¿Por qué elegí este tema como monografía?
Porque mucho se ha escrito sobre la memoria, pero hasta ahora no se ha visto una sola nota que trate en profundidad este espinoso hecho histórico, en el que los transportes se mezclaron con la política de una manera desgraciada.
La situación política en abril de 1953, no era un buen momento para el gobierno del general Perón. Una crisis económica aquejaba al país desde el año anterior y cada vez se agudizaba más y más, a consecuencia de los aumentos de precios y desabastecimiento.
Algunas medidas restrictivas del consumo aumentaron el descontento de la gente: comer pan negro se hizo algo cotidiano, se racionó la nafta y se fijó un cupo de 30 litros semanales por auto, se estableció una veda al consumo de carne y se modificó el horario de atención de los comercios, con el fin de racionar la escasa energía eléctrica disponible.
Era de esperar, ante tantas restricciones, que buena parte de la sociedad comenzara a mirar con malos ojos al régimen, máxime con los productores y capitalistas acentuando aún más el desabastecimiento de los bienes primarios de consumo.
Los grupos opositores a Perón vieron, entonces, la oportunidad y comenzaron a actuar, muchas veces en la clandestinidad, para desestabilizar al gobierno. Para muchos el fin justificó los medios y combatieron de cualquier manera y sin medir las posibles consecuencias de sus actos.
1 – LOS HECHOS
La C.G.T. organizó una multitudinaria concentración cívica en Plaza de Mayo para apoyar a su líder, el 15 de abril de 1953. Pese a los vaticinios de la oposición, que esperaban una plaza vacía, el acto fue realmente masivo.
Pero algunos pensaron, en su afán por hacer tambalear al régimen peronista, que este acto sería una buena oportunidad para dar un buen golpe de efecto.
Y pusieron manos a la obra.
Miércoles 14 de abril de 1953
Según versiones publicadas en diferentes diarios de la época, fue un día antes del acto que “El Jefe”, “El Ingeniero” y “El Ayudante” se reunieron en un comercio cercano a Plaza Miserere con el fin de armar los explosivos que se utilizarían al día siguiente.
El local, de la firma Redondo Hnos. ubicado en la avenida Jujuy 47/51, entre Av. Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, era el centro de actividades del Jefe.
Allí solían fabricarse bombas, redactarse panfletos antiperonistas y organizarse reuniones políticas clandestinas.
El Ingeniero armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelignita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones.
Otra algo más potente, armada con 50 cartuchos de gelignita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo banco Italiano. Ésta finalmente no estalló, por defectos en el mecanismo de relojería.
Y la última y más poderosa, que contaba con 100 cartuchos, fue la que El Ingeniero y El Ayudante colocaron en la estación Plaza de Mayo de la línea “A” de subterráneos.
La reunión habría terminado a altas horas de la madrugada del día siguiente, a poco de la hora señalada para entrar en acción.
Jueves 15 de abril de 1953.
A la hora del comienzo del acto, según las crónicas, la plaza “reventaba”.
Hacía 14 minutos que el General Perón desarrollaba su discurso, decía en ese momento:
(...) “He repetido hasta el cansancio que en esta etapa de la economía Argentina es indispensable que establezcamos un control de los precios. No sólo por el Gobierno y los inspectores, si no por cada uno de los que compran, que es el mejor inspector que defiende su bolsillo”.
“Y para los comerciantes que quieren los precios libres, he explicado hasta el cansancio que tal libertad de precios por el momento no puede establecerse. Bastaría un rápido análisis...”
Entonces se escuchó la primera explosión.
Era la bomba que El Ingeniero colocó debajo de una heladera en la confitería del Hotel Mayo, que estaba cerrado por refacciones y al cual fue relativamente fácil acceder.
Era la de menor poder, pero igualmente causó graves daños en el hotel y destrozos en las construcciones vecinas. Una de las cortinas metálicas fue arrancada de cuajo muchas ventanas y vidrieras quedaron destruidas, sobre todo del lado de la calle Defensa. La calzada quedó cubierta de cristales rotos y se registraron algunos heridos.
Se pudo ver al General Perón impartir indicaciones a algunos funcionarios que estaban junto a él, mientras levantaba sus brazos con la intención de infundir calma en el público.
Y el discurso continuó:
“Compañeros: éstos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba...”
