Artículo
de la revista “Sudestada” (Principios de la década del 70), numero 1
Tres
carillas tamaño A4
Por
José María Rosa
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LA MISIÓN GARCÍA ANTE LORD STRAGFORD (*)
(*) Existe un libro de José María Rosa con este título que en breve incorporaremos a la biblioteca digital.. Este artículo es un resumen posterior
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El 28 de enero se embarcaba con rumbo a Río de Janeiro el
doctor Manuel José García, quien llevaba dos importantes comunicaciones para
entregar al embajador británico ante la corte lusitana, vizconde de Strangford.
Estos pliegos, firmados por el Director Supremo el 25 de
enero, se hallaban destinados al propio Lord Strangford, y al ministro de
Relaciones Exteriores inglés, Lord Castlereagh. También llevaba una carta del Director Alvear para servirle de
presentación ante el diplomático británico.
García era uno de los hombres más
representativos y capacitados del gobierno directorial, no obstante contar
solamente treinta años. Hijo de don
Pedro Antonio García, el célebre comandante de Montañeses, pertenecía a una de
las familias de mayor arraigo social en Buenos Aires; había estudiado en
Charcas donde obtuvo el grado de doctor en derecho, y desempeñado durante algún
tiempo funciones administrativas en el Alto Perú durante el último año de la
dominación española. Pero plegado a la
causa revolucionaria, como su padre, había regresado a Buenos Aires donde,
entre otros cargos, obtuvo el de regidor del cabildo para el año 1812. Y no obstante haber sido separado de sus
funciones comunales por la revolución del 8 de octubre de ese año, acababa por
adherir - como tantos otros - a los vencedores hasta llegar a ser uno de los jefes
del partido triunfante.
Ocupaba en enero de 1815 el altísimo
cargo de Consejero de Estado y Secretario de ese cuerpo, para el cual fuera
designado por el ex director Posadas el 4 de febrero de 1814. Se encontraba, pues, interiorizado de
todos los pormenores de la política directorial, y es presumible que fuera uno
de los orientadores de la misma.
García, a estar las referencias de
quienes lo trataron, era un diplomático nato.
Hombre culto, de excelente educación
y finas maneras, de palabra fácil y clara, reunía esas condiciones exteriores a
una penetrante inteligencia y a una prudencia que llegaba hasta la
astucia. Fue, junto con don Manuel de
Sarratea, el gran diplomático de la primera mitad del siglo pasado. Tal vez su escepticismo lo hizo aceptar
algunas negociaciones que pueden criticarse severamente, pero en todos los
casos trató de obrar conforme a lo que creía los intereses inmediatos del
gobierno que lo comisionaba.
LOS PLIEGOS
Sobre el
contenido de los pliegos que llevaba García, Mitre en su Historia de Belgrano
(II, 232 y sgtes.) transcribe párrafos del uno y del otro, y da a entender que
ambos eran de distante redacción aunque "vaciando los mismos
conceptos". De la misma opinión
es López (Historia Argentina Vl, 66 y sgtes). Rivadavia en carta a Alvear de 3 de marzo de 1815 - de la cual
hablaré después - dice que ambos eran idénticos, aunque esta identidad bien
puede referirse al fondo que no a la forma.
El pliego
a lord Strangford decía así:
"El Supremo Director don Carlos
Alvear al Lord Strangford
Muy señor
mío: D. Manuel García, mi consejero de Estado instruirá a V.E. de mis últimos
designios con respecto a la pacificación y futura suerte de estas provincias.
Cinco años
de repetidas experiencias han hecho ver a todos los hombres de juicio y
opinión, que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por si mismo,
y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del
orden, antes que se precipite en los horrores de la anarquía.
