CUANDO LO MISMO, ES DIFERENTE Y LO DIFERENTE ES LO MISMO

 

 

Por: Daniel Brion

Hay muchas cosas del actual gobierno con las que no estoy de acuerdo y otras tantas en las que, definitivamente, disiento, mas allá de las definiciones puramente políticas.


Por ejemplo: no estoy de acuerdo con los índices de precios que suministra el INDEC, me parece un "dibujo" que únicamente cree quien determina esos índices. La realidad de todos los días nos muestra que no existe una verdadera relación entre el costo real de vivir para una familia de clase media –ni hablar de familias carenciadas- y tamaña incongruencia matemática.
La desnutrición y los precios de la canasta básica dicen exactamente lo contrario.
De que índices me hablan entonces, con eso no estoy de acuerdo.

También disiento absolutamente, cuando me "cuentan" la incorporación de Argentina al selecto club de los países que cuentan con trenes de alta velocidad y que costará no menos de US$ 3.000 millones que se terminarán pagando con recursos y subsidios estatales.
El ambicioso proyecto del "tren bala" a Rosario y Córdoba arrancará en los próximos días con la precalificación de los grupos oferentes, que deberán financiar la mayor parte de las inversiones y si se cumplen los plazos en juego, a fines de 2009 se tardará sólo una hora y media para ir de Retiro a Rosario en los nuevos trenes de alta velocidad. (en realidad a mediana velocidad pues nos traerán los que en Europa ya no son de Alta Velocidad).
Entonces siento como si me estuvieran tomando en joda, o tratando como disminuido mental y pienso que con ese presupuesto bien podrían ponerse en condiciones los trenes Constitución/La Plata, o Plaza Once/y las localidades del oeste del Gran Buenos Aires, dando comodidad, una forma digna y humana de viajar a todos esos usuarios que actualmente lo hacen sin ventanas, colgados, subidos a los techos, sin seguridad alguna y, ocasionalmente, son tirados de los vagones por mal entretenidos y delincuentes que les quitan el bolso con su ropa de trabajo y las pocas monedas que llevan consigo; o quizás lograr que el tren Constitución/Mar del Plata llegue en al menos cinco horas y no en diez o doce, haciendo pasar hambre y sed mientras espera ser reparado a la mitad del recorrido, cada verano; o reestablecer las líneas férreas que se han dejado de utilizar.
Con esto estoy absolutamente en contra.

Pero -siempre hay un pero- cuando el gobierno tiene que bancarse un lock out agrario como el que se viene bancando, entonces –mas allá de simpatías o antipatías con quienes nos gobiernen-, estoy apoyando, protegiendo a los argentinos y, sobre todo, a los más desprotegidos, a los desposeídos de siempre.

No se trata, a mi entender, simplemente un reclamo de los pobres horticultores, ni pequeños productores

Comienzo a hacer memoria y recuerdo cuando:

  • En 1947 fue encomendada a Quijano la presidencia de la campaña contra el agio, la especulación y los precios abusivos, comenzaban a intentar derrocar al gobierno constitucional con esta maniobra; Perón promulgaba el decreto de indemnización por despido, el cobro del aguinaldo, el reajuste salarial por costo de la vida. La UIA no paga el aguinaldo y la patronal decide el lock out de las empresas. Estamos en el 16 de enero de 1946, un mes antes de las elecciones presidenciales. Perón las gana no obstante esto.

 

  • En 1953, el gobierno había dispuesto la fijación de precios máximos, extendiendo la medida a todos los artículos de primera necesidad. A las 22 horas de aquel día mencionado, los consumidores argentinos, escuchaban por la Red Argentina de Radiodifusión la buena noticia. También se dejaba claro que los consumidores recibirían todo el apoyo del gobierno y en forma "plena, directa de las autoridades policiales", para el caso de algún abuso o infracción a la medida, era una  cuestión de estado, el gobierno de aquel entonces se declaraba en sesión permanente, junto a la Comisión Consultiva Económica y la Comisión de salarios y precios y se les aconsejaba a los consumidores "ser un inspector del gobierno para mandar preso al comerciante que no cumpla con los precios que ha comprometido con nosotros en esta ocasión". Este era el discurso del Presidente Juan Domingo Perón y proseguía "Los productores de ganado deben considerar que ellos son servidores del pueblo, y, en consecuencia, tienen la obligación de abastecer. Tan pronto ellos no abastezcan en la medida que de la necesidad, han dejado de cumplir con su deber y deben cargar con las consecuencias…".

