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EDITORIAL DEL DOMINGO 10 DE AGOSTO

 

 

Por: Jorge Rulli

La amenaza de golpe de Estado, que según muchos se hallaba oculta detrás de los enfrentamientos con el campo y sus reclamos, pareciera haberse disipado entre los paseos del predio ferial de Palermo y la agitación de premiar a los campeones de la genética vacuna y caballar.

También incidieron seguramente en la dilución de las amenazas al orden constitucional, los paseos por la exposición y la oportunidad de mostrarse en la fiesta paqueta, mientras cada cual se asombra, empequeñecido, ante las inmensas maquinarias de siembra directa y las promesas publicitarias de las corporaciones granarias y de agrotóxicos que ellas mismas, denominan, con elegancia, fitosanitarios. Algunas tensiones, no demasiado graves, se generaron pese a todo, alrededor del cierre de ciertos stands oficiales que habían sido arrendados y que no se usaron, y también hubo ciertas expectativas y comezones en razón de discursos que, una vez pronunciados, añadieron desilusiones a quienes desde la Academia se organizaban para resistir en defensa de la Democracia y el Gobierno Popular. Otra vez será, mordisquitos, no desesperen por favor, que la vieja oligarquía vacuna no los va a defraudar. El continuar escrachando al vicepresidente, divagar sobre sus gestos masónicos con la manito y los dedos abiertos mientras votaba, o sobre sus zozobras interiores en esos momentos trascendentales, o acaso buscarle genealogías en el nuevo testamento, puede ser mientras tanto, una buena gimnasia para entretener ciertas penumbras intelectuales, hasta que llegue la hora de la verdad. La verdad… ¿saben qué mordisquitos? las luchas de ustedes, sus movilizaciones y propuestas, me provocan nauseas….

El modelo de la sojización, mientras tanto y pese a tanta conmoción de los espíritus, continúa absolutamente intacto. No solo parece que nadie se proponía limitarlo, acotarlo o regularlo, sino que, habría salido fortalecido de la crisis, y aún más todavía, que ahora con el nuevo secretario de Agricultura, seguramente se profundizará, y avanzará hacia la producción de agrocombustibles para alimentar con nuestra hambre los automóviles de Europa. Asimismo se  nos propone, desde el modelo, la generación de una biotecnología nacional. De tal manera que, tal como lo habíamos afirmado reiteradamente, no era la soja lo que estaba en discusión, sino al contrario, era la soja el presupuesto básico de un proyecto de país ensordinado, un proyecto de país enmascarado, un proyecto de país ocultado por una controversia sobre la renta agraria y las relaciones con el Estado, entre la gran masa de los sojeros y todos los sectores del campo que se les sumaron de un lado, y el complejo agro industrial aceitero y exportador por el otro lado. De hecho, que el Senado de la República, sobreponiéndose al vocerío de los que revolvían las aguas para enturbiarlas y hacernos creer que eran profundas, ha dispuesto por unanimidad la formación por Ley de una Comisión especial para investigar, como presunto origen de la crisis, la defraudación al Estado de cerca de dos mil millones de dólares, pareciera una vez más, darnos la razón a todo lo que afirmamos durante los meses de la crisis.

Ahora nos hacemos una pregunta básica que suponemos que deberían habérsela hecho asimismo tantos intelectuales que se metieron a opinar en temas que desconocían, con la misma improvisación y petulancia con que en otras épocas manejaban las estrategias del cambio social. Esos polos biotecnológicos que tanto el INTA como el CONICET están generando  en diversos lugares del país, en asociación con empresas privadas de Bio genética, ¿se proponen realmente, hacer una Biotecnología nacional o acaso es una nueva simulación? Concretamente, deberíamos preguntarnos: ¿es posible tener una Biotecnología nacional? Respondemos con absoluta certidumbre que NO, que NO es posible, que la Biotecnología nacional que nos proponen, no es más que un nuevo y más peligroso engaño que nos adentrará inexorablemente, en las complejas relaciones de la dependencia global a las empresas transnacionales.  Estamos refiriendo a lo que se conoce como el poder del conocimiento. Estamos refiriendo a que las corporaciones biotecnológicas no transfieren sus conocimientos, estamos diciendo que, a través de los sistemas de patentamiento y de privatización corporativa de la información, se apropian de la investigación nacional y la subordinan a sus propias estrategias de crecimiento y de dominación. Es por ello que fomentan extendidos procesos de innovación tecnológica, y redes locales de investigación y desarrollo, que servirán a sus propósitos corporativos, al ser inevitablemente cooptadas y al ser sus trabajos, sus nuevos conocimientos y tecnologías, transformados en mercancías, y puestos en función de sus intereses y de los intereses de los mercados globales.

