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CASTELLANI FILÓSOFO
Por/ Alberto Buela
Como todo el mundo sabe Castellani es, antes que nada y fundamentalmente, un teólogo. Y un teólogo esjatológico, pues sus principales obras en esta disciplina son Cristo ¿Vuelve o no vuelve? y El Apokalypsis de San Juan.Pero henos aquí ante la primera paradoja, que acertadamente hace notar el P.Miguel Angel Fuentes en un brillante artículo sobre tema:"Hizo teología aunque no escribió tratados de teología. Es decir pensó como teólogo, investigó como teólogo, escribió como teólogo"(1) Dado que nosotros vamos a intentar la presentación de Castellani como filósofo, este primer párrafo nos crea dudas y nos obliga a realizar algunas distinciones. Entre las dudas la primera es que ya existe un trabajo,La filosofía del Padre Castellani(2).Y segundo, porque escribir sobre Castellani en tanto que filósofo supone,antes que nada, definir qué es "ser filósofo".Tarea que no es fácil. Sobre el primer punto debemos decir que el opúsculo de Ballesteros es útil y didáctico, aun cuando más entusiasta que profundo. Pero cumple acabadamente su objetivo: presentar la filosofía de Castellani, que no es otra cosa, mutatis mutandi, que la de la escuela tomista y sus soluciones clásicas. En cuanto al segundo punto, Castellani en tanto que filósofo, allí es necesario explicitar la tensión interna del pensamiento del Ermitaño Urbano con relación a "lo que es y sucede".Ello nos permitirá decir si estamos ante un filósofo o ante un mero profesor de filosofía. A decir verdad, uno tiene un preconcepto de "filósofo"que, incluso, con los años se ha ido modificando. En un principio filósofo era aquel que conocía las causas últimas de las cosas, que lograba un conocimiento esencial; luego aquel que trabajaba sólo con el auxilio de la razón natural; posteriormente era el que nos ofrecía una Weltanschauung, una cosmovisión, o nos develaba un mundo de valores adormecidos, o explicitaba nuestra particular situación de dependencia o colonización cultural. Y ya en nuestros días es el que se ocupa de hallar el sentido del ser del ente, o describe con mayor propiedad la situación de extrañamiento del hombre con relación a los "grandes relatos" de la modernidad. Ahora bien, con relación a estas visiones o versiones "del filósofo":¿Cómo situar a Castellani?. El es todas y ninguna de éstas acabadamente. Pues él posee una formación clásica y contemporánea, y una inteligencia no-imitativa. Esta es su traza filosófica, al decir del estudioso italiano Sergio Sarti, que " rimane una delle personalita piu vive e originali del pensiero tomista argentino"(3). Aun cuando, a fuer de ser sinceros, ya muchos años antes Hugo Wast en el prólogo a Camperas - bichos y personas- afirmaba: "...y en esto consiste el principal mérito de Jerónimo del Rey: no ha intentado imitar ni a Esopo, ni a La Fontaine, ni a Samaniego.Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra. Está en ellas toda la tierra Argentina...".Años después Hernán Benitez afirmaba en el Estudio preliminar a Crítica Literaria:"¿Leonardo Castellani?: Es un género propio". La variedad de sus registros literarios: novela, fábula, cuentos, ensayos políticos, filosóficos, pedagógicos, psicológicos, poesía, crítica, exégesis bíblica y demás yerbas, lo transforman en un autor enrevesado de asir y catalogar. Pero si hay algo que no se puede decir del Padre es que:"Lo terriblemente difícil de Castellani es su ortodoxia". No. Eso es difícil para "un policía intelectual como Calderón Bouchet, que hace tal comentario. Por el contrario, para Castellani lo más fácil es ser ortodoxo.El no escribe pensando en "ser ortodoxo",sino para reflejar genuinamente el asunto que lo ocupa; la ortodoxia viene de suyo en la resolución del tema. Castellani con su realismo raigal sería hoy lo que se denomina un postmoderno fuerte a la manera de un Nolte, un de la Mora, un Cardini, en tanto que sus comentadores habituales -nacionalistas elitistas de formación escolástica-siguen estando enfeudados con el Iluminismo del siglo de las Luces que dicen y creen combatir. Ellos parten de la idea que quieren justificar, en tanto que Castellani parte de la realidad que quiere explicar. Esto se avizora en la aproximación de Kierkegaard a Sto.Tomás, cosa que sus habituales comentadores, autotitulados amigos dél, jamás se animarían por temor a perder la ortodoxia de pensar "siempre igual" que les garantizan los manuales de filosofía. Castellani fue un hombre libre en el sentido pleno del concepto; esto es, un combatiente que da la medida de libertad del pueblo a que pertenece. Y porque conocía las debilidades humanas, le "daba poca bola a la gente", según Pepe Taladriz quien lo trató asiduamente. Esto quiere decir que "Amó a los hombres, pero los amó con tristeza", como lo hiciera Kierkegaard. Y más aún a los policías intelectuales que esterilizan todo lo que tocan, sea en el orden de la cultura, sea en el orden de la acción política. Si, en un inútil intento de encasillarlo, recorremos los cuarenta y tantos libros que publicara, el hilo conductor de su meditación estaría dado por su preocupación teológica y más específicamente escatológica(de esjatós=último). Que también en sus múltiples escritos político-culturales fue escatológico( de scatós=excremento), porque vislumbró en su época como ningún otro argentino que política y culturalmente íbamos a la m....Esto es, al extrañamiento de nosotros mismos, a la pérdida de nuestra identidad como nación; en definitiva, a la subordinación ante los grandes poderes internacionales de las finanzas, de los mass media, de la cultura. Castellani es un pensador en el sentido amplio del término.Es lo que los franceses llaman un maitre a penser. Aquel que ofrece, descubre y suscita ideas, al par que las vivencia. Sus obras filosóficas stricto sensu son: el primer capítulo de Conversación y Crítica Filosófica (1941);lasNotas y Comentarios a la Suma Teológica (1994-45); un enjundioso artículo sobre Schopenhauer (1950); Kant en la obra de José Marechal, en su traducción de la obra de este autor: "La Crítica de Kant" (1946); un breve manual de Elementos de Metafísica (1951) y su De Kirkegord a Tomás de Aquino (1973). En el volumen Conversación y Crítica Filosófica, colección de artículos fundamentales psicológicos, se destacan los capítulos VII y VIII: Homenaje a Descartes y San Agustín y Descartes donde Castellani, anticipándose a la conclusión que ofrecerá E.Gilson años más tarde, destacará la influencia del primero sobre el segundo. Afirmando: "El Cogito ergo sum, sive existo de Descartes, está casi literalmente en San Agustín, no una vez sino en cinco ocasiones, remachado y pulido cuidadosamente" (Pág.109). Para demostrarlo se entretiene en el análisis del argumento ontológico de la existencia de Dios, apoyándose fundamentalmente en conceptos contenidos en la obra de su primer maestro Joseph Maréchal: Le point de départ de la métaphysique (1936). En las Notas y Comentarios a la Suma Teológica, Castellani intervino hasta la cuestión XXV de la Prima Secundae, o sea, en los cinco primeros volúmenes sobre un total de veinte que llevó la edición del Club de Lectores. Al respecto un autor tan poco propenso al halago como lo fue el ex sacerdote español Luis Farré, dice: "Las notas agregadas a la Suma... denotan a las claras al pensador y al psicólogo habituado a la lectura y meditación de filósofos no escolásticos, sin que falten,cómo habían de faltar! algunos sabrosos chistes... A la verdad que son chistes, por lo menos la mayoría de ellos, que valen por un comentario", en Cincuenta años de filosofía en Argentina, Ed. Peuser, Buenos Aires, 1958, Pág.261. En el trabajo sobre Schopenhauer, Castellani, haciendo uso de su exquisita capacidad en la formulación del razonamiento paradójico, muestra que el Pesimista de Danzing creía ser anticristiano y sólo era antiprotestante, creía ser antikantiano y no lo era, se ocultaba dentro de una cosmovisión religiosa y no atea, más cristiana que budista, aun cuando el autor pensara lo contrario. "Schopenhauer, afirma Castellani con chispa, no era schopenhaueriano", en Schopenhauer, Revista de la Universidad de Bs. As. Nº 13. 1950. Vienen luego dos obras Kant en la obra de J. Maréchal y Elementos de Metafísica, escritas bajo la influencia de Maréchal y de Maritain. Este último lo llega a citar en Arte y Escolástica como a uno de sus mejores intérpretes sobre el tema. Es sólo a partir de Su Majestad Dulcinea (1956), como bien afirma el máximo historiador de la filosfía argentina (4), donde su pensar se transforma, poco a poco, en expresión de su propia existencia. "On note son analyse de la douleur chez I'homme religieux, mais aussi son style généralement jovial" afirmará, al mismo tiempo, un historiador europeo de la filosofía (5).