Pero también
ha hecho conocer el tiempo la imposibilidad de que vuelva a la antigua
dominación, porque el odio a los españoles, que ha excitado el orgullo y
opresión desde el tiempo de la conquista, ha subido de punto con los sucesos y
desengaños de su fiereza durante la revolución. Ha sido necesario toda la prudencia política y ascendiente del
gobierno actual, para apagar la irritación que ha causado en la masa de los
habitantes el envío de Diputados al Rey.
La sola idea de composición con los españoles los exalta hasta el
fanatismo y todos juran en público y en secreto morir antes de sujetarse a la
metrópoli.
En estas
circunstancias solamente la generosa nación británica puede poner un remedio
eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas provincias que
obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer: porque
conocen que es el único medio de evitar la destrucción del país, a que están
dispuestos antes de volver a la antigua servidumbre, y esperan de la sabiduría
de esa Nación una existencia pacifica y dichosa.
"Yo
no dudo asegurar a V.E. bajo mi palabra
de honor, Que este es el voto y el objeto de las esperanzas de todos los
hombres sensatos, que son los que forman la opinión real de los pueblos, y
si alguna idea puede lisonjearme en el mando que obtengo, no es otra
que la de poder concurrir con autoridad y poder a la realización de esta medida
toda vez que se
acepte por la Gran Bretaña.
Sin entrar en los arcanos de la
política del gabinete inglés, he llegado a persuadirme que el proyecto no
ofrece grandes embarazos en su ejecución.
La disposición de estas provincias es la más favorable, y su opinión
está apoyada en la necesidad y en la conveniencia, que son el estímulo más
fuerte del corazón humano.
Por lo tocante a la Nación inglesa
no crea que puede presentarse otro inconveniente, que aquel que ofrece la
delicadeza del decoro nacional por las consideraciones a la alianza y
relaciones con el Rey de España.
Pero yo no veo que este sentimiento de pundonor haya de preferirse al grande interés que puede prometerse la Inglaterra de la posesión exclusiva de este continente, y la gloria de evitar la destrucción de una parte considerable del nuevo mundo, especialmente si se reflexiona que la resistencia a nuestras solicitudes, tan lejos de asegurar a los españoles la reconquista de estos países, no haría más que autorizar una guerra civil interminable, que los haría inútiles para la metrópoli en perjuicio de todas las naciones europeas. La Inglaterra que ha protegido la libertad de los negros en la costa de África, impidiendo con la fuerza el comercio de la esclavatura a sus más íntimos aliados, no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo en que se arrojan a sus brazos generosos.
Crea V. E. que yo tendría el mayor sentimiento, si una repulsa pusiese a estos pueblos en los bordes de la desesperación, porque veo hasta que punto llegarían sus desgracias, y la dificultad de contenerlas, cuando el desorden haya hecho ineficaz todo remedio. Pero yo estoy muy distante de imaginarlo, porque conozco que la posesión de estos países no es estorbo a la Inglaterra para expresar sus sentimientos de adhesión a España, en mejor oportunidad y cuando el estado de los negocios no presente los resultados funestos que tratan de evitarse.
Yo deseo que V.E. se digne escuchar a mi enviado, acordar con él lo que V.E. juzgue conducente, y manifestarme sus sentimientos, en la inteligencia que estoy dispuesto a dar todas las pruebas de la sinceridad de esta comunicación y tomar de consuno las medidas que sean necesarias para realizar el proyecto, si en el concepto de V.E. puede encontrar una acogida feliz en el ánimo del Rey y de la Nación. Dios guarde etc. Buenos Aires, 25 de enero de 1815. Carlos de Alvear. Excmo. Sr. Vizconde Strangford, embajador de S M.B. en la Corte del Brasil".
El otro pliego - mucho más explícito dentro e la misma idea
- tenía estos otros párrafos que no existen en la comunicación al embajador
ante la corte de Río: "Estas provincias desean pertenecer a la Gran
Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo
poderoso. Ellas se abandonan sin
condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto
a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las
afligen. Es necesario que se
aprovechen los momentos, que vengan tropas que impongan a los genios díscolos,
y un jefe autorizado que empiece a dar al país las formas que sean del
beneplácito del rey y de la nación, a cuyos efectos espero que V.E. me dará sus avisos con la reserva y
prontitud que conviene preparar oportunamente la ejecución".