La anunciada industrialización que se pretende oponer al campo, a esa idea de campo que opera como paquete heterogéneo de significantes socio económicos que trasuntan expresión de lo antiguo y de lo primitivo; esa industrialización que se opondría como antinomia al proyecto agroexportador, es en realidad, otra simulación a la que solo se alude con medias verdades, con ocultamientos y con una extendida ignorancia, pero donde siempre se imponen los fundamentalismos de la gran escala, del crecimiento y de los índices del producto bruto. Se están refiriendo a una propuesta de componentes industriales del complejo agroindustrial, o sea de componentes industriales en función del campo y del modelo agro exportador. La propuesta es exportar industria propia, sí, pero en los marcos estrictos del modelo de agronegocios biotecnológico que nos imponen las corporaciones. Los acuerdos entre el INTA, tanto con Venezuela como con Ecuador son emblemáticos de un rol que en el mundo globalizado es aceptado por numerosos países de mediana escala y desarrollo, países que cumplen el papel de intermediar y extender las tecnologías transgénicas y los sistemas de dependencia alimentaria de los mercados y de las poblaciones, a las cadenas industriales y a los sistemas de producción en grandes escalas, con alimentación por balanceados y con altas dosis de agrotóxicos y medicamentos.

Penoso proyecto de país, el de ser la percha intermedia en el gran gallinero global. Ese es el rol que se nos propone, y esa será la industria y el valor agregado, que exportaremos a países supuestamente más pobres, pero que en realidad son países que cuentan todavía con sociedades más integradas y enraizadas a la tierra, con mayor soberanía alimentaria, o acaso con resabios de antiguos sistemas de agricultura y seguramente con semillas propias de una genética codiciada por las corporaciones. En el mejor de los casos, exportaremos agronegocios, exportaremos megacriaderos de pollos y sistemas chatarra de engordes a corral, cadenas agroalimentarias, tecnologías de posicionamiento satelital, maquinaria agrícola para siembra directa, genética animal con enorme dependencia a insumos, semillas transgénicas o de híbridos altamente tecnologizados, exportaremos agrotóxicos de industria nacional, pero convenientemente patentados en acuerdos con las empresas para servir el proyecto del capital globalizado.

Debemos preguntarnos ¿Estamos, de esa manera y como país, aportando a recuperar los equilibrios del planeta enfermo o acaso, todo lo contrario, estamos aportando decididamente a generar colapsos ambientales en brevísimos y aterradores plazos? Un reciente informe científico publicado en The Guardian, nos hace saber que, de continuar por este camino de industrialización, consumo, contaminación y destrucción de los ecosistemas, nos quedarían tan solo ocho años para decidir e implementar políticas de remediación y en especial de limitación de las emisiones al ambiente de dióxido de carbono. La disminución de los casquetes ártico y antártico, acelerará los cambios climáticos al reducirse las superficies capaces de irradiar al espacio el efecto invernadero, y llegado un punto crítico, que se calcula en alrededor de cien meses más, se iniciarán procesos irreversibles que ya no podremos detener aunque se modificaran radicalmente, los actuales sistemas de producción y de consumo. Ocho años es un período demasiado breve, al menos para imaginar que las tribus de psicópatas que nos gobiernan quieran modificar, ya sea por desarrollo de la propia conciencia ambiental o por presión de los sistemas democráticos, sus actuales hábitos políticos, basados en el canibalismo, las luchas por el poder y la más espantosa explotación de los recursos naturales. 

Podemos afirmar que el actual modelo agroexportador de la Argentina, modelo de agronegocios y de megaempresas mineras, modelo de monocultivos biotecnológicos y de producción de agrocombustibles, modelo exportador de nuestro petróleo terminal sin inversiones en nuevas búsquedas, modelo de plantaciones de eucaliptos y de pinos para la producción de pasta de papel, pero en especial, modelo de deforestación masivo y de absoluta despreocupación por el medio ambiente; aporta decididamente a un generalizado colapso planetario. No existen siquiera a nivel de estado espacios dedicados al decisivo tema del Cambio Climático, ni existen las más mínimas planificaciones de políticas de desarrollo capaces de adaptarse a los cambios que ya se están produciendo en torno de nosotros y que parece que hemos decidido no tomar en cuenta. La política del avestruz no es la más indicada para estos momentos, a menos que la política del avestruz conlleve como en este caso, el interés mezquino de una casta presuntamente dirigencial, de vivir a pleno su postrera fiesta del Titanic, a la vez que se despreocupa de la suerte del Planeta.  

