Boletín del Instituto
J.M. de Rosas nº 3 1968
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Páginas
– 1.030 palabras
José María
Rosa
La Historia Argentina
fue escrita por hombres que en mayor o menor grade tenían de la patria un
concepto exclusivamente formal. De allí
que nuestra historiografía corriente – especialmente en los textos destinados a
la enseñanza - exalte como valores próceres y califique de patriotas a quienes
"se unieron con el enemigo y le prestaron ayuda y socorro", para
rebajar en cambio con calificativos denigratorios a los que resistieron a ese
enemigo. En la Revolución de Mayo ve
solamente un movimiento doctrinario; y considera como propósito exclusivo de
las luchas civiles redactar una "Constitución". Rivadavia es la gran figura porque "se
adelantó a su tiempo" con proyectos de reformas liberales, y Rosas el
"tirano" que retardó veinte. años la organización nacional"
Nada dice de las causas por las cuales se perdió medio virreynato, de
las tentativas de reconstruirlo, de los motivos que obligaron al levantamiento
de los caudillos, de la defensa de la soberanía en 1838 y en 1845, de la
independencia económica y las causas
que motivaron su pérdida, de la posición internacional, etc. Nada dice tampoco sobre una interpretación
social de la Argentina. Lo que no es institucional
(tomado como sinónimo de liberal) no interesa a la historiografía didáctica.
Contra esa historiografía liberal en todos sus matices, desde las Crónicas
de Funes a la nueva escuela histórica contemporánea, es que ha surgido el
Revisionismo Histórico.
Sus propósitos son estos dos: reconstruir el pasado conforme a una auténtica
critica y valorarlo de acuerdo a la mejor conveniencia nacional. Auténtica tiene el significado de
crítica metódica y veraz, tan difícil de ejercer donde tantas resistencias se
levantan contra quien dice "toda la verdad y nada más que la verdad".
Y nacional, que los hechos históricos han de ser interpretados y
valorados con prescindencia de una ideología determinada (y mucho menos desde
aquellas abstracciones corrientes: humanidad, civilización, progreso
etc.); que deben interpretarse de acuerdo a la mejor conveniencia de los
argentinos como hombres y de los
destinos de la
Argentina como nación.
Escribir y enseñar una
historia que sea Historia de la Argentina, y no de las ideas liberales en la
Argentina, necesariamente tuvo que producir una revolución en la jerarquía de
próceres que había legado la historiografía anterior. Quienes estaban muy bien desde las "instituciones"
estaba muchas veces muy mal desde la nacionalidad; en cambio, los
"tiranos” y caudillos olvidados o denigrados por la generación anterior
hubieron de ser reivindicados a titulo de su firme patriotismo.
No era una posición
política antiliberal como se dijo: se respetaron las teorías como doctrinas
políticas o económicas, pero no se las consideró la patria misma. El replanteo de juicios sobre la
actuación de los gobernantes liberales, especialmente en la época de Rivadavia,
mostró la cantidad de retórica inconducente y carencia de tino político que
hubo en hombres que poseían cierta cultura: mostró que su desconocimiento del
país y sus hombres corría parejo con su familiaridad con los tratadistas europeos de derecho público, y que tras ellos
– tal vez sin saberlo plenamente – se agitaban intereses comerciales de fuertes
potencias extranjeras.
Del revisionismo
surgió totalmente cambiada la figura de Juan Manuel de Rosas. En el
"tirano" de la vieja historia se encontró a un estadista con
singulares dotes de habilidad, popularidad, energía y - sobre todo -
patriotismo; se vio en el gaucho de la pampa al argentino por excelencia:
laborioso, leal con los suyos, que sabe respetar y hacerse respetar. Se supo
que su gobierno, conducido con mano firme, produjo la unidad nacional, la
independencia económica, el respeto por la soberanía; y hubiera llegado
constituir un sólido bloque entre los estados que formaron el virreynato si no
cayera en 1852, por obra del Brasil.
No es que el revisionismo histórico se circunscriba a la figura de
Rosas: pero el conocimiento claro y la interpretación argentina de su época es
fundamental para nuestra historia por los grandes problemas que se agitaron en
ella. Y es, sobre todo que el choque de las dos ideas
de patriotismo, de las dos
Argentinas, se presenta muy evidente en la interpretación del
Dictador que, armado de la suma del
poder público, defendió su tierra contra la agresión de Francia e Inglaterra
aliadas y auxiliadas por un partido "argentino".
La polémica, iniciada
en el recogimiento de las academias, ganó inmediatamente la calle. No podía menos que ser así, por la índole
del tema discutido. No se trataba
únicamente la veracidad de este o aquel hecho: se discutió lo que es la patria
y quienes fueron sus servidores leales y desleales, quienes los eficaces, quienes los retóricos. Fue tomando el tono agrio de una disputa
teológica y, como tal, también llegaron
”excomuniones" para los
adeptos a la nueva fe. Se los acusó de "ofender a los
próceres", hubo decretos y proyectos de ley condenando a años de prisión
por este delito, y los revisionistas se defendieron mostrando qué eran los
"próceres" del liberalismo y quienes habían ofendido antes a la
patria. Y que, cuando el presunto
"prócer" estaba contra la patria, no podía condenarse a quién se
quedara con la patria y no con el
"prócer".
Fueron empleadas todas las armas para silenciar al revisionismo – no ya para rebatir sus argumentos o contestar su documentación - las academias se cerraron para sus historiadores, la prensa calló o tergiversó sus enseñanzas; hasta 1945, los profesores revisionistas eran amonestados o expulsados de sus cátedras, no obstante la libertad de opinión de enseñanza del credo liberal. Se los expulsaba precisamente, por decir la verdad; y por decirla con lenguaje argentino.
Cuando el revisionismo ganó la calle, hubo un ministro del Interior que ordenó – muy seriamente – a sus agentes de policía que disolvieran los actos públicos cuando los oradores ”ofendiesen a los próceres" según, por supuesto el criterio del vigilante o el ministro. Por supuesto que nada detuvo la ola revisionista. Es que el formal concepto liberal de la patria instituciones, que fue la base de la vieja historia ya había ido cediendo ante el criterio que identifica la patria con los hombres, las cosas y la tradición de este suelo.
El proceso de
recuperación de la argentinidad debía ser precedido, necesariamente, por la
recuperación de nuestra Historia.