Finalmente el documento que servia de presentación a García
estaba concebido en estos términos: "Excmo. Señor: El estado de los asuntos en este país nos obliga a
encargar a Don Manuel José García Secretario de este Gobierno, de la obligación
de comunicarse verbalmente con V.E. en
la esperanza que se determine algo, que pueda ser conveniente para los
intereses de la Gran Bretaña, y tan eficaz para estas provincias como las
circunstancias requieren. El lleva
las instrucciones y autorizaciones necesarias. Tengo una legítima esperanza que V. E. estará dispuesto a dar a estos países una
nueva prueba de su disposición para protegerlos. Tengo de honor etc.
Carlos de Alvear. Buenos
Aires, enero 25 de 1815. Al Sr. Vizconde
Strangford, embajador de S. M. B. ante la Corte de Brasil".
LA SUMISIÓN A INGLATERRA
Aparentemente, pues, la guerra de la
independencia se terminaba con la transformación de la colonia española en
colonia inglesa. Ha sido llamada esta
negociación pedido de protectorado a Inglaterra, pero en realidad es algo más
que el protectorado lo que solicitaba Alvear en sus notas: es la completa
sumisión a Inglaterra, la transformación en Colonia británica. No de otra manera se pueden interpretar
los párrafos: "Acogiendo (Inglaterra) en sus brazos a estas provincias que
obedecerán a su gobierno, y recibirán sus leyes" de la nota a Strangford;
y "Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus
leyes, obedecer a su gobierno... se abandonan sin condición alguna... que venga
un jefe autorizado que empiece a dar al país las formas que sean del
beneplácito del Rey y de la Nación" de la similar al Ministro de
Relaciones Exteriores británico. Mitre
- que critica justamente y con duros términos la gestión - la llama empero
"alianza o protectorado de la Inglaterra". El término ambiguo se impuso y es empleado por López, que
disculpa la gestión por las necesidades de la época y la seguridad de que sería
rechazada, aunque "la prueba de que nuestros hombres tenían razón, es que
la Inglaterra hizo todo lo que ellos le pedían, aunque usando de otros medios
más disimulados, que le permitieron mantenerse irreprochable en las
formas" (V, 238). Por la
imposibilidad de mantener
un comando político que se le escapaba de las manos, y poseído de la certeza de
que fuera de su partido no había más meta que la anarquía y la ruina de las Provincias
Unidas, el Director Alvear solicitaba la anexión a Inglaterra, y se ponía a las
órdenes del embajador inglés hasta tanto llegaba "el jefe
autorizado". A lo menos eso
decían los pliegos de los que era portador García, dejando para otro lugar de
este estudio el análisis de la suposición, planteada por algunos, sobre la
falta de sinceridad de la propuesta.
La causa del pedido a Inglaterra era
la necesidad del partido gobernante para mantenerse en la administración con
tropas extranjeras que se "impusieran a los genios díscolos". Pero el hecho efectivo que lo desencadenó
fue la amenaza de la expedición española que se preparaba e Cádiz, y la falta
de fe para esperar el triunfo de Buenos Aries en esta emergencia.
EN RÍO DE JANEIRO
García llegó a Río de Janeiro el
23 de febrero y solicitó inmediatamente audiencia a lord Strangford. Es sugerente que esta audiencia se
realizara la noche del 26, no solamente por lo inusitado de la hora, sino por
cuanto el 26 fue día domingo.
Pero hay algo más extraño
aún. Se encontraban en la misma ciudad
Rivadavia y Belgrano desde los primeros días de enero, y no solamente García -
colega y amigo de ambos - no los buscó, sino que su actitud da la impresión de
que se ocultaba de ellos.
