Boletín del Inst. J.M. de Rosas nº 2 ag/set 1968
2 pág. – 1050
palabras
En el año 1936 el Doctor José María
Rosa publicó un ensayo – Interpretación Religiosa de la Historia (El Ateneo, Bs.
As., 1936) – que, agotado al poco tiempo de su aparición, no ha sido reeditado
hasta nuestros días.(*)
(*) Este libro ha sido digitalizado y se encuentra en esta
misma página (www.pensamientonacional.com.ar/biblioteca_josemariarosa)
En virtud
del carácter inhallable de la obra, hemos decidido publicar unas paginas
representativas del contenido.
El ensayo
– trabajo de tesis – es un esfuerzo dirigido a profundizar en la sustancia de la
historia por medio de la comprensión de los elementos religiosos, en la
existencialidad societaria de los mismos. A.S.G. (Alejandro Sáez Germán)
José
María Rosa
No debemos
confundir las palabras pasado e historia: el pasado nos da la idea de
algo muerto, algo cuyo estudio sólo interesaría por mera curiosidad o por
simple erudición; en cambio, la Historia vive, dirigiendo el presente y
señalando el futuro. No nos es posible
independizarnos de ella y acordar nuestros actos a los que nos dicte el libre
albedrío, obrando como seres ajenos en absoluto a la tradición histórica. La Historia es algo más que una narración
del pasado. “Pueblo que no sabe su
historia – ha dicho Ricardo Levene – no sabe dónde va, porque ignora de dónde
viene”.
Que la Historia vive en muchos de nuestros actos, no precisa mayor demostración. El vínculo que une a un hombre con su patria no ha sido creado por un acto voluntario de este. El hombre normal recibe la patria por una tradición que viene de muy lejos, y conserva por ella un culto que no puede analizar, ni seria posible de análisis racional. Toda una serie de actos humanos - los que se realizan como integrantes de una nación – encuéntranse condicionados absolutamente por la Historia. Las ideas religiosas, nuestra misma manera de pensar y obrar, el idioma que hablamos, etc., poseen también sus lejanísimas raíces en el pasado. Todo lo que es social, es decir todos aquellos actos que realiza un hombre como miembro de la sociedad, no dependen de su libre albedrío: los ejecuta de acuerdo a su medio social, y a través de este, de acuerdo a infinidad de generaciones que vivieron antes que él.
La Historia no es simplemente el pasado, puesto que maneja el presente y dirigirá el futuro. Vive en el hombre, y no meramente en el conocimiento que este pueda tener de los hechos históricos, ni en la filosofía que concientemente haya extraído de esos hechos. Vive difusa en el espíritu de la sociedad, y es de este espíritu que el hombre la toma sin que entre en juego su voluntad individual, obligándose a pensar y obrar de determinada manera, cuando obra y piensa como ser social.
Un hecho
histórico es siempre un hecho social o de trascendencia social. No hay historia de lo individual: los
escritos profesionales de Mariano Moreno redactados en su bufete de abogado no
interesan a la historia, aun cuando no faltará algún erudito que dedique su
tiempo a ellos. En cambio, aquel
escrito presentado al Virrey Cisneros en “representación de los hacendados”
solicitando la libertad de comercio, posee un interés histórico. Es que allí Moreno, apoderado de los
hacendados y defendiendo los intereses de sus clientes, se hizo al mismo tiempo
portavoz de un anhelo común a la sociedad colonial. El hecho individual adquirió así una trascendencia social.
Los hechos
históricos exteriorizan la evolución social.
Constituyen los medios que tenemos para conocer exteriormente la
Historia. Pero no podemos ver en ellos
la Historia en sí, si aspiramos a hacer de esta una ciencia y no una
simple narración. Los hechos son la
apariencia, el reflejo de la Historia: la batalla de Farsalia es una
consecuencia de la crisis social de Roma que dará fin con la república
oligárquica. Esta crisis es la realidad
histórica, es la Historia misma: Farsalia pudo no haber existido y la
historia de Roma seria la misma.
El objeto
de la Historia se nos muestra así como el conocimiento de la evolución social:
su medio es el análisis de los hechos históricos a fin de conocer por ellos el
proceso de la evolución social en su integridad. Resumiendo: la Historia no se
la encuentra en los hechos históricos, se la encuentra por intermedio
de estos.
Si el
objeto de la Historia no lo constituyen los hechos históricos, no podemos
definir a esta por su apariencia diciendo que es una narración de hechos.
Debemos definirla por su realidad, como movimiento social, como sociedad en
el tiempo.
La
Historia como sociedad en el tiempo nos da la idea de lo que hay en ella
de esencialmente social, que ella es el movimiento, la evolución de la
sociedad, la dinámica social que decía Comte. Y excluyendo toda mención a los hechos históricos, colocamos
éstos en su verdadero lugar: no como la Historia misma, sino como medios
para conocer la Historia, como manifestaciones visibles de que la evolución social que es la
Historia, existe.
La
Historia como sociedad en el tiempo es tan diferente a la historia
considerada narración de los hechos acaecidos, como a su vez la historia-ciencia
lo es de la historia-erudita.
La
Historia es ciencia esencialmente social: la pulsamos en el ambiente de la masa
social, es más, la comprendemos y la sentimos dentro de nosotros
mismos, como seres sociales que somos.
Y, lo que parece absurdo, la sentimos y comprendemos aún sin conocerla:
ninguna de las mujeres del mercado que en 1789 trajeron a Luis XVI y a María
Antonieta de Versailles a París conocían la historia de Francia, y sin embargo
su actitud era el corolario lógico de un largo proceso de descomposición social
iniciado siglos antes.
El hombre
obedece a la Historia porque vive en la sociedad y la sociedad ha nacido de la
Historia. Así como el hombre obrando como ser social no puede independizarse de
la sociedad en que vive, esta no puede apartarse de la Historia. Los dos conceptos, sociedad e historia,
no son separables el uno del otro.
Tomando un símil de la física, la sociedad no es una cosa que
pueda comprenderse independientemente de su movimiento: después del
impulso inicial, como en la bola de nieve que cae de la montaña, el movimiento
ha ido creando la cosa.
(El artículo precedente corresponde
al punto 1 de la Parte Primera – Planteamiento del Problema y sus diversas
soluciones en la Doctrina – del mencionado ensayo del Dr. Rosa, - Interpretación
Religiosa de la Historia -).