Este modelo neocolonial en acuerdo con los intereses globales de las Corporaciones transnacionales, tiene su basamento histórico en la derrota del proceso nacional y en la posterior represión y genocidio por parte de la dictadura, situaciones que impidieron en su momento, el que pudiésemos realizar el proceso de reflexión y de autocrítica necesario acerca de nuestros desvaríos y fracasos en los años setenta. Ahora, tanto en la Argentina como en varios de los países hermanos, muchos de los que nos empujaron a los mayores despropósitos de aquellos años revolucionarios, presiden las nuevas políticas en concertación con los intereses de las empresas. No han modificado los viejos paradigmas que les sirven para justificar a las FARC colombianas o la apropiación del Tibet por parte de China, pero han dejado de comprender los nuevos desafíos de la globalización y se han desinteresado definitivamente de la suerte del Planeta, como si les fuese un tema absolutamente ajeno. Los discursos de esta izquierda progresista devienen de esa manera funcionales con los intereses de las Corporaciones mineras y granarias de apropiarse de nuestros recursos y subordinarnos a roles establecidos según el interés de los mercados internacionales.

Han convertido las políticas de derechos humanos en ideologías que sirven al modelo y que entretienen nuestra enorme necesidad de justicia, a la vez que enmascaran los nuevos acuerdos económicos y las políticas realistas que los acompañan. Baten el parche de la oligarquía porque sostienen el modelo de los agronegocios, dicen no soportar más el olor a bosta, pero nada dicen del olor a Glifosato. Y mientras los discursos continúan teniendo como referencia lo popular, una tercera generación de excluidos, crece en la mayor de las indigencias. Para ellos y con los dineros del modelo sojero, se compran en Inglaterra programas sociales enlatados, sí, escucharon bien, ya no tenemos siquiera la mísera originalidad de imaginar nuestros propios programas para la pobreza que nuestra propia estulticia política genera…. Esos programas sociales que le compramos a los ingleses a buen precio, requieren para desarrollarlos, la contratación de miles de cuadros activistas de los sectores medios y de los sectores jóvenes de lo que alguna vez fue la izquierda revolucionaria y ahora es solo un discurso vacío en los movimientos sociales. Esa camada de fracasados, cuando no conversos, está engendrando jóvenes, que nacen a la vida política no ya como rebeldes, tal como se supone deberían iniciarse los joven, ahora se inician como bomberos, no como incendiarios. Quiero decir que nacen a un activismo oficialista, nacen como conformistas, para defender las más de las veces situaciones que les repugnan e incluyo a Repsol y a Monsanto, pero que los entrena en la disciplina de relegar situaciones éticas, en mérito a la supuestas reglas de la política que incluyen tanto el tragar sapos, como el aprender a priorizar la contradicción principal, según los viejos manuales del marxismo. Serán estos jóvenes viejos del neocamporismo, algo así como la franja morada del justicialismo?

Se los adiestra en las estrategias de construir al enemigo, y para ello repiten cada día que una nueva derecha está naciendo desde la oligarquía, mientras le dan letra a esa nueva derecha; una nueva derecha en que ese mamarracho de la Pando es tan funcional al proyecto de las profecías autocumplidas, que uno bien podría sospechar que alguien le esta pagando un sueldo por hacer lo que hace... Y mientras el circo continúa con su guiñol de discursos y enmascaramientos, desde el campo sindical los que jamás se preocuparon por los miles de víctimas que dejan las fumigaciones, exponen ahora sobre la injusticia de que los trabajadores rurales carezcan de ropa de trabajo, o sea que ni siquiera se enteraron que el modelo de la agricultura industrial carece de trabajadores, a menos que nos estén proponiendo ponerle un uniforme grafa a los chicos banderilleros… Mientras los discursos configuran la tramoya progresista, la mancha de la sojización se extiende implacable a nuevos territorios, penetra en los valles que corren a lo largo del Río Negro, se instala en la isla de Choel Choel, y penetra en la provincia de Jujuy, expulsando campesinos e indígenas de las valles.

Pero la Argentina ya no es la misma de hace cuatro o cinco meses. Estamos de nuevo en el hervidero espantoso de que nos hablara Rodolfo Kusch. Estamos en medio del tembladeral social en que todos opinan, en que el común quiere saber qué pasa, y sobre todo, quiere expresar sus quejas… El guiñol progresista no alcanza a contener las fuerzas en ebullición, y los viejos esquemas dogmáticos se derrumban tanto como los delirios que genera el poder. Dejemos que fluya la energía de lo popular, tan solo tenemos que saber acompañarla. Estemos seguros que esa energía nos llevará siempre adónde debemos ir…

Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesurblog.blogspot.com/

 
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