El día 28 Rivadavia escribió
extrañadísimo a Alvear en el párrafo final de una larguísima carta: "Iba a
seguir con las noticias del día, pero vengo de ver a lord Strangford, y este me
ha sorprendido con la noticia de que García ha estado con él, que le ha hablado
sobre varios particulares... Lo
mandamos buscar... No se ha podido
encontrar a García. Sólo hemos
averiguado que hace seis días que llegó...
esta conducta es muy extraña...
Strangford que ha extrañado lo que era indispensable que no supiese yo
de García, me ha mandado preguntar por su secretario si he encontrado a dicho
García, y si he sabido su objeto o comisión...
en fin esperaremos a la inteligencia de estos misterios".
Sin hablar pues con
sus colegas, sin enterarse personalmente de las disposiciones del embajador inglés
por boca de Rivadavia y Belgrano, sin estar al tanto de todas las cosas de que
podían instruirlo los comisionados de Posadas (que ya llevaban cuarenta días en
la ciudad), García quiso hablar con Lord Strangford. Es evidente que obraba así por la conveniencia de su misión, de
la cual no quería participar ni dejar traslucir nada, a los otros
delegados. Tal vez tuvo la esperanza,
luego frustrada, de embarcarse de regreso inmediatamente, sin que Rivadavia ni
Belgrano se enteraran siquiera de su paso fugaz por el Brasil.
El día 26 se realizaba la
conferencia. En la información que
escribió García el 27 sobre la misma, nada dice de la presentación de los
pliegos. Hace una relación sucinta y aparentemente
inocente en su comunicación al gobierno: Lord Strangford: comenzó hablando de
la "buena disposición de su gobierno para contribuir en cuando lo
permitieran los compromisos con S. M. Católica a fin de que las Provincias del
Río de la Plata obtuviesen todas aquellas mejoras a que tenían indudablemente
derecho".
García: planteó dos cuestiones: 1º
"si S.M.B. podría interponer su
influjo a fin de que se suspendieran las hostilidades y se entablase una
negociación pacífica entre la metrópoli y los insurrectos", y 2º "si
en caso de ser desairada su interferencia podría prestarles a aquellos su
protección e impedir el bloqueo del río de la Plata toda vez que lo intentase
S.M.C.", agregando estas palabras pronunciadas por él... "me veo
obligado a rogar a V. E. quiera darme respuestas positivas, pues son de absoluta
necesidad a mi gobierno para la dirección ulterior de sus negocios".
Lord Strangford (después de un
coro silencio) contestó "que nada positivo podía asegurar sobre los puntos
indicados: y que de hecho sus instrucciones no le facultaban para oponerse al
bloqueo del Río de la Plata ni a las hostilidades de S. M. C."
García: El objeto de mi misión
ante V. E. se ha cumplido. Mi gobierno
deberá a la franqueza de V. E. un
desengaño de precio incalculable en las circunstancias actuales".
Lord Strangford: le
expresó entonces el deseo "de tener por escrito lo sustancial" de lo
hablado.
Al día siguiente García le entregó el Memorial que analizaré más adelante, y Strangford le "ratificó los mismos principios" expresados la noche anterior.
Salta a la vista que el informe del 27 de febrero es incompleto. Hay algo que el comisionado argentino no dice, y espera que comprenda el gobernante porteño entre los renglones de sus frases.
No es posible que García abandonara sus funciones delicadas
en el Consejo de Estado - precisamente en esos momentos - y realizado un largo viaje de treinta días para irle a repetir
a Lord Strangford el mismo pedido que habían hecho Rivadavia y Belgrano. No es posible que ese solamente fuera todo
el objeto de su negociación, ni que manifestara tan profundo "desengaño de
precio incalculable" simplemente porque el embajador inglés no tenía
instrucciones para oponerse al bloqueo español. ¿Cómo podía suponer sinceramente García que Inglaterra aliada de
España por el tratado de 1809 (todavía no conocía el tratado de 1814) iba a dar
instrucciones a su embajador, precisamente, de violar la aliada? ¡Y cómo podía
suponerse que creyera sinceramente que el embajador podría obrar en ese sentido
sin instrucciones terminantes!
