Luis Launay Pensamiento Nacional
Ud. es el visitante Nº 2329052
UNA CIUDAD, ENTRE LA CIVILIZACION Y LA BARBARIEPor/ Mariano S. Pini

Cuando la historiografía de los vencedores es

enjuiciada ante el tribunal de la historia por grupos

intelectuales con conciencia nacional, y tal actitud

coincide con la madurez política de un pueblo, puede

decirse que el poderío de la clase terrateniente peligra

en tanto se derrumba el monumento todo de una historia

oficial que sirvió de pedestal a ese predominio de clase

idealizado. Juan José Hernández Arregui, "¿Qué es el Ser Nacional?"

(La conciencia histórica hispanoamericana) Ediciones HACHEA,

Buenos Aires, 1963, pagina 24.

Es sorprendente como el relato histórico ha deformado las cosas. Es interesante replantearse esa enseñanza como instrumento político de una clase. Si esa clase ha sido la triunfadora, entonces cuenta su historia, su verdad, su triunfo. Pero es evidente que si una clase ha triunfado es porque otra ha sido derrotada, mucho mas si hablamos en el marco de las guerras civiles que ha sufrido nuestro País. Esa clase y esa historia han llegado hasta nuestros días, su enseñanza de los hechos ha sido parcial y falsa en muchos casos, subestimando el poder de investigación y la mentalidad del Pueblo. Varias de esas explicaciones han sido tomadas como ciertas y reafirmadas en diversas ocasiones. Esa historia nace de una clase liberal, vinculada con el extranjero durante mucho tiempo a través del puerto de Buenos Aires y ha dominado la política por años. Esa clase cuya única fortuna eran y son los campos y cuya idea de industrializar al país ha sido nula. Del otro lado ha estado la mayoría de la Población, por lo tanto la pregunta surge en forma lógica: ¿cómo es posible que siendo la mayoría en todas las épocas siempre hayan triunfado y triunfen los mismos? La respuesta es diversa pero puede explicarse por su vinculación con los poderes no sólo nacionales sino extranjeros, quizá ese sea el punto mas alto: el extranjero ha apoyado a la clase opresora en toda nuestra historia y ha derribado gobiernos que estaban en contra de su metodología.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nuestra Ciudad de Buenos Aires ha sido y es muy injusta con los grandes hombres de la historia aunque la explicación está evidentemente en lo que he comentado hasta aquí. La mayoría de los homenajes, por no decir casi todos, responden a la clase poderosa y no estaría lejos de la verdad si digo que se terminaron haciendo homenajes a ellos mismos.

El conocido caso del entreguista Carlos María de Alvear es solamente uno de los tantos ejemplos, pensemos sino en la ubicación del monumento a Bartolomé Mitre, el hombre que llevó adelante la Guerra de la Triple Alianza contra nuestros hermanos paraguayos y que hoy posee su homenaje sobre una barranca, hecho que lo hace mas imponente y logra que podamos visualizarlo sin ninguna dificultad. Mitre aborrecía a los gauchos y a los indios y lo expresaba de este modo:"Las tribus salvajes son una gran potencia respecto de nosotros, una república independiente y feroz en el seno de la república. Para acabar con este escándalo es necesario que la civilización conquiste ese territorio: llevar un plan de operaciones que dé por resultado el aniquilamiento total de los salvajes... El argumento acerado de la espada tiene más fuerza para ellos, y éste se ha de emplear al fin hasta exterminarlos o arrinconarlos en el desierto"

El caso de Sarmiento quizá sea uno de los mas paradigmáticos: su escultura se encuentra en el mismo lugar donde estaba la residencia de Juan Manuel de Rosas y a pocos metros, en una ubicación privilegiada y en un tamaño que impacta, el monumento a Justo José de Urquiza quien, aliado al Imperialismo, los brasileños y los uruguayos derrocó al Gobierno de Rosas.

Bernardino Rivadavia, quien además de pedir que sus restos nunca sean enterrados en Buenos Aires, fue el primero en solicitar un préstamo, tiene un lujoso mausoleo en la Plaza Miserere.

El salteador, asesino y opuesto a la política de Rosas, Garibaldi, posee un gran monumento en Plaza Italia.

Sobre el terreno donde se encontraba la residencia de la familia Dorrego se alza el monumento a Juan Galo de Lavalle, sangriento unitario que mandó a fusilar precisamente a Manuel Dorrego.

Julio A. Roca tiene un enorme monumento que al igual que el de Alvear y Mitre se caracteriza por estar sobre un pedestal de grandes dimensiones, lo cual le da aun mas importancia. Es el mismo cuyo rostro se encuentra en el billete de mas alto valor el que dijo: "Estamos como nación empeñados en una contienda de razas en que el indígena lleva sobre sí el tremendo anatema de su desaparición, escrito en nombre de la civilización. Destruyamos, pues, moralmente esa raza, aniquilemos sus resortes y organización política, desaparezca su orden de tribus y si es necesario divídase la familia. Esta raza quebrada y dispersa, acabará por abrazar la causa de la civilización. Las colonias centrales, la Marina, las provincias del norte y del litoral sirven de teatro para realizar este propósito".

