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10 de mayo 2009

 

EDITORIAL DEL DOMINGO 10 DE MAYO DE 2009

 

 

lPor Jorge Rulli

Cambalache discepoliano, final de fiesta, dicen, pero… ¿de cuál fiesta? ¿De la fiesta de quiénes? La pandemia política nos inunda, nos enferma…en este año electoral, y deja más víctimas que las pandemias proveniente de las zoonosis de la Bioindustria.

La estética de lo popular tiñe todos los campos, pero ahora está vaciada de los contenidos que alguna vez tuviera... me dice mi amigo Romero… Buela, por su lado, afirma terminante: que para votar a Piumato en Capital habrá que votar al Partido Comunista… que, según anuncian los anuncios publicitarios resistiría cualquier archivo… ¿Será verdad? Cambalache discepoliano... Algunas veces dije despectivamente: esto de la crisis con el campo es un mero River y Boca, pero unos cuantos se molestaron y me corrigieron con severidad: apenas un Atlanta contra Chacarita. No conozco suficiente de epistemología futbolera pero percibo el sentido de la crítica…y la acepto. La estrategia de la exasperación ha conducido a estos finales bochornosos de todos contra todos y un horizonte de abismos, de helicóptero, de coche patrullero o expulsión de la plaza por los fantasmas insomnes del General, que parece que se gastó escribiendo sobre estrategias y conducción política sin que la mayoría de sus presuntos seguidores lo hayan leído siquiera por las tapas y solapas. Absoluto cambalache y esquizofrenias del discurso. A la fragmentación de los grupos y de los partidos, se suma la fragmentación del pensamiento y de la conciencia. Eso si que es grave. Nos dice Héctor Huergo en una de las últimas ediciones de Clarín Rural: “En un reportaje televisivo, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación aclaró que no existe ningún estudio del CONICET -organismo que depende de ese ministerio- acerca de los efectos del herbicida glifosato sobre embriones de anfibios. El doctor Lino Barañao reconoció en "El Campo, la Industria Verde ", que el autor de esos trabajos, es investigador del CONICET y docente de la cátedra de Embriología de la Facultad de Medicina de la UBA. "Pero el cuerpo directivo del CONICET no lo avala", enfatizó. Consultado acerca de si la autorización de cultivos transgénicos, empezando por la soja -que lleva 13 años en el mercado y tuvo una enorme difusión- había generado alguna consecuencia, dijo que: “ jamás se reportó un caso, en todo el mundo, de algún problema sanitario. Mientras tanto, los alimentos orgánicos produjeron centenares de muertos, por contaminación con microbios o toxinas naturales", indicó. Y agregó que "no por eso vamos a prohibir los alimentos orgánicos: lo que hay que hacer es producirlos bien y tomar todos los recaudos".
Penoso, realmente penoso. No podemos dejar de sentir vergüenza ajena pensando en lo que pensarán los que lean a nuestro ministro más allá de las fronteras. O los que escucharán la semana próxima a Moisés Burachik en la Academia Pontifica en Roma, describiendo ante los Obispos y Cardenales, los éxitos de la tecnología transgénica en la Argentina: record y record de cosechas de exportación…a lo largo de más de diez años… seguramente se le olvidará mencionar también, los record de niños discapacitados... Niños nacidos con malformaciones, por ejemplo, con el conducto neural insuficientemente cerrado, mielomeningocele que le dicen, o acaso con hidrocefalia, u otras anomalías horrorosas, que los condenan a un vida crucificada a sillas de rueda, a muletas y corsés, a tuberías y bolsas, a pañales higiénicos, que los condena a la discapacitación en una sociedad no suficientemente preparada para respetar siquiera los derechos de las personas con discapacidad. Y continuamos celebrando los record de cosechas y el Ministro Barañao en ese mismo reportaje nos ilustra sobre el tema explicando que:”El problema de la soja es que ha sido demasiado exitosa y quizás por eso se ha convertido en un cultivo casi excluyente. Creo que el deber del Estado es brindar al productor alternativas que sean igualmente rentables. El problema es que si no hay otro cultivo equiparable en rentabilidad, va a ser muy difícil que un productor siembre otra cosa”.