En ese entonces la crisis de desabastecimiento de carne y pan, era complicada. En el ´53, el gobierno tras haberse reunido con las autoridades de la C.G.T., las Comisiones de Precios y Salarios, empresarios, etc. había otorgado una semana de plazo para normalizar el abastecimiento de carne. El problema se debió a que los ganaderos se negaban a enviar carne a la Capital Federal, por la existencia del mercado negro en el interior. El gobierno había amenazado con aplicar rigurosamente la Ley contra el agio (usura, especulación, abuso). También aclaraba que "el productor, vende al mercado negro a mayores precios que los fijados como precio oficial y entonces no manda a la Capital Federal porque aquí le haremos cumplir el precio. Manda al interior su vacas porque ahí no cumple el precio y las vende mucho mas caro en el mercado negro", sentenciaba y explicaba el panorama.
El campo, esa oligarquita terrateniente, se ponía al frente de quienes intentaban desestabilizar y hacer caer al gobierno democráticamente electo.

  • El lock out agrario de 1975, fueron cuatro paros entre marzo y noviembre de ese año. El cuarto marcó el record –para entonces- de 18 días, Un quinto estaba previsto para el 27 de marzo de 1976. No hizo falta: tres días antes los militares tomaron el poder, la oligarquía terrateniente había logrado su objetivo.

Confederaciones Rurales Argentinas y Federación Agraria fueron la punta de lanza de los productores. Esas dos entidades presentaron el 19 de septiembre de 1975, al iniciar su tercer lockout del año, un documento con 14 puntos donde se le comenzaba exigiendo al gobierno de Isabel Martínez de Perón "derecho de participación de las entidades gremiales representativas del agro en el estudio y la elaboración de la política económica nacional" (sic). Por entonces, el problema no eran las retenciones a las exportaciones sino las juntas nacionales, a través de las cuales el Estado fijaba precios máximos para las producciones. Esa intervención estatal era vista como una herejía por los chacareros, los cuales al mismo tiempo reclamaban, paradójicamente, desgravaciones impositivas para estimular la retención de vientres y el aumento de la producción, créditos a tasas blandas y la "aplicación de medidas cambiarias que posibiliten la exportación fluida de la producción agropecuaria en gen eral y ganadera en particular", entre otros puntos. Esa última exigencia es relevante porque, ahora que hay un tipo de cambio alto, los productores desestiman la importancia que viene teniendo la herramienta cambiaria como incentivo para la exportación.
Desde el oficialismo se acusó a las entidades del campo de expresar los intereses de la oligarquía terrateniente. Sin embargo, los dirigentes rurales aseguraron que "la protesta no surge de ningún pequeño o privilegiado sector de grandes ganaderos sino que se nutre de la decidida voluntad de millares de productores que nada tienen de oligarquía vacuna" (comunicado de Carbap, 22 de septiembre de 1975). También se los tildó de desestabilizadores y la respuesta llegó desde la tribuna televisiva que ofrecían Bernardo Neustadt y Mariano Grondona en el programa Tiempo Nuevo. "No es un paro golpista", sostuvo entonces Jorge Aguado, titular de Carbap. "Hay enemigos del país que se niegan a reconocer que el campo es su columna vertebral", agregó. Los diputados peronistas Julio Bárbaro y Alberto Stecco reafirmaron la posición oficial con opiniones muy similares a las que hoy en día se escuchan en Casa Rosada. "El lockout ganadero, decretado por las organizaciones que agrupan a los elem entos más reaccionarios de los sectores tradicionales del privilegio y sus socios menores, constituye una provocación política que apunta a perturbar el accionar del gobierno justicialista", expresaron en un documento difundido el 26 de septiembre, donde también se reafirmaba la facultad del gobierno para definir la política económica: "El sentido político reaccionario del paro ganadero no puede ser disimulado con supuestas reivindicaciones sectoriales donde medidas que hacen a la política económica, que no pueden ser resignadas por el Poder Ejecutivo, se confunden con legítimas aspiraciones de auténticos productores".
Por esos días el gobierno amenazó con decretar en estado de emergencia económica la comercialización de ganado. La medida autorizaba a la Junta Nacional de Carnes a proponer procedimientos tendientes a mantener el normal abastecimiento de la población, incluso contemplando la posibilidad de expropiar ganado. La respuesta por parte de los huelguistas no se hizo esperar. "Van a ocurrir hechos de violencia que nosotros no podemos controlar", aseguró en respuesta el titular de Federación Agraria, Humberto Volando. El cuarto lockout del año llegó a su fin el 10 de noviembre, pero el enfrentamiento siguió su curso. El 16 de febrero de 1976 la gran mayoría de los productores adhirió al paro empresario propuesto por Apege y el 27 de marzo tenían previsto iniciar otro lockout sectorial. Sin embargo, las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel Perón antes de esa fecha. Los principales dirigentes del campo celebraron la llegada de la dictadura militar, a punto tal que Jorge Aguado, titular de Carbap, terminó siendo secretario de Agricultura de Roberto Viola y gobernador de la provincia de Buenos Aires con Leopoldo Galtieri.