Lo que ha ocurrido es que esta clase dominante, antidemocrática y antipopular ha mostrado a sus ídolos y ocultado a los vencidos.

¿Nunca les llamó la atención que aquellos que se opusieron al extranjero y a los poderes internos hayan terminado en la pobreza, exiliados o asesinados? Belgrano sin un centavo, muriendo en la misma casa que lo había visto nacer, San Martín y Rosas exiliados y Dorrego fusilado.

Es que para la clase dominante la otra parte de la Población representaba la Barbarie. Digamos que el bárbaro era para esta clase el hombre que no quería estar dominado, atado al extranjero, que defendía su cultura, su forma de vestirse, su modo de hablar y de pensar. Para esta clase el bárbaro no estaba civilizado y debía estarlo para poder adaptarse al sistema extranjerizante. Ni Sarmiento ni Mitre ni Avellaneda respetaban la decisión del Pueblo sino hubieran dejado que se vote, simplemente se pasaban el mando entre ellos, a espaldas del Pueblo, aborreciendo a los gauchos y a los indios, a todo lo que tenga carácter de autóctono y aferrándose a todo avance "progresista" que llegaba desde Gran Bretaña o desde Estados Unidos. Sarmiento se refería en estos términos a los gauchos: "Se nos habla de gauchos... la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos" (carta a Bartolomé Mitre, 20 de septiembre de 1861). Para este hombre, a quien solo se lo analiza como constructor de escuelas, el gaucho era un hombre que evitaba el progreso con su forma de vida y su pensamiento y por lo tanto había que destruirlo: "Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil. Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden. Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de masas" (Carta de Domingo F. Sarmiento a Bartolomé Mitre, 24 de septiembre de 1861). Como habrán notado, estas frases, en cualquier argentino, son imperdonables.

Sin embargo, estos hombres que ostentan monumentos y son los próceres de nuestra escuela primaria y secundaria, civilizaban a sangre y fuego, persiguiendo y degollando a los caudillos. Pero como para ellos estos caudillos eran brutos, mal hablados, se vestían mal, eran crueles, sanguinarios y bárbaros e ignorantes y frenaban el progreso a toda costa, había que hacerlos desaparecer. Es así que hoy, Juan Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos, no tiene un monumento en Buenos Aires que le rinda homenaje.

Ni que hablar de Rosas, el hombre que defendió nuestra Soberanía, cuyos restos fueron traídos después de más de un siglo de su muerte.

Es que estos hombres no encajaban en el ideal de progreso que representaba el otro sector. El Pueblo por un lado y la aristocracia por el otro, pero, ¿hasta cuando rendiremos tributo a gente que dijo frases como esta?: "Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quien mandaría a colgar ahora mismo si reapareciesen (...) Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado" (Domingo F. Sarmiento, "El Progreso", 27 de septiembre de 1844)

¿Hasta cuando el análisis de la historia será parcial?, ¿hasta cuando pasaremos al lado de un monumento sin saber a ciencia cierta si es merecido o no el homenaje?.

Llama la atención que ninguna calle de nuestra Ciudad tenga el nombre del caudillo santafesino Estanislao Lopez. Es que con respecto a las calles pasa lo mismo que con los monumentos, veamos solamente algunos ejemplos: La calle Indio tiene solamente una cuadra, pero la calle La Conquista posee once.

Juan José Castelli tiene una calle con sólo cuatro cuadras pero Feliciano Chiclana, de menor actuación durante el 25 de mayo de 1810, tiene una avenida.

No sólo Estanislao Lopez no tiene calle sino también Juan Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas, Felipe Varela y Francisco Ramírez, pero si tienen calle Álzaga, Alvear, Norberto de la Riestra, Salvador María del Carril que es una Avenida, Rufino de Elizalde, Franklin, Félix Frías, Juan Agustín García, Monroe.

Pedro Eugenio Aramburu tiene también su calle.

Por otra parte, los homenajes que se le han hecho a nuestros verdaderos próceres suenan mas a cargada que a homenaje.

El monumento a Manuel Belgrano tiene una evidente desproporción entre el cuerpo del hombre y el cuerpo del caballo, es un monumento que en vez de homenaje se parece mas a una burla.

Mariano Moreno tiene su monumento pero pareciera que lo pusieron con vergüenza, medio escondido entre los árboles, en una Plaza frente al teatro Coliseo y no en un lugar donde pueda ser fácilmente visto.

A esto hay que sumarle que cuando quisieron colocar el cuerpo del General San Martín en el Mausoleo de la Catedral Metropolitana no entraba en forma horizontal y tuvieron que ponerlo inclinado, aunque para otros está de pie.

