Pampa”; en 1990 recibe el Premio Consagración Nacional; en 1991 recibió los premios Bartolomé Mitre y Adolfo Saldías y el Municipio de Nogoyá, Entre Ríos, lo declaró Nogoyaense Ilustre; en 1993, TEA le otorgó la distinción, la manzana de oro, “Al Maestro con Cariño”; el 2 de octubre de 2003, por Ley 1090, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo declaró ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; en el 2003, El H. Congreso de la Nación lo distinguió como “Mayor Notable de la Argentina” y el 8 de diciembre de 2003 recibió de la Agrupación Oesterheld la estatuilla de “El Eternauta”.
Su presencia angelical y austera, baja estatura, de gorra, pañuelito al cuello y alpargatas, nos acompañará por siempre, él cebaba el mate amargo, sabía de filosofía, teología, sociología, folclore, literatura, latín, música, historia, leyendas, refranero, inmigraciones, zoología, botánica ..., con el era un placer pasar las horas escuchando, con el se aprendía a escuchar y a pensar.
La muerte de su hijo mayor, Ricardo Fermín, acaecida ese mismo año en un accidente aéreo lo dejo muy mal, recuerdo el día que lo llame para darle el pésame, terminé la charla con lagrimas en los ojos oyendo al viejo maestro hablar con tanta fortaleza mezclada con su dolor.
Don Fermín Chávez, falleció el 28 de Mayo de 2006, a los 81 años, a las 8.45, en el sanatorio porteño Méndez, luego de una descompensación renal por la que había sido internado una semana atrás, mientras trabajaba en sus últimos libros.
Cuando después de su fallecimiento, se le presentaron a la Secretaria de Cultura de la Nación esos dos últimos trabajos: Reseña de acontecimientos históricos 1553-2003 y Diccionario Histórico Argentino, fueron rechazados por contener “sesgo ideológico” en su contenido.
El nos enseño que todas las formas de historia son militantes, así vivió y así murió, siempre fiel a sus convicciones, con el mismo “sesgo ideológico” federal, nacional y popular que reflejaron sus libros.
Finalmente descansa en su solar natal “El Pueblito”, Nogoya, Provincia de Entre Ríos, frente a la vieja capilla de la Virgen del Rosario, a puro campo, donde tantas veces se habrá sentado a charlar, cuando niño, con Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar, su maestro y guía, quien descansa dentro de la capilla, juntos harán larga la mateada y la charla en el comando celestial, eso si, Don Fermín seguramente es quien esta cebando amargos, como siempre.
Fue, simplemente, un nacional. Tan simple como su poema:
“Milonga Bautizada”
Yo me crié en El Pueblito,
Arroyo de aguas marrones,
Bailé varios pericones
Como el Marechal pibito. . .
¡Que lindo ver en el llano,
Ver un poeta naciendo,
Verlo como va subiendo
Humo de Dios y paisano!
Bibliografía:
“Fermín Chávez – Poeta, Dibujante, Historiador” – Alberto González Arzac
“Fermín Chávez” – El Forjista
“Reportaje a Fermín Chávez” - Eduardo Scirica
Pagina web “Pensamiento Nacional”
Archivo de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Ai
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