  • La situación actual: Me gustaría dividirla en dos puntos de vista:

 

No hace mucho tiempo atrás, el pueblo marginado, carenciado, trabajador, salía a la calle y cortaba algunas rutas exigiendo una mejor posibilidad de vida, el poder acceder a un trabajo, y llevar el pan a la mesa para compartir con sus mujeres e hijos. Entonces, la mayoría de los noticieros de la prensa canalla y la opinión pública de las señoras paquetas y los señores en coches importados (me recuerdan a la G.C.U. –gente como uno- en la Tía Vicenta de Landru)  solían decir: "esos negros de mierda, quienes se creen que son para cortar una ruta, como se les ocurre cortar una calle y hacernos llegar tarde a la oficina o impedirnos circular para irnos de fin de semana largo, una vergüenza que el gobierno no saque a la gendarmería y a la prefectura y los saquen de allí a patadas en el culo" (o algo parecido, si la memoria no me falla).Iluminados "comunicadores sociales" decían desde sus programas de radio y televisión que "el derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro, que no podía justificarse esos cortes de ruta ni de calles, que ocasionaban un serio trastorno a la sociedad toda".

  Sin embargo, ahora, cuando hay mas de trescientos cortes de ruta, cuando cientos de miles de litros de leche son tirados por no poder pasar, cuando las verduras se pudren y la carne no llega a Liniers, sin olvidar los micros de pasajeros y los vehículos particulares que no pueden ni llegar a destino ni volver al punto de partida, por estar precedidos y/o continuados por filas kilométricas de camiones y automóviles, cuando una persona ya falleció por no poder pasar el corte; esos mismos "comunicadores sociales" esos mismos periódicos, esas mismas emisiones radiales, dicen: "tiene una masiva adhesión el paro del campo, ya hay casi 300 cortes de ruta en todo el pais".
Y sale la G.C.U. de las señoras gordas, de los caballeros paquetes, de los jóvenes cultos, a golpear cacerolas en apoyo a los pobres terratenientes ; todos ahora preocupados por el agro, por las retenciones, por la soja. . ., en fin, parece la misma procesión de Corpus Christi de antaño, las cacerolas suenan en realidad hoy igual que aquellas porque se pretende redistribuir mejor la riqueza y, ¿cómo se les va a dar algo a esos negros?;  para que después levanten el parquet y lo quemen como madera para calentarse, si no saben vivir, ¡que vergüenza. . .! (que hijos de puta ustedes, los que así lo piensan)

Entonces nadie menciona que esos mas de trescientos cortes de ruta, para que la soja tan preciada sufra menos retenciones, provocan desabastecimiento de mas de un centenar de productos que nada tienen que ver con el reclamo, a millones de ciudadanos,  pero claro, ahora no son cabecitas negras en piquete cortando rutas, ahora son terratenientes agrarios, esos mismos que siguen gozando de un gas oil subvencionado, de miles de hectáreas recobradas por el Estado para que ellos las trabajen, que siguen haciendo trabajar como negros esclavos a sus peones de campo –que continúan llamándolos patrones, para su soberbia alegría-, y a los que tienen en jornadas de diez, doce o mas horas, pagándoles menos del sueldo mínimo, ¿vital? y móvil, laburando en negro, sin obra social ni jubilación, son los que perciben subsidios y créditos bancarios.