Nosotros le recordaríamos al Señor ministro que las cosas no ocurren porque sí nomás, que la soja se convirtió en un cultivo excluyente, porque llegamos a los años ochenta con una deuda externa impagable que requería divisas para cubrir los intereses, y que ha sido desde entonces, una política de Estado cultivarla y que esa política continúa incentivándose cada vez con mayor entusiasmo, ahora con la mira puesta en los Biocombustibles. También, quisiéramos decirle que no puede haber otros cultivos alternativos en la medida que sean los mercados globales los que fijen tanto los precios como nuestras consecuentes políticas agrícolas y que la ausencia del Estado en simultaneo con las políticas de Estado a las que referíamos, son el reaseguro de las grandes Corporaciones para mantener la actual neocolonización de la Argentina. Sin embargo, tal como dice nuestro amigo Alejandro desde Bahía Blanca: no pueden fumigar la memoria de nuestro pueblo… Y es justamente, la memoria de los argentinos, la que nos remite a un territorio saludable en que la producción de alimentos sanos era la prioridad del trabajo del hombre en el campo. Ahora tenemos, meramente, las tensiones entre diversas propuestas del Agronegocio, y en un clima de exacerbación electoral, existen demasiadas discusiones y ningún debate; en definitiva, mucho ruido y pocas nueces. Cada sector nos propone frente al otro, la defensa del modelo, cuando en realidad ese modelo es compartido y ninguno de los bandos lo está poniendo en riesgo. Ese modelo es el Agronegocio, ese modelo es la ausencia del Estado en sus funciones indelegables y es, asimismo, el mantenimiento del status neocolonial, que se expresa hoy en la Biotecnología y en la agro exportación, tanto de forrajes como de biocombustibles.

De esas convicciones, deriva que, durante años antepusiéramos lo nacional a lo social, en una cultura política que alguna vez, nos fuera tan natural a la conciencia de los argentinos y que, a partir de un determinado momento, parece que comenzara a perderse. Me refiero a que la comprensión de la dependencia nacional y la visualización del modelo de la dependencia, no negaba de manera alguna, ni menos aún rechazaba, el abordaje del gran tema de la injusticia social. Todo lo contrario, la preeminencia que hicieran muchos confundidos y algunos vivillos de la cuestión social, de manera excluyente, condujo durante años a que innumerables esfuerzos y energías sociales se malgastaran en caminos que eran fondos de saco, cuando no, fueron,  funcionales al modelo de neoglobalización.  De allí que repitiéramos innumerables veces la necesidad de revisar los paradigmas y las miradas que arrastrábamos desde los años setenta, y convocáramos a comprender los nuevos desafíos con las miradas renovadas de los viejos nacionalismos de la posguerra, una vez más, vigentes en la necesidad de enfrentar a las Corporaciones transnacionales y sus políticas capaces de modificar nuestros hábitos alimentarios y dominarnos en el actual extravío de nuestra soberanía alimentaria, en la pérdida de las semillas y de los patrimonios alimentarios que las acompañaban. Unir lo antiguo con lo nuevo fue nuestra propuesta: que renováramos el viejo tronco del peronismo histórico con los nuevos sueños libertarios, con el zapatismo, con el Ecologismo, con los movimientos autoconvocados, con las luchas campesinas, con el neoludismo y el ecofeminismo que marcaban los caminos del presente. Que la vieja experiencia revolucionaria fuese capaz de proporcionar su mirada estratégica a los nuevos movimientos que cuestionaban con rebeldía los modelos impuestos de vida global, muchas veces, sin las herramientas teóricas necesarias para comprender los fenómenos del colonialismo y las consiguientes luchas por la emancipación nacional. No sé si lo logramos, pero sin duda que debemos haber aportado bastante a una conciencia nueva. Los nuevos desafíos que debemos resolver en América Latina ocurren a diario y solemos haber olvidado su importancia, por ejemplo, lo paradójico de que en la banda oriental se discuta apasionadamente sobre el aborto pero nunca sobre Botnia, que se pueda ser considerado de izquierda y a la vez, la abominación de proponer el arroz transgénico para la propia población…. Como hace Pepa Mugica… O acaso, la actual fragmentación identitaria de Bolivia en que se asegura a rajatabla la autonomía, inclusive de las pequeñas comunidades étnicas, pero se retroceda en cuanto a continuar permitiendo en Santa Cruz, los monocultivos y la ingesta de sojas transgénicas. No son hechos menores sino hechos que refieren a las prioridades y a las miradas globales que antes mencionábamos y que en general se encuentran ausentes en las nuevas luchas.

En la Argentina, una vez más, país laboratorio, las justificadas reivindicaciones de los pueblos aborígenes no deberían hacernos perder de vista, el prolongado proceso de mestizaje del que somos consecuencia. Aquí también, y como natural respuesta a reivindicaciones largamente negadas, podríamos llegar a extraviar una mirada común, para debilitarnos en nuevas fragmentaciones, fragmentaciones que faciliten operar a las corporaciones que buscan nuestros bienes naturales. De nuevo los equilibrios y el modo de conjugar lo nacional con lo social, se nos plantea como desafío y como visión estratégica de un proceso de cambios, un proceso en que debemos recordarnos que no somos una mera sumatoria de parcialidades. Se trata una vez más en nuestra historia, de no permitir que lo particular se imponga sobre la gran causa de la Emancipación y de la necesidad de desmontar los andamiajes de los nuevos colonialismos. En medio de la confusión y de una creciente complejidad de las sumisiones, frente a las extorsiones de cada día en que se nos obliga a optar entre collares diferentes, no es poca cosa que nos permitamos recordar que tenemos una misión que cumplir como pueblo, que esa tarea esta inconclusa y que, las crisis que tenemos por delante vienen cargadas de amenazas pero también de nuevas esperanzas.

Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesurblog.blogspot.com/

 
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