EL MEMORIAL
El informe
de García oculta o disfraza la verdad, aunque hay algo en su redacción que hace
comprender su verdadero propósito: explicarle a Alvear la rotunda negativa del
embajador inglés pero de modo tal que solamente el remitente de los pliegos pudiera entenderlo. Fueron muchas las precauciones enigmáticas
que usaron el Director Supremo y su Consejo de Estado para dejar los menores
rastros posibles de la desgraciada negociación.
Lo cierto es que García no entregó los famosos pliegos, y en
su lugar confeccionó un Memorial a pedido del embajador que éste hizo seguir a
Inglaterra. Pero pasa otra cosa
enigmática con este Memorial: a estar el informe del 27 de febrero éste fue
entregado el mismo día. Pero el
original que se encuentra en el Archivo Británico lleva fecha 3 de marzo. Y la copia que remitió García a Buenos
Aires tiene otra fecha: 4 de marzo. Y
entre el ejemplar de Londres y el de Buenos Aires hay diferencias muy grandes
en el tono general, como en párrafos que han sido omitidos tanto en uno, como
en otro. Para aumentar más el problema
hay una tercera versión del Memorial, basada en los borradores existentes entre
los papeles de García, que difiere de los otros dos textos: este borrador no
lleva fecha.
Da la impresión de que García confeccionó un primer
Memorial, que entregó el 27 de febrero a Lord Strangford, comunicándoselo a su
gobierno ese mismo día. Pero sus
términos no debieron complacer al embajador que solicitó correcciones, tal vez
en más de una reunión. A través de la
copia enviada a Buenos Aires, y de los borradores, puede seguirse la evolución
que tomó el documento para llegar a su forma última.
Veamos: la copia del Archivo de Buenos Aires después de
historiar la revolución argentina, dice: "en esta tentativa se han
sostenido los gobiernos provisionales del río de la Plata hasta que S. M. B., a
cuya sombra se acogieron desde luego, quisiese su destino". El original del Archivo Británico dice en
lugar del párrafo subrayado: "hasta que S.M.B. cedería a las súplicas de su infortunado pueblo, y les haría
conocer su destino".
La copia de Buenos Aires, dice: "sin embargo del
silencio que ha guardado el gabinete británico en todas nuestras
instituciones". El original de
Londres agrega: "... sobre las repetidas
y patéticas peticiones que se le han hecho".
La copia de Buenos Aires, "Inglaterra lo deja al pueblo
(argentino) abandonado a sí mismo y se niega a sus reclamaciones". El original: "...rehúsa escuchar sus
humildes súplicas".
La copia: "Pero el honor mismo del gobierno del Río de
la Plata exige que detenga en lo posible el terremoto de tantos males y que
tome un partido más conveniente que el que le dicta la desesperación. Todo hasta la esclavitud es preferible a la
anarquía. En tales circunstancias una
sola palabra de la Gran Bretaña bastaría a hacer la felicidad de mil pueblos y
abriría una escena gloriosa al nombre inglés y consolante a la
humanidad". El borrador - que
sirvió a Mitre en su versión -: "Todo es mejor que la anarquía, y aún el
mismo gobierno español después de ejercitar su venganza y de agobiar al país
con su yugo de fierro, dejaría alguna esperanza más de prosperidad que las
pasiones desencadenadas de pueblos en anarquía". El original inglés en cambio dice: "y aún el más tiránico
mantendrá mejor esperanza de prosperidad que la desordenada voluntad del
populacho".
Finalmente, el original de Londres tiene un párrafo muy
elogioso para Strangford "a quien ha considerado siempre como el órgano de
la voluntad del gobierno británico respecto a estos países agregando que le
hace esas declaraciones "por consideraciones a la particular confianza que
tiene V. E. el gobierno del Río de la
Plata". Que no contiene la copia
enviada a Buenos Aires.