Si, esos son los que hacen piquetes y cortes de ruta, pero claro, ahora nadie les dice, como antes: "esos negros de mierda, quienes se creen que son para cortar una ruta, como se les ocurre cortar una calle y hacernos llegar tarde a la oficina o impedirnos circular para irnos de fin de semana largo, una vergüenza que el gobierno no saque a la gendarmería y a la prefectura y los saquen de allí a patadas en el culo", ahora se dice: "continua con gran acatamiento el paro del campo y los cortes de ruta"

  • Todas estas coincidencias, no son casualidades, son causalidades, estemos atentos, los  enemigos del pueblo no descansan, están activos, encontraron un lugar desde donde han conseguido el apoyo de los idiotas de turno, eso no debe afligirnos ni sorprendernos, era previsible, simplemente aprendamos de la historia para que esa historia no se repita, pero seguro, señora Presidenta, que esta vez el pueblo -que tiene memoria y aprende-, va a apoyarla, no de un solo paso atrás ni siquiera para tomar carrera, nuestras fuerzas armadas están sosteniendo el sistema democrático de gobierno, han vuelto a ser ese ejercito nacional de San Martín, de Rosas, de Perón, del Grl. Valle, usted ponga lo que hay que poner, pero póngalo, sientes, llámelos, dígales lo que hay que decir y que no pasen los treinta días que, de modo extorsivo, han puesto unilateralmente sin hacer nada al respecto.

De una vez por todas no entremos en el juego de enfrentarnos pobres contra pobres, ni de debilitarnos en luchas internas de politiquería barata entre todos nosotros, esta vez, todos juntos -que aun así seguimos siendo pocos-; usted, el ejército nacional y el pueblo tenemos, no, mejor dicho, debemos hacerles doblar el brazo a ellos, a quienes siempre pensaron en pobre cuando se acuerdan de los pobres.

Todos tenemos derecho a expresar libremente nuestras ideas, pero nadie, ningún grupo, tiene derecho a determinar quién y cuando come en nuestra Argentina.

O no es así cuando los trabajadores del transporte público deciden un paro, no aparecen entonces los titulares de cuanto perjudican a los que quieren ir a trabajar y les piden que levanten el paro, sin cacerolas que los apoyen; o si los camioneros hicieran el suyo y se produjera el mismo desabastecimiento, que dirían entonces los multimedios de la prensa canalla, pedirían a gritos que el gobierno intervenga y hasta que les expropie los camiones para que no se corte el suministro de alimentos; o si los trabajadores de almacenes y supermercados no vendieran los productos, y asi miles de posibilidades gremiales de quienes trabajan y viven de su trabajo.
No lo dudemos TODOS los "informadores públicos" estarían en contra y no se escucharía una sola cacerola en apoyo a sus reclamos. Claro, me olvidaba, ellos, los trabajadores siguen siendo los negritos, los cabecitas negras, nunca tendrán -aunque la tengan- razón en sus reclamos ni apoyo de la prensa canalla.

El enemigo es siempre el mismo, el que continua la división -reitero el concepto de Landru en Tia Vicenta- entre la C.G.U -Gente Como Uno- y los cabecitas negras.

No puede el imperio, la oligarquía, contar ahora -en la mayoría de Iberoamérica- con el apoyo de las fuerzas armadas, que se han convertido en fuerzas armadas nacionales al servicio de la Constitución Nacional, entonces nos darán la batalla en otro campo y ya están mostrando la hilacha.

Estemos o no de acuerdo con algunos de estos gobiernos, ya vimos lo que pretenden hacerle a Chávez en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia, o a Alan García en Perú; no es casual que ellos pasen también por estos desabastecimientos y planteos agro oligárquicos, pero de una vez por todas hagamos la patria grande que soñaron nuestros prohombres y quizás, podremos gritar, ahora sí: el pueblo unido, jamás será vencido.