(1) El presente tema ha sido extraído y resumido del libro Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica, y parcialmente de otras abras del autor que se citarán oportunamente.

 

(2) Ver Vocabulario al final de la obra.

 

(3) Ya en 1639 el Cabildo ordena que se suspendan los “permisos de vaquear” durante 6 años, debido a la escasez de ganado. En 1700 se cierran nuevamente las vaquerías por 4 años; en 1709 durante un año; en 1715 nuevamente durante 4 años. V. Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica , p. 28.

 

(4) Rivadavia y el Imperialismo Financiero.

 

(5) Rivadavia y el Imperialismo Financiero.

 

(6) Petitorio de Dillon y Thwaites al virrey Cisneros, en D. L. Molinari, La Representación de los hacendados de Mariano Moreno; citado en Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica .

 

(7) Yañiz sostiene que la libertad de comercio significaría la ruina de la industria americana. La técnica manufacturera vernácula no podría enfrentar al maquinismo de la industria inglesa, la cual por sus precios más baratos terminaría por arruinar las fábricas locales y reducir a la indigencia a una multitud de hombres y mujeres.

 

(8) Rivadavia y el Imperialismo Financiero.

 

 

(9) Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica .

 

(10) Dictado el 28 de junio de 1811 a pedido del Cabildo de Mendoza. Citado en Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica , p. 51.

 

(11) El Censor, Nº 5.

 

(12) Rivadavia y el Imperialismo Financiero.

 

(13) El presente tema sigue, en líneas generales, la obra del autor, Rivadavia y el Imperialismo Financiero.

 

(14) Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica.

 

(15) Los gastos de Buenos Aires en 1822 eran de 2.400.000 pesos plata, pero solamente 400.000 se pagaban con recursos estrictamente provinciales.

Se cubría el déficit con 2.000.000 del impuesto nacional de aduana.

 

(16) Sobre monopolio bancario ver Vocabulario al final de la obra.

 

(17) Los dividendos del Banco, el respaldo en metálico y el circulante fueron los siguientes:

Asamblea          Papel circulante           Efectivo                   Dividendo

 

1824 - febrero                 910.000                  154. 000                            10 %

1824 - agosto               1. 680. 000                  204.000                                9 %

1825 - febrero               1. 698. 00                  285. 000                             10 %

1825 - agosto               1.934.000                  253.000                               9 1/2%

1826 – febrero             2.700.000                   265.000                          11 1/2 %

 

(18) Sesión de la Junta de Representantes del 25 de febrero de 1823.

 

(19).Sesión del 20-1-26.

 

(20) Chateaubriand, Guerra de España, p. 460.

 

(21) Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica.

 

(22) Ese mismo año, Rivadavia se niega a los insistentes pedidos de ayuda de San Martín desde Lima, para terminar la guerra de la Independencia, alegando “carencia de dinero en Buenos Aires”. En 1822 se dilapidaron 5 1/2 millones de pesos sin disponer de un maravedí para San Martín.

 

(23) Rivadavia “no le escatimó su apoyo” dice su biógrafo Piccirilli, además de ser uno de sus fuertes accionistas. La Sociedad Rural de 1826 no es la entidad del mismo nombre que aún subsiste, aunque el último presidente de la fenecida, seria también el primero de la nueva.

 

(24) Este tema ha sido tomado de Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica.

 

(25) Esta compañía se llamaba Establecimiento de Casa de Moneda y Mineral de Famatina, y estaba integrada por capitalistas del interior y de Buenos Aires. Había obtenido la concesión del Famatina por resolución de la provincia de La Rioja

 

(26) Ley de Consolidación de la Deuda, de febrero 15 de 1826.

 

(27) Ley de 7 de agosto de 1826. Los 50.000 pesos fueron facilitados por el Banco Nacional.

 

(28) El presente tema está tomado de Rivadavia y el Imperialismo Financiero

 

(29) Lord Ponsonby había atraído el interés de Lady Conyngham, amante de Jorge IV, por lo cual fue diplomáticamente alejado de la Corte.

 

(30) Para toda la época de Rosas se sigue en general la obra del autor, Rosas, nuestro contemporáneo.

 

(31) Tomado de Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica.

 

(32) Alvarez, J. Estudio sobre las guerras civiles argentinas, p. 115.

