Ud. es el visitante Nº
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¡SALUD FERMIN CHAVEZ!Por/ Daniel Tirso Fiorotto
Hoy nos sorprendemos llorando su adiós. Su vida sencilla, su obra enorme, nos llaman al abrazo, al aplauso unánime y de pie, a la meditación profunda, y sin embargo no podemos más que estremecernos, enmudecidos por el llanto, porque ya no podremos sentarnos a su lado a escuchar esa palabra humilde y firme, documentada, apasionante y despasionada, a solazarnos en su sabiduría.
El poder lo homenajeaba al tiempo que hacía oídos sordos. Sin embargo, las agrupaciones independientes suelen hacer justicia. La Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) premió el año pasado a "aquellas personalidades que con su testimonio de vida, con su obra o con su ejemplo de entrega van iluminando el contorno de la sociedad más justa por la que estamos luchando". Los llamó "Maestros de Vida", y entonces distinguió a nuestro Fermín Chávez junto a seis docentes de escuelas de frontera de las provincias de Jujuy, Formosa, Misiones, Río Negro, San Juan y Chubut, y a Estela Carlotto, Eduardo Galeano, Ernesto Sábato, Quino, Alfredo Alcón, León Gieco, Víctor Heredia, Juan Carr, Leonor Manso, Hermenegildo Sábat, Adrián Paenza, Teresa Parodi, Norberto Galasso, Cristina Banegas, Joan Manuel Serrat, José María Pasquín Durán, Juan Pablo Sorín, José Pekerman y Pino Solanas. Pekerman de Villa Domínguez, Chávez de El Pueblito, hermanados en el reconocimiento popular, como en la humildad y el perfil bajo. La Ctera se anotó un poroto, y los Panzaverdes agradecidos. Censurado Con usted, Fermín, el eclecticismo peronista adquiría alguna lógica, y raigambre, porque lo suyo no fue mirar de afuera y de lejos, sino conversar mano a mano con Evita del aquí y ahora y cultivar el pensamiento nacional que, frente a los intereses del poder de afuera y de adentro, tiene mucho de ofensiva y más aún de defensiva. Ante usted, Fermín, se inclinarán el peronismo y el radicalismo, izquierdas y derechas, y tal vez algunos se avergüencen, por qué no. Sus libros, sus interpretaciones, sus hallazgos, fueron ignorados por el poder casi siempre, como sus ideas. Ya volverán a reconocer su luz propia, inclasificable, su latinoamericanismo sin par. Y aún los que no coincidan con su visión de la Patria y de la vida, rendirán homenaje a su honestidad y su militancia de probada entrerrianía, de inigualable argentinidad, su forma de maravillarse ante las bellezas del hombre y el paisaje y la historia y las pequeñas cosas lugareñas, y obsesionarse por la unidad latinoamericana tan anhelada y negada. ¿Qué dirán hoy los que ayer nomás lo privaron de su último libro, lo censuraron, quizá porque no coincidían con alguna posición suya sobre el gaucho, el indio, como si su trayectoria y su dedicación y su honestidad intelectual poco importaran, y todo se redujera a saber si opinaba o no como el poder de turno que tiene la llave de la publicación? Obras como la del argentino Fermín Chávez deben ser publicada sí o sí, aunque diga lo que no nos gusta escuchar, y más aún cuando el poder ha decidido callarlo. Mayo y Fermín Y fue un 28 de mayo, para que recordemos la partida de este gran maestro historiador y poeta y periodista, junto al adiós del gran maestro de la arqueología y la antropología argentina, padre del folclore argentino: el entrerriano Juan Bautista Ambrosetti. La muerte de Fermín Chávez nos obliga a pensar, a recomponer los fueros íntimos, y ocurrió un 28 de mayo, como el día de 1873 en que un presidente argentino cometió el desatino de ponerle precio a la cabeza del mejor y más representativo de los entrerrianos de su época: Ricardo López Jordán. ¿Cuánto vale la cabeza de un patriota? Día fulero el 28. López Jordán y José Artigas, dos de los "bandidos" que fueron tasados por la soberbia de Buenos Aires. De aquel lado estuvo, sin dudarlo, Fermín Chávez, con su biografiado (y apreciado) José Hernández. Derechos humanos El documento decía, entre otras cosas (¡1979, plena dictadura!): "El Justicialismo DENUNCIA: a) el encarcelamiento, vejación y confiscación de sus bienes de la señora presidente de la Nación Argentina, doña María Estela Martínez de Perón; de nuestro prestigioso dirigente gremial, don Lorenzo Miguel y de otros tantos que padecen las consecuencias de las llamadas "actas"; b) la muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevarán como ‘pena’ desde un silencio impuesto, hasta la muerte". ¿Por qué sorprendernos? Ese era y es Fermín Chávez, ese es el entrerriano que pasó el umbral para encontrarse con sus amigos Linares Cardozo, Marcelino Román, y los grandes estudiosos. Hablaba allí Ricardo López Jordán regresando de la incomprensible y mortificante Pavón, pero en el fondo era usted, Fermín. "Trotando voy hacia el distrito verde / y todo el monte espía mi caballo / que la espuma del freno muerde, y muerde". Era López Jordán, pero era usted, Fermín, el que mascaba la espuma del freno porque veía que valía la pena continuar aquellas luchas perdidas por las autonomías, por el equilibrio, por la identidad nacional, por la "barbarie", en suma, contra las matanzas materiales y espirituales de tanta arrogante "civilización". Por usted, la Argentina es más honda, más humilde, más entrerriana. Y nosotros, los que escuchamos su voz peronista y sencilla, tenemos desde hoy la gran responsabilidad de escuchar con mayor atención su legado, de buscar los libros que no leímos, de rastrear esos folletos en los que estampó sus obras a falta de grandes editoriales porque las editoriales están más dispuestas al éxito que a la verdad. Perdón Fermín, porque los periodistas entrerrianos que debimos encontrar en usted al gran maestro del periodismo, el de la sabiduría, de la cultura, de la palabra con fundamento, muy lejos de la ligereza y de lo playito, hemos desconocido tantas veces su consejo hecho práctica y hábito, de hablar con el documento probatorio en las manos. Él cebaba el mate amargo El museólogo Héctor Errasti, oriundo de Villaguay y radicado en Paraná, conoció bien a Fermín Chávez durante su estadía en Buenos Aires, donde solía departir con él, y dice que siempre lo admiró la cantidad, la calidad y la variedad de libros de su biblioteca, y más que nada su generosidad. "Le sobraba talento y le sobraban cosas para dar", recuerda. Hablar con Fermín Chávez era un placer sin medidas, era subir al cielo de los grandes y hacerlo de la mano de un obrero del conocimiento, sin estridencias, con un mate de por medio. Siempre dispuesto, como bien refiere Errasti, con el gesto adusto, la actitud de agradecimiento, un particular humor y cierta ironía para dar sus luchas intelectuales. Un día le preguntamos:
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