Y en ese instante se escuchó otro estallido, mucho más potente que el anterior: era la bomba colocada en la estación Plaza de Mayo, del subterráneo Línea A, de cuyas bocas de acceso comenzó a emanar humo.
El Ingeniero la ubicó en una casilla, bajo un tablero eléctrico, en el andén. Los destrozos fueron cuantiosos y afectó a una formación estacionada e instalaciones fijas. La fotografía que acompaña esta nota muestra parte de los daños ocasionados.
Si bien las crónicas señalan que la estación estaba cerrada al público debido al acto, igualmente hubo 6 víctimas fatales. No nos consta si todas las muertes se registraron en la estación o si algunas son producto del estallido en el Hotel Mayo.
El 11 de mayo de 1953, gracias a investigaciones llevadas a cabo por personal de la comisaría 17° de la Policía Federal, se logró detener al Ingeniero.
Su detención fue la culminación de un rastreo iniciado tras la caída de un avión en el Uruguay, que trasladaba al Jefe y al Ayudante al vecino país, presumiblemente en búsqueda del dinero suficiente para facilitar la fuga del Ingeniero, el principal autor de los atentados, al exterior.
Los viajes de los integrantes del grupo terrorista al país hermano eran frecuentes y era costumbre utilizar documentos de identidad apócrifos. Justo en ese viaje trunco El Jefe utilizó una cédula de identidad expedida por la Policía Federal a nombre del Ingeniero. Este dato fue el punto de partida que permitió detenerlo junto a otras tres personas, en un departamento de la calle Juncal al 2100, en el que se había refugiado mientras esperaba el dinero necesario para escapar a otro país.
Tras su detención, El Ingeniero reconoció su participación en muchos atentados, entre ellos los del 15 de abril.
Finalmente quedó alojado en la desaparecida Penitenciaría Nacional, que estaba ubicada en el solar que actualmente ocupa la Plaza Las Heras, en el barrio porteño de Recoleta, los tres fueron condenados, por la justicia, a prisión por el atentado perpetrado (1), liberados en 1955 por la dictadura de Aramburu y Rojas.
2 - QUIENES FUERON “EL JEFE”, “EL AYUDANTE” Y “EL INGENIERO”
La suerte de los tres principales participantes de esta historia fue dispar.
a) El Ayudante: Carlos Alberto González Dogliotti, tras su liberación no se tienen mayores referencias de la suerte corrida por el.
b) El Jefe: Arturo Mathov, tuvo cierta notoriedad pública al llegar a ser diputado nacional (2).
c) El Ingeniero: Tras esta etapa oscura y revolucionaria de su vida, tuvo mucha más suerte que sus compañeros.
En junio de 1955, en el marco de una amplia amnistía política, recuperó su libertad. Y volvió a dedicarse a la política.
Durante la presidencia del Dr. Arturo Illia ocupó la secretaría General del Consejo Nacional de Desarrollo, ente más conocido como CONADE.
Posteriormente, tras la caída del gobierno de Illia, actuó como planificador en el seno de la Organización de las Naciones Unidas.
Con la vuelta de la democracia el 10 de diciembre de 1983, en el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, ocupó la cartera del Ministerio de Obras Públicas que abandonó el 25 de Mayo de 1985 para pasar a ser el titular del Ministerio de Defensa debido al fallecimiento de Raúl Borrás, su antecesor en el cargo.
Pocos meses después, el sábado 8 de febrero de 1986, falleció en circunstancias nunca aclaradas mientras nadaba en la pileta de su residencia oficial, en Campo de Mayo, luego de almorzar con un grupo de amigos y correligionarios de su partido.
Ya muchos habrán deducido, a esta altura de la lectura, su nombre: sí, es sorprendente: se trata de Roque Guillermo Carranza, el Ministro Carranza, el mismo al que recuerda la estación homónima del subte “D”, inaugurada el 29 de diciembre de 1987, sobre la marcha las autoridades de Subterráneos de Buenos Aires sustituyeron al nombre elegido en primer lugar, General Savio (3), por el de El Ingeniero.
No se trata aquí de alabar o denostar su desempeño en los diferentes cargos que ocupó a lo largo de su vida política. Tal vez haya sido tan bueno o tan malo como cualquier otro funcionario.
Pero, entremos en el terreno de las suposiciones: imaginemos que fue el mejor ministro que algún Gobierno haya tenido a lo largo de nuestros casi 200 años de historia como país independiente y que tenga bien merecido su homenaje, las posibilidades de recordar una supuesta encomiable trayectoria son infinitas: una estatua, una plaza, plazoleta o parque... o tal vez una calle, pasaje o autopista podrían llevar su nombre.