¿Es casual que estos tres hombres tengan estos homenajes sombríos?

¿Es casual que cuando exhuman el cuerpo de Belgrano en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario se hayan robado sus dientes y luego los hayan devuelto?

¿Es casual que Rosas haya sido repatriado después de mas de cien años?

¿Es casual que la casa de Sarmiento, la de Mitre y la de Urquiza estén hoy bien cuidadas y que las casa de Rosas y de Perón hayan sido demolidas?

¿Dónde está el monumento al Chacho Peñalosa? y ni que hablar de uno a Felipe Varela, mucho menos a Arturo Illia, a Ernesto Che Guevara o a Juan Domingo Perón.

Existen museos dedicados a Sarmiento, Mitre y Roca pero no hay ninguno en la Ciudad dedicado íntegramente a Rosas.

La Ciudad recién tuvo su monumento a Evita en la década del 90´ y el primer monumento al general San Martín fue levantado en Santiago de Chile.

Quizá sea la Recoleta el barrio que mejor representa a quienes si tienen su gran homenaje en nuestra Ciudad. El lugar no pudo ser mejor elegido ya que hasta el día de hoy continúa siendo el sitio de preferencia de la clase adinerada. Aquí el "agradecimiento" de esa clase ha sido público, claro y hasta se diría obsceno y descarado.

Este barrio supo albergar al Palacio Unzué donde Juan Domingo Perón y Evita convivieron y donde ella dejó de existir físicamente. Pero ese palacio que hoy sería un museo, fue demolido por la Revolución Libertadora. Hoy se levanta un monumento a Evita que parece hasta desubicado entre tantos personajes de tendencia opuesta, pero no existe ninguna placa que indique que allí vivieron durante la presidencia de Perón.

Hay un sendero, mas precisamente el que comienza en la Plaza Mitre, que culmina en el monumento a Carlos M. de Alvear. En la Plaza se alza el enorme monumento a Bartolomé, sobre el final de la barranca, enmarcado por bellas escalinatas, se destaca y se hace notar, resaltando del conjunto. Detrás del monumento, como no podía ser de otra manera, se levanta el edificio de la Embajada británica y si avanzamos unos metros, siempre por Avenida Libertador, nos topamos con la Plaza Urquiza, aquí no importa si Mitre despojó al entrerriano del poder sino que forman parte de una continuidad ya que los dos fueron instrumentos para acabar con una época.

La Plaza Urquiza alberga el monumento a George Canning, hombre clave para la entrega del país a los ingleses. Es evidente que el homenaje a figuras del extranjero ha sido parcial e ideológico ya que destacados personajes como Getulio Vargas o Eliécer Gaitán no figuran en ninguna plaza.

Este sendero que recorre diversos personajes sombríos, como bien sabemos, finaliza en el monumento a Carlos de Alvear, pero hace pocos días, advertí algo mucho mas obsceno que nunca había notado. Pensemos primero en que algunos personajes eran abogados de empresas inglesas y que por eso fueron presidentes, para defender mejor sus intereses como Quintana, Ortiz y Guido, los tres fueron títeres del Imperio. Ahora bien, la que muchos conocen como una de las esquinas mas aristocráticas del barrio es la unión de ¡Quintana y Ortiz! Y allí se levanta La Biela, reducto predilecto de la oligarquía.

Todo esto tiene que ver con una forma de ver la historia. Muchas veces me recomiendan no meterme en política, yo creo que ese es otro problema de nuestra historia, no meternos, no hablar de ciertos temas, no relacionar el pasado con el presente para obtener un futuro más rico, seguir idolatrando a los mismos y denigrando a los caudillos. Todo, en este caso, se relaciona con la política, la de antes y la actual,es imposible separar los hechos porque están estrechamente ligados.

Es por todo esto que pienso que Buenos Aires tiene cuentas pendientes, que los visitantes llegan a esta hermosa Ciudad y admiran entre otras cosas sus monumentos pero a veces ignoran, como nosotros, si son o no merecidos y como poco conocen y conocemos sobre nuestra historia no saben ni sabemos que hay hombres que no tienen su homenaje.

Me gustaría concluir con una última apreciación también a manera de homenaje: ¿Dónde están los monumentos a las grandes Mujeres de la Argentina? También quienes idearon los homenajes han caído en el error de pensar que los hombres solamente han hecho la historia, no pudiendo quedar mas alejados de la realidad, contemos entonces cuantos monumentos a Mujeres tenemos en la Ciudad.

La injusticia o la burla rodean a la mayoría de los monumentos de Buenos Aires para los cuales lo último que yo propondría es su demolición. Al contrario, es bueno que allí estén, pero no para su sola contemplación, sino para que cada vez que pasemos frente a ellos pensemos que país queremos, si el que ellos deseaban y en el cual estamos, o el que los otros querían, el de la utopía, el del sueño, el de aquellos que no tienen monumento.

01 de Mayo 2006 – 28 de Julio 2006


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