¿Cómo se explican esas modificaciones? Posiblemente el
documento de Buenos Aires fue copia de una versión no aceptada por Strangford -
tal vez de la primera versión - y el borrador que se encuentra entre los
papeles de García de una segunda versión, también rechazada. Puede fundarse esta hipótesis en las
siguientes circunstancias:
1º) Que la
copia de Buenos Aires contiene expresiones claras sobre un pedido de
protectorado que no podían convenir a la situación de Inglaterra con España.
2º) Que
indudablemente el embajador británico no aceptó el párrafo: "Inglaterra se
niega a sus reclamaciones" cuyo tono no admitió, e indicó su sustitución
por: "rehusa escuchar sus humildes súplicas" más conforme con la
índole de la misión.
3º) Que
Inglaterra, aliada de España, no podía aceptar los párrafos ofensivos para esta
como ”el gobierno español después de ejercitar su venganza y de agobiar la país
con su yugo de hierro" que fue sustituido por el impersonal "y aún el
más tiránico...".
4º) Que por
indicación de Lord Strangford, o para complacer a éste, García agregó a la
versión definitiva los párrafos elogiosos para el embajador, que sería para los
argentinos the right man in the right place.
A los menos en un documento que iría a manos de sus superiores
jerárquicos en tiempos difíciles para su carrera.
Es decir que el propio embajador frenaba los impulsos
argentinos. Lord Strangford no quería
nada que pudiera interpretarse como una petición, aún implícita, de
colonialismo. El Memorial, por lacrimosa
que fuera su redacción, ya no era lo mismo que el luego firmado por Alvear.
"HE DESCONOCIDO
A UD. EN SEMEJANTE PASO"
La misión García había fracasado y
por lo tanto García pudo visitar a Rivadavia y Belgrano. Alborozado el primero escribe a Alvear el 3
de marzo: "Ya hemos hablado largamente con García".
El
Secretario del Consejo de Estado hizo conocer a los comisionados de Posadas el
secreto de su misión, que ya no había necesidad de guardar, y entregó el pliego destinado a Lord
Castlereagh a Rivadavia. Alarmadísimo
éste escribe en la misma carta a Alvear: "Pero lo que más ha pasmado sobre
todo, es el pliego para Inglaterra y el otro idéntico para Strangford
aún más. Yo protesto que he
desconocido a usted en semejante paso.
Este avanzado procedimiento nos desarma del todo y nos ponía en peligro
de hacer la triste figura que hicieran los catalanes en tiempo de Felipe IV y
Carlos II por haber dado un paso semejante". Pero lo que alarmaba a Rivadavia no era el contenido del
pliego en sí, sino el hecho de haberse olvidado de ellos y de sus informes, que
hubieran demostrado la inutilidad de la venida de García, "Pero ¿es
posible que no se haya podido esperar a nuestras noticias? ¿Se ha podido creer
que dejaríamos de dar los pasos convenientes a las circunstancias y a lo que la
situación del país reclama, o que ignorásemos cuáles eran, a el modo de
practicarlos? No hay remedio mi amigo: o ustedes nos han hecho una gran injusticia, o nuestro Herrera se ha
olvidado de las instrucciones" (Rivadavia tenía sus instrucciones
reservadas - en pliego que debería abrir en Londres - y en ellas se lo
autorizaba para gestionar el protectorado de Inglaterra. Este párrafo demostrarla que estaba
enterado de las mismas).
García fue amonestado al poco tiempo
por Sarratea porque informó a Rivadavia sobre el grave paso dado. Pero aclaró que el hecho no tenla mayor
importancia pues "en el país no se tenla por traición cualquier sacrificio
en favor de los ingleses y aún la completa sumisión, de la alternativa de
pertenecer otra vez a España" (febrero 5 de 1816).