Pero... ¿una estación de subte? ¡Al autor del más trágico atentado en la historia de los subterráneos porteños se lo homenajeó con una estación en ese mismo medio de transporte contra el que atentó!
Surgen muchas incógnitas al respecto. Y preguntas, muchas preguntas:
¿Qué criterio utilizaron las autoridades de Subterráneos de Buenos Aires para cambiar el nombre de General Savio por Ministro Carranza? ¿Habrán buceado aunque sea un poquito en la historia antes de tomar la decisión o ésta fue meramente política? ¿Habrán sabido del explosivo pasado del ministro Carranza?
Y la pregunta más dolorosa de todas.
Es de suponer que buena parte de los muertos en el atentado han dejado en este mundo a parientes, amigos o descendientes que lloraron su partida. Y seguramente algunos de los heridos aún vivan. Y tal vez arrastren secuelas de esa tragedia.
¿Cómo se sentirán, si es que alguna vez utilizaron el subte línea D, al ver el nombre del responsable de su desgracia inmortalizado en un andén?
¿Alguna vez habrán pensado en las víctimas quienes hayan sido responsables de este desgraciado homenaje?
3 – VICTIMAS DEL ATENTADO:
Muertos: 5
Santa Festigiata de D`amico (84 años),
Mario Pérez,
León David Roumeaux,
Osvaldo Mouché,
Salvador Manes
Heridos: 93
Lisiados permanentes: 19
4 - Conclusiones:
EN UN PAÍS CON MEMORIA LA MEMORIA DEBE SER ABSOLUTA, NO DEBE PERMANECER EL NOMBRE DE “EL INGENIERO” ROQUE CARRANZA EN UNA ESTACION DE SUBTERRÁNEOS NI UN DIA MAS POR LA VERDAD HISTORICA, POR LA MEMORIA POPULAR, SIN REVANCHISMOS, PERO CON JUSTICIA.
Referencias:
(1) La Justicia comprobó también la participación de la aristocracia porteña a través de miembros de las familias Alzaga, Elizalde, Lanusse, Sansot, Holmberg y Tomkinson, además de dirigentes radicales, demócratas progresistas, conservadores, socialistas, comunistas y políticos exiliados en Uruguay, destacando el periodismo que los autores: Roque Carranza, Carlos González Dogliotti, Miguel de la Serna y Rafael Douek, al confesar el crimen, reconocieron que el primero construyó tres bombas que colocó personalmente en el Hotel Mayo (felizmente no explotó), en el Nuevo Banco Italiano y en el subterráneo de Plaza de Mayo, programándolas para que estallasen cada cinco minutos, trascendiendo además que los socialistas participaron en el complot a través de Luis Benigno Leguizamón, pues mantenía conexiones con ex dirigentes de la Unión Democrática y otros implicados como el Ing. Bernardo Loitegui, Julio Noble y Walter Beveraggi Allende.
Con esas aclaraciones queda justificado deducir que la Revolución Libertadora premió a los autores materiales e intelectuales del atentado con la conmutación de las penas impuestas por la Justicia, correspondiéndole al gobierno "democrático" del Dr. Alfonsín otorgar como un reconocimiento tardío al Ing. Roque Carranza al designarlo ministro en 1983, imponiéndose su nombre a una estación del subterráneo porteño poco después de su muerte, acto que -sin duda alguna- representa una insólita y macabra paradoja. (Contador Rubén Mario De Luca, Diario “EL DIA” de La Plata)
(2) Su hijo, Enrique Mathov, llego a ocupar el cargo de Secretario de Seguridad durante la Presidencia De La Rua, sometido a proceso penal por la represión al pueblo, en Plaza de Mayo, del 20 de diciembre de 2002, que arrojó un saldo de 6 muertos y centenares de heridos. (IMEPU-Instituto por la Memoria del Pueblo)
(3) Manuel Savio (1892-1948) - El general Manuel Savio fue el continuador -en la década de 1930- de las tesis esgrimidas y materializadas en los años veinte, desde YPF, por el general de brigada Enrique Mosconi, que tuvo una acción destacada durante el gobierno de Yrigoyen. En la década de 1920, Mosconi viajó a Europa, donde permaneció tres años, comprobando los profundos cambios que se estaban produciendo a partir del desarrollo de las industrias químicas y de la siderurgia. Cuando regresó al país, se propuso aplicar su experiencia para desarrollar y transformar la economía nacional agro-exportadora en otra que tuviera a las industrias de base como su motor de crecimiento, ya que consideraba que no existiría seguridad ni defensa del país desvinculadas de las manufacturas. Para ello formó un plantel de ingenieros militares, convocando como profesores a los profesionales más idóneos, realizando una "movilización nacional" de carácter militar y técnica al mismo tiempo, correlacionando las posibilidades de la industria con las necesidades de la defensa. Afirmaba que "la industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella seremos vasallos". En 1930 Manuel Savio -teniente coronel, jefe del Curso Superior y Especial del Colegio Militar- eleva el proyecto para crear la Escuela Superior Técnica, abierta a los oficiales de todas las armas. Por una suerte de compensación histórica, el general Uriburu, que manda detener e investigar a Mosconi -creador de YPF- facilita a Savio (su continuador en otro ámbito), el medio para realizar sus planes.
