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Con más de 400 episodios repartidos en 19 temporadas, la típica familia de clase media baja compuesta por Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie goza de buena salud: continuará deleitando a los televidentes venezolanos y argentinos con sus diálogos, ingestas de hamburguesas, donas y comida chatarra, todo matizado con palabrotas, eructos y flatos.
En el caso venezolano, el programa sólo cambió de horario: la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), de Venezuela, lo retiró del segmento matutino de las 11 de la mañana y lo reubicó a las siete de la tarde, con supervisión de adultos.
En el caso argentino, el ex diputado y ex dirigente ferroviario Lorenzo Pepe, de 74 años e integrante de la vieja guardia gremial peronista, pidió que no se pase un solo capítulo –solamente uno– donde se califica como “dictador militar” que “desaparecía” gente al ex presidente Juan Domingo Perón, tres veces elegido en comicios libres (1946, 1951 y 1973) y por notoria mayoría.
Nada de esto se reflejó en la mayoría de diarios y agencias de noticias, cuyos editores titularon con el hígado, las rodillas o los talones: “Hugo Chávez ataca hasta a los dibujos animados” (Infobae, de Argentina), “Venezuela veta Los Simpson” (Reuters), “Chávez censuró Los Simpson” (La Cuarta, Chile), “Los Simpson, prohibido para los niños en Venezuela” (El País, España), “Argentina también quiere prohibir la difusión de la serie Los Simpson” (El Universal, MéxicO), “Ahora el peronismo quiere prohibir a Los Simpson” (Infobae).
En cambio, muchos establecimientos educativos de Estados Unidos han solicitado a los padres de alumnos que no les permitan ver el programa: consideran que el vocabulario soez de Bart Simpson –el niño desobediente de la familia– y su rechazo a la escuela no son un buen ejemplo. Al norte del mítico Río Bravo esta exhortación a la censura no es noticia.
En noviembre del año pasado, la Comisión Federal de Comunicación estadunidense publicó un informe de 60 páginas en el que la serie aparece mencionada 15 veces con quejas de familias por ciertas escenas. El documento mencionaba, por ejemplo, “un encuentro homosexual con un alien” y un episodio en el que reclutadores del ejército muestran un cartel que dice: “Bienvenidos los adolescentes suicidas”.
Nada de esto ocupó las primeras planas, pero se puede consultar en http://www.governmentattic.org/docs/FCC_Complaints_The-Simpsons_2003-07.pdf
En Venezuela, la televisora privada Venevisión, del magnate Gustavo Cisneros, transmitía Los Simpson desde 1993 en horarios que variaban entre la tarde y la noche; varias veces levantó el programa por quejas de los televidentes. Su competidora Televen se hizo cargo de la serie en 2006; la pasaba a la mañana, pero con censura a escenas de sexo, violencia, consumo de tabaco y bebidas alcohólicas. Ninguno de los dos casos fue noticia.
Fidel Castro también apareció en Los Simpson en el capítulo “Un trillón de dólares”, de la novena temporada: el multimillonario Montgomery Burns –dueño de la central nuclear donde trabaja Homero– huye del FBI después de apropiarse de un billete de esa denominación y llega a Cuba con Waylon Smithers, su secretario privado, y Simpson. Como la isla está en bancarrota, Castro le roba el billete. El episodio concluye con Burns, Smithers y Homero que regresan a Estados Unidos en una precaria balsa de troncos.
Pero lo de Perón y Castro no es lo ordinario. Habitualmente el dibujante Mat Groening apunta sus dardos contra los usos y costumbres estadunidenses. Sus blancos son la política conservadora de los republicanos, el puritanismo religioso, la hipocresía de la sociedad.
El jefe de policía Clancy Gorgory es incompetente y corrupto, Edna Krabappel –la severa profesora de Bart– se acuesta con el director de la escuela y el reverendo Lovejoy representa lo peor de la iglesia.
Roberto Bardini - 452
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