Hay que recordar acá la persecución de que es objeto el Ermitaño Urbano por parte de las autoridades de la orden jesuita a partir de 1946, su prisión en Manresa, su fuga y su posterior expulsión. No es ajena su historia personal plagada de vicisitudes, sufrimientos y privaciones, en este cambio del eje de su meditación filosófica. Se produce lo que él llamará la transfiguración por el dolor que en el hombre religioso perseguido es un estado permanente. El, a la manera de Kierkegaard, por la Iglesia oficial del Estado. La influencia del danés se hace más y más significativa."Un hombre solo no puede salvar a la sociedad en que vive, pero puede ser señal de que esa sociedad marcha hacia su destrucción". La experiencia de la revista Jauja (1967-69), redactada, prácticamente por él, solo convalida la cita precedente. Se refuerza aún más la tesis de que el giro se produce con la aparición de Su Majestad Dulcinea si recordamos que es allí donde aparece por vez primera el poema que precedía a la revista: "Yo salí de mis puertos tres esquifes a vela, y a remo a la procura de la Isla Afortunada. La que finaliza así: Gracias te doy Dios mío que me diste un hermano (Kierkegaard) que aunque sea invisible me acompaña y espera, claro que no lo he visto, pretenderlo era vano, pues murió varios siglos antes que yo naciera, más me dejó un libro (Postdata) que diccionario en mano de la lengua danesa voy traduciendo yo, y se ve por la pinta del fraseo baquiano que él llegó, que él llegó.
Castellani se aleja definitivamente de los planteos profesorales, se produce lo que "su hermano" denomina Salto. Esto es, pasa por alto las pruebas de la existencia de Dios y da el Salto de la fe donde se enfrenta con el mysterium tremendum. Pasa por la noche oscura según deja entrever:"Supe lo que es lo que llaman, los santos la noche oscura...sólo el que tuvo experiencia comprenderá tal tortura" en La Muerte del Martín Fierro (1953). Desde ese momento, el sentido que Castellani le da a la "ex-sistencia", es el de "estar fuera de". Así la ex-sistencia, uno la encuentra sólo en Dios, cuya verdad es Cristo. Llegamos finalmente a De Kirkegord a Tomás de Aquino (1978), en donde Castellani, en la plenitud de su fuerza intelectual y espiritual, en apretadas 264 páginas, y en lo que hace exclusivamente al dominio filosófico (el libro tiene varios niveles de lectura), va a sostener que: 'El filósofo (que ha aceptado la revelación divina) puede tomar uno de dos caminos: o usar de su filosofía para defender, esclarecer y trabar entre sí los "hechos" dogmáticos, como hace Tomás de Aquino; o usar los hechos dogmáticos para profundizar el enigma del hombre, como hace Kirkegord. En el primer caso tenemos una teología filosófica, como la Summa; en el segundo, una filosofía religiosa, como la Postdata." Concluyendo entonces, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Castellani fue, aunque con cierta influencia agustiniana, un pensador tomista tanto en el manejo de las categorías, cuanto en el lenguaje de esta escuela filosófica. Dentro del panorama de la filosofía argentina, formó junto a sus cofrades Meinvielle (1905), Sepich (1907), la generación más representativa y enjundiosa del tomismo en nuestro país. Pero, cabe observar, que desde los años cincuenta asumió vitalmente la filosofía de Kierkegaard, a partir de una experiencia religiosa del dolor, absolutamente personal e irremplazable, que lo vinculó al danés de manera existencial. Y es en este aspecto cuando Castellani se destaca más propiamente como filósofo. Notas: 1.- Fuentes, Miguel Angel: Perfil teológico de Castellani, en revista del Instituto Juan M. de Rosas, Nº36, Buenos Aires, julio/sep.1994, p.24.- 2.-Ballesteros, Juan Carlos: La filosofía del Padre Castellani, Ed.Gladius, Buenos Aires, 1990.- 3.- Sarti, Sergio: Panorama della filosofia ispanoamericana contemporana, Ed.Cisalpino, Milano-Italia, 1976, p.417.- 4.-Caturelli, Alberto: La Filosofía en la Argentina actual, Ed.Sudamenricana, Bs.As.1971, p.237.- 5.-Guy, Alain: Panorama de la philosophie ibéro-americaine, Ed.Patiño, Paris, 1989,p.210.-
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