A fines de 1934 egresan los primeros ingenieros militares. El 24 de diciembre de 1936 asume la dirección de Fábricas Militares, pero advierte que no funciona como debería, para lo cual eleva el 11 de mayo de 1938 al Poder Ejecutivo un proyecto de ley para crear la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM). Con ese fin actúa como un verdadero político, buscando aliados en todos los sectores, convenciéndolos de sus beneficios para el país. El 9 de octubre de 1941 se promulga dicha ley, que además lo autoriza a realizar exploraciones y explotaciones tendientes a la obtención de cobre, hierro, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio. Además del desarrollo de un programa de prospección geológico-minera en la Antártida Argentina. "Es un error el haber estructurado 'a priori' nuestra economía, posponiendo arbitrariamente a los metales con respecto a los cereales", afirmaba. Luego propuso buscar yacimientos de hierro en el país. Los encontró en las serranías de Zapla (Jujuy). Los informes corroboran que el yacimiento es una cuenca sedimentaria de hematita cuya potencia visible asegura grandes reservas y justifica sobremanera la inversión necesaria para emplazar un "Alto Horno". Se inicia inmediatamente la "gesta Zapla" cuando el país sufre el bloqueo de los grandes consorcios. Savio intenta formar una "conciencia metalúrgica", apelando a los industriales, y recordando que la fábrica argentina de carburo de calcio debió cerrar por el "dumping" del exterior. Afirma en la ocasión: "La industria siderúrgica es fundamental, es primordial, la necesitamos como hemos necesitado nuestra libertad política". El 11 de octubre de 1945 (en plena evolución de los episodios militares que favorecieron la marcha del 17 y la posterior elección del entonces coronel Juan Domingo Perón) se produce la primera colada de hierro fundido hecha con materias primas nacionales. Poco después entrega al presidente Farrell -en enero de 1946- su Plan Siderúrgico Nacional (Ley 12.987 o "Ley Savio"), que es sancionada el 13 de junio de 1947 -durante la primera presidencia de Perón- con el apoyo tanto del justicialismo como del radicalismo. Así se origina SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina), cuyos altos hornos son emplazados en terrenos elegidos por el propio Savio en los márgenes del arroyo Ramallo, en las cercanías de San Nicolás. Como presidente de su directorio renuncia a sus honorarios, pero no alcanza a ver concluídos sus sueños, debido a que muere el 31 de julio de 1948, a los 56 años. El Gobierno -a pesar del asedio de los oficiales que sucedieron a Savio- prácticamente olvidó los planes siderúrgicos, y hubo que aguardar hasta 1960 para ver inaugurada a SOMISA y hasta el 5 de mayo de 1961 para presenciar la primera colada de acero nacional. Por ello se instituyó, con justicia, al 31 de julio como "Día de la Siderurgia". (www.todo-argentina.net/biografias/personajes/manuel_savio.htm)
Fuentes consultadas
- Diario La Nación, números varios de abril de 1953 y siguientes.
- Diario Clarín, números varios de abril y mayo de 1953.
- Diario La Prensa, 13 de mayo de 1953.
- Documentos de Roberto Baschetti.
- Trabajo investigativo del IMEPU – Instituto por la Memoria del Pueblo. Daniel Brión
- Testimonios de los señores Enrique Oliva y Fermín Chávez
FOTOS DE LAS CONSECUENCIAS DEL ATENTADO
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