 

(33) Ver Rosas, Nuestro Contemporáneo, p. 80.

 

(34) “Lo que hay de cierto – afirmó el diputado socialista francés Laurent de l’Ardéche el 8 de enero de 1850 – es que el poder de Rosas se apoya efectivamente en el elemento democrático, que Rosas mejora la condición social de las clases inferiores, y que hace marchar a las masas populares hacia la civilización dando al progreso las formas que permiten las necesidades locales... La guerra de los gauchos del Plata contra los unitarios de Montevideo representa en el fondo la lucha del trabajo indígena contra el capital y el monopolio extranjeros, y encierra para los federales una doble cuestión: de nacionalidad y de socialismo”. Publicado en “La Gaceta Mereantil” del 20-IV-50, tomada de “La Republique”, de París del 9-1-50.

 

(35) Urquiza fue subvencionado con 100.000 patacones mensuales (cerca de dos millones de francos oro) para llevar la guerra a su patria. No es un documento secreto: es la cláusula 6ª del tratado del 21 de noviembre de 1851, que puede encontrarse en cualquier recopilación oficial.

 

(36) El presente tema ha sido extraído y sintetizado del libro . Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica

 

(37) D. F. SARMIENTO, Facundo, pág. 225.

 

(38) Ibidem, pág. 287.

 

(39) Bartolomé MITRE, Arengas, Editorial “La Nación”, tomo III, pág. 1.

 

(40) J. B. ALBERDI, Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina.

 

(41) Decreto NO 2889.

 

(42) Ley de Aduana del 31 de octubre de 1855.

 

(43) B. MITRE, Arengas, Editorial “La Nación”, tomo I, pág. 277.

 

(44) Las bases sicológicas de esta cuestión han sido desarrolladas en el fascículo de esta colección: An C. R. ALLIO, Análisis sicosocial de la dependencia argentina. (nota del Ed.).

 

(45) Sir W. PARISH, Buenos Ayres and the Provinces of the Río de la Plata, tomo II, pág. 189.

 

(46) A. DORFMAN, Evolución de la economía industrial argentina, pág. 45.

 

(47) Para mayor ampliación sobre los empréstitos gestados después de Caseros, ver del autor: Historia Argentina, Editorial Oriente, Bs. As., 1965, tomos VI, VII y VIII (nota del Ed.).

 

(48) Desde que se abolió la ley de aduanas de Rosas, las exportaciones inglesas a la Argentina habían aumentado en proporción geométrica; 1.300.000 libras en 1854, 2.200.000 en 1870, 2.400.000 en 1871, 4.000.000 en 1872. Según FERNS, la mitad de las exportaciones inglesas de 1872 fueron a la Argentina. Ver FERNS, H. S., Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX, Editorial Solar Hachette, Bs. As., 1966.

 

(49) El Banco de Londres tuvo el monopolio del crédito de Santa Fe hasta 1874, en que el gobernador Simón Iriondo emplea un empréstito gestionado en Inglaterra de 300.000 libras, en abrir un banco provincial. El gerente del Banco de Londres, Behn, para acabar con su rival, adquiere billetes del Provincial y sin previo aviso los presenta en ventanilla exigiendo su pago en oro. Esto significaba el cierre del Banco Provincial. El gobernador Bayo, venido de Santa Fe a todo galope, intenta un arreglo. Como no lo consigue, quitó personería al Banco de Londres “por haberse convertido en una institución ruinosa para los intereses del público”, y de paso incautó el oro bajo recibo. Como Behn protestara en forma inconveniente, el jefe de policía lo detuvo y procesó por desacato a la autoridad.

 

(50) Al anunciarle Quintana que una cañonera se dirigía a Rosario, el ministro Irigoyen se puso de pie y se negó a continuar la entrevista hasta que Quintana no se retirara del despacho, no aceptando que un argentino fuese portavoz de una intimación de una potencia extranjera.

 

(51) A. YUNQUE, Breve historia de los argentinos, pág. 20á-

 

(52) Z. Z. REAL, Manual de historia argentina, pág. 888.

 

(53) A. OSSORIO Y GALLARDO, Rivadavia visto por un español, pág. 126.

 

 

(54) J. ODDONE, La burguesía terrateniente argentina, pág. 65.